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11 de noviembre de 2010

29, 30 de junio y 1º de julio de 1990

 

Resolución sobre la situación política internacional y nacional

Documentos del PCR / tomo 6

La actual situación política internacional se caracteriza por los siguientes rasgos principales    

Un perío­do de dis­ten­sión

La actual situación política internacional se caracteriza por los siguientes rasgos principales    

Un perío­do de dis­ten­sión

Se abrió un perío­do de dis­ten­sión en las rela­cio­nes entre las dos super­po­ten­cias, los EE.UU. y la URSS. Las rela­cio­nes entre las dos super­po­ten­cias han des­em­pe­ña­do, y des­em­pe­ñan, un papel deci­si­vo en los asun­tos inter­na­cio­na­les de post­gue­rra.
A par­tir de 1985 los EE.UU. y la URSS rea­li­za­ron varias reu­nio­nes cum­bre y nume­ro­sas reu­nio­nes entre el Ministro de Relaciones Exteriores sovié­ti­co y el Secretario del Departamento de Estado de los EE.UU. A fines de 1987 los EE.UU. y la URSS fir­ma­ron el pri­mer acuer­do sobre reduc­ción de cier­to tipo de armas nuclea­res y cum­plien­do el mismo, en 1988, comen­za­ron a des­man­te­lar y des­truir sus misi­les de alcan­ce inter­me­dio y corto alcan­ce. Las nego­cia­cio­nes entre las super­po­ten­cias, inclu­ye­ron un cier­to des­cen­so en la “tem­pe­ra­tu­ra” de los con­flic­tos regio­na­les (Irán-Irak; Afganistán; Camboya; Angola; Centroamérica; Medio Oriente; Cuerno de Áfri­ca).
Posteriormente la URSS reti­ró una parte (peque­ña) de sus tro­pas esta­cio­na­das en paí­ses euro­peo-orien­ta­les y en Mongolia.
Esta dis­ten­sión en la rela­ción entro las dos super­po­ten­cias, cuya riva­li­dad y dis­pu­ta cons­ti­tu­ye el prin­ci­pal fac­tor de gue­rra del mundo actual, estu­vo deter­mi­na­da por varios hechos:

–    La lucha de la clase obre­ra y de los pue­blos y nacio­nes por la inde­pen­den­cia nacio­nal, con­tra el colo­nia­lis­mo, el impe­ria­lis­mo y el hege­mo­nis­mo que ha deter­mi­na­do el fra­ca­so suce­si­vo de la mayo­ría de las gue­rras y agre­sio­nes con­tra los pue­blos peque­ños en las últi­mas déca­das (Cuba, Nicaragua, Panamá, Palestina, Irán, Vietnam, Camboya, Afganistán, Líbano, Libia y otras). La lucha por la paz de la clase obre­ra y de los pue­blos de las dos super­po­ten­cias y los pue­blos del mundo, par­ti­cu­lar­men­te de Europa, y la opo­si­ción mun­dial a sus pro­vo­ca­cio­nes de gue­rra.
–     La enlo­que­ci­da carre­ra arma­men­tis­ta en la que esta­ban las dos super­po­ten­cias a media­dos de la déca­da del 80 les gene­ró gra­ves con­tra­dic­cio­nes. Mientras algu­nos paí­ses con una lige­ra carga arma­men­tis­ta (Japón y Alemania Occidental) con­cen­tra­ban sus fuer­zas en su desa­rro­llo eco­nó­mi­co logran­do gran­des éxi­tos y avan­zan­do a sal­tos, la eco­no­mía sovié­ti­ca ha esta­do estan­ca­da por mucho tiem­po y la eco­no­mía yan­qui retro­ce­dió en rela­ción a la de las poten­cias impe­ria­lis­tas riva­les, (en cier­to momen­to de Postguerra el Producto Bruto Nacional de los EE.UU. alcan­za­ba el 50% del Producto Bruto Mundial, pero cayó al 23% en 1988). La carre­ra arma­men­tis­ta ha arras­tra­do a las dos super­po­ten­cias a la cri­sis eco­nó­mi­ca. Ambas super­po­ten­cias nece­si­tan, en forma apre­mian­te, un perío­do de dis­ten­sión para mejo­rar su situa­ción eco­nó­mi­ca y moder­ni­zar su indus­tria béli­ca para apli­car altas tec­no­lo­gías que les per­mi­tan tener una fuer­za mili­tar de gran efi­ca­cia en armas espa­cia­les, reno­var sus armas estra­té­gi­cas y los sis­te­mas de mando y logís­ti­ca.

 

Declinación del imperialismo yanki

Se ha hecho evi­den­te la decli­na­ción de la hasta no hace muchos años inne­ga­ble supe­rio­ri­dad Económica mun­dial del impe­ria­lis­mo yan­qui. Aunque los Estados Unidos son aún el prin­ci­pal cen­tro eco­nó­mi­co del lla­ma­do capi­ta­lis­mo occi­den­tal, y han liga­do estre­cha­men­te la eco­no­mía de otros paí­ses capi­ta­lis­tas a la de ellos, su deca­den­cia es clara: su eco­no­mía es fuer­te­men­te espe­cu­la­ti­va, está alta­men­te endeu­da­da, tiene ten­den­cia a la desin­dus­tria­li­za­ción y un alto índi­ce esta­ble de deso­cu­pa­ción (de más del 5%).
El Quinto Congreso de PCR plan­teó, “Ha con­clui­do un perío­do: la era Reagan” … “Reagan se pro­pu­so devol­ver a los Estados Unidos la repu­ta­ción y el poder que tuvie­ron déca­das atrás. Logró, en esa direc­ción, éxi­tos impor­tan­tes. Pero sus aspi­ra­cio­nes han sobre­pa­sa­do la situa­ción y sus posi­bi­li­da­des rea­les..”. “Los recien­tes fra­ca­sos de Reagan son la expre­sión de que sus deseos hege­mó­ni­cos no tuvie­ron en cuen­ta la corre­la­ción de fuer­zas real”. (PCR Quinto Congreso. Documentos, págs. 54 y 55).
A los EE.UU. le es cada día más difí­cil impo­ner su hege­mo­nía en el lla­ma­do mundo occi­den­tal y sus pro­ble­mas eco­nó­mi­cos han con­tri­bui­do a des­es­ta­bi­li­zar peli­gro­sa­men­te la eco­no­mía mun­dial, como se demos­tró el 19 de octu­bre de 1987 con la caída de la Bolsa de Nueva York. Por lo que se ha dicho, con razón, que el capi­tal finan­cie­ro esta­dou­ni­den­se está bai­lan­do sobre un vol­cán, y junto con él, todo el capi­tal finan­cie­ro inter­na­cio­nal.
Los EE.UU. emer­gie­ron de la Segunda Guerra Mundial como el poder mili­tar y eco­nó­mi­co domi­nan­te del mundo capi­ta­lis­ta.
Desde media­dos de la déca­da del 60 los mono­po­lios yan­quis se enfren­ta­ron a desa­fíos cada vez más serios que ero­sio­na­ron su pode­río inter­na­cio­nal. Grandes luchas obre­ras y popu­la­res los obli­ga­ron a hacer con­ce­sio­nes y sufrie­ron gra­ves derro­tas en el Tercer Mundo que siguie­ron a su fra­ca­so en la gue­rra de Corea. Declinó, desde la déca­da del 60, la com­pe­ti­ti­vi­dad de sus expor­ta­cio­nes fren­te a las de Europa y Japón. Ya en la déca­da del 70 la derro­ta en Vietnam tuvo gra­ví­si­mas con­se­cuen­cias inter­nas y exter­nas para el impe­ria­lis­mo yan­qui.
La super­po­ten­cia rival –la URSS– aumen­tó sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te su pode­río mili­tar hasta equi­li­brar al de los EE.UU. e inclu­so supe­rar­lo en aspec­tos deci­si­vos. El pro­pio mer­ca­do inter­no yan­qui comen­zó a ser inva­di­do por las impor­ta­cio­nes extran­je­ras, espe­cial­men­te las de ori­gen japo­nés. Los paí­ses del Tercer Mundo, logra­ron, al menos tran­si­to­ria­men­te, un mayor con­trol sobre el pre­cio de sus recur­sos natu­ra­les afec­tan­do par­ti­cu­lar­men­te a los mono­po­lios yan­quis que se habían bene­fi­cia­do duran­te años con la caída del costo real de la mate­ria prima impor­ta­da (sobre todo los com­bus­ti­bles).
Reagan trató de rever­tir la cri­sis y dete­ner el dete­rio­ro de la hege­mo­nía yan­qui. Lo hizo a tra­vés de esti­mu­lar la eco­no­mía con los gas­tos del Estado, redu­cir la carga impo­si­ti­va a gru­pos mono­po­lis­tas y aumen­tar el défi­cit del pre­su­pues­to esta­tal. Paralelamente llevó ade­lan­te una dura polí­ti­ca de enfren­ta­mien­to al expan­sio­nis­mo sovié­ti­co y de lucha con­tra las ideas derro­tis­tas que habían cre­ci­do en los EE.UU. luego de la gue­rra de Vietnam.
Entre 1980 y 1985 el pre­su­pues­to del Pentágono aumen­tó en un 51%. Los gas­tos de gue­rra abar­ca­ron hasta el 27% del pre­su­pues­to nacio­nal. En 1987 el pre­su­pues­to mili­tar osci­la­ba en los 320 mil millo­nes de dóla­res com­pa­ra­do con los 143 mil millo­nes de 1980. En los hechos Reagan impul­só, a tra­vés de esos meca­nis­mos, una direc­ción alta­men­te cen­tra­li­za­da del capi­ta­lis­mo yan­qui. El défi­cit fis­cal cre­ció en forma impre­sio­nan­te: sólo en 1981 fue de 200 mil millo­nes de dóla­res. Todo esto acom­pa­ña­do de una caída del poder adqui­si­ti­vo de los sala­rios y de un aumen­to de la dife­ren­cia­ción de cla­ses para esti­mu­lar el con­su­mo de las cla­ses altas.
Inicialmente las medi­das rea­ga­nia­nas tuvie­ron éxito. Gracias a la sobre­va­lua­ción del dólar, con tasas de inte­rés ele­va­das, los EE.UU. logra­ron inter­na­cio­na­li­zar el finan­cia­mien­to de su eco­no­mía, con deu­das acu­mu­la­ti­vas. Pero los EE.UU. se trans­for­ma­ron en un gran deu­dor. De ser el prin­ci­pal país acree­dor del mundo pasa­ron a ser el más gran­de deu­dor.
Todo esto impli­có un estí­mu­lo al capi­tal espe­cu­la­ti­vo sobre el pro­duc­ti­vo. No solo se endeu­dó el esta­do yan­qui. También se endeu­da­ron sus cor­po­ra­cio­nes. Debido a la sobre­va­lua­ción del dólar caye­ron las expor­ta­cio­nes yan­quis y cre­cie­ron las impor­ta­cio­nes. Todo esto fue hecho con el obje­ti­vo de moder­ni­zar la eco­no­mía yan­qui eli­mi­nan­do sus ramas indus­tria­les más vie­jas y ele­van­do la pro­duc­ti­vi­dad. Esto sólo se logró en parte; pero a tra­vés del cre­ci­mien­to de la indus­tria de gue­rra y del cre­ci­mien­to de los sec­to­res de ser­vi­cios. Las gran­des cor­po­ra­cio­nes yan­quis están cada vez más liga­das a la indus­tria de gue­rra, esen­cial­men­te al pro­yec­to de ini­cia­ti­va de Defensa Estratégica (así suce­de con la General Motors que absor­bió, para ello, a la Electronic Data Systems; la General Electric que se fusio­nó con la R.C.A.; la Caterpillar Tractor Company; la Good Year que tra­ba­ja para la pro­duc­ción mili­tar aero­es­pa­cial; la Ford; la General Dynamics; la Lockheed; la Douglas; etc.; hasta la vieja cor­po­ra­ción Singer aban­do­nó la pro­duc­ción de máqui­nas de coser para dedi­car­se a la indus­tria aero­es­pa­cial). Todo esto acom­pa­ña­do por un gigan­tes­co cre­ci­mien­to del capi­tal finan­cie­ro. Según un estu­dio del Senado de los EE.UU. unas 15 ins­ti­tu­cio­nes finan­cie­ras con­tro­lan casi todas las prin­ci­pa­les cor­po­ra­cio­nes. Así por ejem­plo, según publi­ca­cio­nes perio­dís­ti­cas yan­quis, el grupo Morgan sería el prin­ci­pal accio­nis­ta de la Mobil, la General Electric, Westinghouse, Sears y otras vein­te cor­po­ra­cio­nes, y era, en 1982, el prin­ci­pal accio­nis­ta de ban­cos que eran, a su vez, prin­ci­pa­les accio­nis­tas de otras cor­po­ra­cio­nes yan­quis y mun­dia­les.
Al momen­to de balan­ce­ar sus resul­ta­dos las medi­das rea­ga­nia­nas, si bien logra­ron fre­nar tran­si­to­ria­men­te el expan­sio­nis­mo sovié­ti­co, pro­du­je­ron una desin­dus­tria­li­za­ción real y un explo­si­vo cre­ci­mien­to del capi­tal fic­ti­cio. Este apro­ve­chó las fusio­nes de empre­sas, por miles de millo­nes de dóla­res, no para rein­ver­tir, sino para vaciar­las y que­brar­las. Creció en forma tre­men­da el défi­cit fis­cal, la eco­no­mía yan­qui se ha hecho muy vul­ne­ra­ble, con el ries­go de arras­trar en su caída a toda la eco­no­mía mun­dial (por­que el cre­ci­mien­to de los ban­cos y com­pa­ñías trans­na­cio­na­les ha inter­na­cio­na­li­za­do la cri­sis en un grado nunca visto antes; agra­van­do la espon­ta­nei­dad de los pro­ce­sos eco­nó­mi­cos). La polí­ti­ca rea­ga­nia­na aumen­tó la depen­den­cia y la opre­sión finan­cie­ra de los paí­ses del Tercer Mundo y, en los EE.UU., aumen­tó la can­ti­dad de fami­lias por deba­jo del lími­te de pobre­za (un 14% de la pobla­ción en 1983) con por­cen­ta­jes mucho mayo­res entre los lati­no­a­me­ri­ca­nos y negros. Centenares de miles de fami­lias gran­je­ras aban­do­na­ron el campo (399.000 fami­lias sólo en 1985) y de un millón de gran­jas que sub­sis­ten sólo 50.000 con­cen­tran el 51 % de la pro­duc­ción, por lo que ese pro­ce­so de pau­pe­ri­za­ción del cam­pe­si­na­do pobre y medio segui­rá.
En la déca­da del 80 los ban­cos yan­quis han desa­pa­re­ci­do de los pri­me­ros pues­tos de la banca mun­dial. En 1985, entre los 35 pri­me­ros, sólo uno de los prin­ci­pa­les ban­cos del mundo (el Citibank) era yan­qui. La deuda del Tercer Mundo, en espe­cial la de América Latina, gol­peó prin­ci­pal­men­te a los ban­cos yan­quis (el Bank of América, que era el prin­ci­pal banco en la déca­da del 70, cayó ahora al lugar 38).
Antes de la reu­nión de Malta, mili­tar­men­te, el impe­ria­lis­mo yan­qui esta­ba cada día más atra­pa­do por la situa­ción en América Central, en donde no pudo aplas­tar al san­di­nis­mo y fra­ca­só en varios inten­tos de golpe de Estado con­tra Noriega. Sólo apun­ta­ba a su favor la nada pres­ti­gio­sa liqui­da­ción del gobier­no de Bishop, en Granada, a tra­vés del tra­di­cio­nal des­em­bar­co de sus mari­nes. Sus pro­vo­ca­cio­nes con­tra Libia y en el Golfo Pérsico le valie­ron la uná­ni­me con­de­na inter­na­cio­nal.
Todos estos hechos están en el tras­fon­do de la actual polí­ti­ca yan­qui de dis­ten­sión. El impe­ria­lis­mo yan­qui nece­si­ta ganar tiem­po para pro­du­cir los cam­bios que le garan­ti­cen seguir sien­do la prin­ci­pal poten­cia del lla­ma­do “mundo occi­den­tal” y poder ven­cer, en su lucha por la hege­mo­nía mun­dial, a la URSS, la super­po­ten­cia rival.

 

Debilitamiento y conmoción en la URSS

También la URSS tro­pie­za con gran­des pro­ble­mas que la han debi­li­ta­do y la empu­ja­ron a bus­car acuer­dos para ali­viar, tran­si­to­ria­men­te, las ten­sio­nes con la otra super­po­ten­cia. Trata así de ganar tiem­po para enfren­tar, en mejo­res con­di­cio­nes, la lucha con los EE.UU. por la supre­ma­cía mun­dial.
Ante la firme deci­sión de su rival, el impe­ria­lis­mo yan­qui, de fre­nar el expan­sio­nis­mo sovié­ti­co aún a ries­go de la gue­rra, la URSS, a comien­zos de la déca­da del 80, debió mode­rar su expan­sio­nis­mo agre­si­vo y cui­dar sus pasos. Simultáneamente la lucha de los pue­blos empan­ta­na­ba a sus tro­pas y a sus mer­ce­na­rios en Afganistán, Camboya, Etiopía y Angola; y sus manio­bras expan­sio­nis­tas eran denun­cia­das y des­en­mas­ca­ra­das, una a una, por los pue­blos. Estos fue­ron calan­do la esen­cia de su polí­ti­ca, socia­lis­ta de pala­bra, impe­ria­lis­ta en los hechos.
En el 27 º Congreso del Partido Comunista de la URSS, Gorbachov cali­fi­có la situa­ción de ese país como “cru­cial” y en su libro Perestroika (Emecé, Bs. As., 1987, pág. 23) afir­mó que su país “esta­ba al borde de la cri­sis”
Se está pro­du­cien­do una con­mo­ción en una de las dos super­po­ten­cias, la más agre­si­va, y en los paí­ses some­ti­dos a su domi­nio, y hay ines­ta­bi­li­dad polí­ti­ca y cri­sis eco­nó­mi­ca.
Hace 32 años que en la URSS se liqui­dó la dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do y se res­tau­ró el capi­ta­lis­mo. Desde enton­ces a hoy el capi­ta­lis­mo sovié­ti­co ha reco­rri­do un largo cami­no. La pro­pia pren­sa ofi­cial sovié­ti­ca reco­no­ce que en la URSS hay 100.000 millo­na­rios. La URSS se con­vir­tió en una poten­cia socia­lim­pe­ria­lis­ta. Es una de las dos super­po­ten­cias que dis­pu­tan la hege­mo­nía mun­dial.
Después de más de 30 años de res­tau­ra­ción capi­ta­lis­ta ha lle­ga­do el momen­to en el que la URSS se asuma como lo que real­men­te es: una poten­cia capi­ta­lis­ta y deje de apa­ren­tar que es socia­lis­ta. Al menos en el sen­ti­do que los mar­xis­tas-leni­nis­tas damos a esta pala­bra. Hace déca­das que la URSS dejó de serlo y el no reco­no­cer­lo le ori­gi­na gra­ves pro­ble­mas. La clase domi­nan­te sovié­ti­ca nece­si­ta, por ejem­plo, como capi­ta­lis­ta que es, lega­li­zar la exis­ten­cia de un Ejército indus­trial de reser­va para poder, de esta mane­ra, inten­si­fi­car la supe­rex­plo­ta­ción de la clase obre­ra y arran­car­le las con­quis­tas revo­lu­cio­na­rias que aún con­ser­va. Hace ya mucho tiem­po que la eco­no­mía sovié­ti­ca no se rige real­men­te por el plan eco­nó­mi­co sino por la ley del valor. La eco­no­mía sovié­ti­ca llegó a una encru­ci­ja­da en la que no puede desa­rro­llar­se (en el sen­ti­do capi­ta­lis­ta) sin per­mi­tir la acu­mu­la­ción públi­ca y legal de capi­tal pri­va­do, al menos en cier­to grado.
Desde hace años la eco­no­mía sovié­ti­ca está estan­ca­da. Su pro­duc­ción agrí­co­la no crece. El nivel tec­no­ló­gi­co de su indus­tria es malo. Gorbachov ha debi­do reco­no­cer la exis­ten­cia de una infla­ción per­sis­ten­te. El défi­cit fis­cal (que no exis­tió en la URSS hasta fines de la déca­da del 60) ascien­de al 13% del Producto Bruto y se paga emi­tien­do mone­da. 43 millo­nes de sovié­ti­cos viven por deba­jo del lími­te de pobre­za. Existe un gran sec­tor de la eco­no­mía en “negro”. El capi­tal en “negro”, en manos de per­so­nas indi­vi­dua­les llega a 240.000 millo­nes de rublos, según Novedades de Moscú. Hay un fuer­te desa­bas­te­ci­mien­to de pro­duc­tos esen­cia­les y cae la pro­duc­ción. Los enor­mes gas­tos que le exige la carre­ra arma­men­tis­ta (alre­de­dor de un 15% por lo menos del Producto Bruto Nacional) le impi­den acu­mu­lar fon­dos para la nece­sa­ria recon­ver­sión indus­trial y la moder­ni­za­ción de la agri­cul­tu­ra, lo que, a su vez, impi­de a la URSS com­pe­tir con los otros paí­ses impe­ria­lis­tas en el Tercer Mundo y le ori­gi­na gran­des con­tra­dic­cio­nes con los paí­ses some­ti­dos a su domi­na­ción. La situa­ción se agra­vó por la caída de los pre­cios de venta del petró­leo, por ser la URSS el pri­mer pro­duc­tor mun­dial de ese com­bus­ti­ble.
Hubo una cier­ta mejo­ría eco­nó­mi­ca en los dos pri­me­ros años de gobier­no de Gorbachov, pero en 1988 y 1989 se agra­vó la situa­ción, inclu­so a nive­les peo­res que en 1982-1984.
La derro­ta mili­tar del Ejército sovié­ti­co en Afganistán demos­tró que ese Ejército puede ser ven­ci­do si los pue­blos se atre­ven a enfren­tar­lo. Esa derro­ta reper­cu­tió seria­men­te en la moral de sus fuer­zas arma­das y en la opi­nión públi­ca sovié­ti­ca y de los paí­ses some­ti­dos a su domi­na­ción.
En olea­das suce­si­vas crece la lucha de la clase obre­ra sovié­ti­ca, uno de los des­ta­ca­men­tos del pro­le­ta­ria­do mun­dial que ate­so­ra mayo­res expe­rien­cias de lucha revo­lu­cio­na­ria. Los pro­pios sovié­ti­cos debie­ron admi­tir que en 9 meses de 1989 las huel­gas suma­ron 7 millo­nes de horas de tra­ba­jo.
Cientos de miles de obre­ros han elec­to demo­crá­ti­ca­men­te, en asam­ble­as, sus comi­tés de lucha y sur­gen embrio­nes de sin­di­ca­tos inde­pen­dien­tes.
Ha comen­za­do –y es impa­ra­ble– la rebe­lión de las nacio­na­li­da­des opri­mi­das por el impe­rio ruso: arme­nios, azer­bai­ja­nos, kaza­jos, uzbe­cos, mol­da­vos, geor­gia­nos, litua­nos, esto­nia­nos, leto­nes y ucra­nia­nos enfren­tan a las tro­pas repre­so­ras de los nue­vos zares.
Todo esto ha reper­cu­ti­do en las nacio­nes de Europa Oriental opri­mi­das por la URSS, las que, siguien­do dis­tin­tos cami­nos, bus­can libe­rar­se de la opre­sión sovié­ti­ca. En estos paí­ses se fue­ron incu­ban­do con­tra­dic­cio­nes que, en un pro­ce­so, lle­va­ron a la lucha ince­san­te con­tra el con­trol sovié­ti­co. Incluso ocu­pa­da mili­tar­men­te Checoslovaquia, su pue­blo siguió la lucha. Así pasó tam­bién en Polonia, Hungría, y en la República Democrática Alemana.
Con este tras­fon­do se agu­di­zó la lucha de las dife­ren­tes cama­ri­llas en la clase domi­nan­te sovié­ti­ca. Se ha gene­ra­do en la URSS una situa­ción explo­si­va, caó­ti­ca, en la que, toda­vía, no se sabe con cer­te­za, como afir­mó un comen­ta­ris­ta del dia­rio fran­cés Le Monde en abril de este año, en “qué manos caerá el poder”. Se han entre­la­za­do los pro­ble­mas socia­les, eco­nó­mi­cos, demo­crá­ti­cos y de nacio­na­li­da­des.
Todo esto ha obli­ga­do a Gorbachov a impul­sar un pro­ce­so de refor­mas desde el poder, bus­can­do moder­ni­zar la eco­no­mía sovié­ti­ca para que pueda enfren­tar la nueva fase de la carre­ra arma­men­tis­ta con los EE.UU.
También la URSS, nece­si­ta­da de ganar tiem­po para ganar la carre­ra arma­men­tis­ta, ha debi­do optar, por ahora, por un perío­do de dis­ten­sión en la dis­pu­ta mun­dial con su rival impe­ria­lis­ta.

 

Los alcances de la distesión

La exis­ten­cia de un perío­do de dis­ten­sión tem­po­ral entre las dos super­po­ten­cias ha abier­to un deba­te sobre sus alcan­ces y dura­bi­li­dad, y tam­bién en torno a su influen­cia sobre los paí­ses del Tercer Mundo.
Para algu­nos esta­mos ante un “nuevo perío­do” en la his­to­ria uni­ver­sal. Habría ter­mi­na­do “el viejo mundo de la gue­rra fría” y entra­ría­mos en “una era de paz, comer­cio y homo­ge­nei­dad ideo­ló­gi­ca”. Se habla, inclu­so, de la posi­bi­li­dad de eli­mi­nar las gue­rras como medio de diri­mir dis­pu­tas entre las nacio­nes, y que las sumas, gigan­tes­cas, que hoy se dedi­can a los gas­tos béli­cos, podrían, en el futu­ro, dedi­car­se a mejo­rar las con­di­cio­nes de vida de la huma­ni­dad. Esta teo­ría revi­sio­nis­ta resul­ta atrac­ti­va si se tiene en cuen­ta que un solo sub­ma­ri­no nucle­ar de nuevo tipo equi­va­le al pre­su­pues­to de edu­ca­ción de 23 paí­ses en desa­rro­llo, con 160 millo­nes de niños en edad esco­lar. Todo esto por­que se argu­men­ta que la posi­bi­li­dad de una gue­rra ató­mi­ca ha cam­bia­do el carác­ter de las gue­rras (justas o injus­tas): la gue­rra ató­mi­ca impli­ca­ría la des­truc­ción de la huma­ni­dad.
Los teó­ri­cos sovié­ti­cos, y tam­bién algu­nos yan­quis, plan­te­an que la coe­xis­ten­cia pací­fi­ca, tal como la for­mu­ló Jruschov (como una forma de la lucha de cla­ses a esca­la mun­dial), es hoy un con­cep­to supe­ra­do. Para algu­nos de esos teó­ri­cos la coe­xis­ten­cia entre nacio­nes con dife­ren­te sis­te­ma social ha dado paso a la “integración” entre nacio­nes ayer con­si­de­ra­das impe­ria­lis­tas o socia­lis­tas, pero que hoy serían, sim­ple­men­te, nacio­nes ami­gas. Tanto en Oriente, como en Occidente, hay per­so­nas que plan­te­an que la carre­ra arma­men­tis­ta care­ce de obje­ti­vo por­que “ha desa­pa­re­ci­do el ene­mi­go” el ene­mi­go se ha trans­for­ma­do en “socio”.
Desde ya que ni Bush ni Gorbachov son tan inge­nuos. En pri­mer lugar la carre­ra arma­men­tis­ta no ha cesa­do. Por el con­tra­rio: lo único que han hecho las super­po­ten­cias es des­pren­der­se de la cha­ta­rra de gue­rra –armas con más de vein­te años de vida– para moder­ni­zar su arma­men­to, su logís­ti­ca, sus dis­po­si­ti­vos estra­té­gi­cos y de mando, y con­cen­trar sus esfuer­zos en la lucha por ade­lan­tar­se en la que se ha dado en lla­mar “la gue­rra de las gala­xias”. El Ejército sovié­ti­co, que en plena gue­rra fría, en vida de Stalin, tenía en 1948, 2.874.000 efec­ti­vos, tuvo en 1988, 5.096.000 hom­bres incor­po­ra­dos a sus filas (sin con­tar las fuer­zas de segu­ri­dad de Estado, KGB, y del Ministerio del Interior que tota­li­za­ban otros 570.000 efec­ti­vos en 1988). En la vís­pe­ra de la reu­nión de Bush y Gorbachov en Malta, el coman­dan­te en Jefe de la OTAN en Europa, John Galvin, advir­tió que el blo­que occi­den­tal “recu­rri­rá a las armas nuclea­res ante la even­tua­li­dad de una gue­rra en la que se encon­tra­ra per­dien­do en el campo de bata­lla con­ven­cio­nal”, y que la OTAN “intro­du­ci­rá en Europa, en 1992, armas nuclea­res de corto alcan­ce” (ANSA: 1/12/1989). La dis­ten­sión es tran­si­to­ria. La dis­pu­ta es lo per­ma­nen­te, ya que la dis­ten­sión es para mejo­rar las posi­cio­nes de cada super­po­ten­cia en la dis­pu­ta por el domi­nio mun­dial.
En segun­do lugar, salvo el con­flic­to de Irán e Irak, no se ha resuel­to nin­gu­no de los focos de con­flic­to en los que se enfren­tan (a tra­vés de las fuer­zas de otros paí­ses) las dos super­po­ten­cias que tra­tan, cada una, de mon­tar­se en la lucha libe­ra­do­ra de los pue­blos con­tra la poten­cia rival: Camboya, Afganistán, Medio Oriente, Cuerno de Áfri­ca, Angola, Áfri­ca del Sur, Centroamérica. Ha dis­mi­nui­do la “tem­pe­ra­tu­ra” de estos con­flic­tos pero no han cesa­do. Incluso perió­di­ca­men­te se atiza uno u otro.
En ter­cer lugar la admi­nis­tra­ción Bush fue cauta res­pec­to de la URSS en el perío­do pre­vio a las reu­nio­nes con Gorbachov. No con­si­de­ra­ba correc­to el punto de vista de Reagan de que “ha ter­mi­na­do la gue­rra fría” y hay “rela­cio­nes espe­cia­les entre EE.UU. y la URSS”. Consideraba impor­tan­te el cam­bio de estra­te­gia mili­tar sovié­ti­ca lla­ma­da ahora de “sufi­cien­cia razo­na­ble” y “estra­te­gia defen­si­va”, pero no con­si­de­ra­ba que este cam­bio ya fuera rea­li­dad y se resis­tía a redu­cir aque­llas armas en las que la OTAN tenía supe­rio­ri­dad sobre la Organización del Pacto de Varsovia (avio­nes, heli­cóp­te­ros y fuer­zas nava­les). Recién antes de la reu­nión con Gorbachov, en Malta, Bush elo­gió la polí­ti­ca del líder sovié­ti­co, apos­tan­do a la super­vi­ven­cia polí­ti­ca de éste y a la con­ti­nui­dad de la dis­ten­sión entre la URSS y los EE.UU. Por su lado la URSS está ace­le­ran­do la inves­ti­ga­ción de tec­no­lo­gías mili­ta­res sofis­ti­ca­das y desa­rro­llan­do nue­vos tipos de armas y equi­pos pre­pa­rán­do­se a fondo para la gue­rra moder­na. Los teó­ri­cos gor­ba­cho­via­nos apo­yan la línea de la lla­ma­da “inter­de­pen­den­cia” entre el Este y el Oeste, pero “sin abso­lu­ti­zar­la”, tenien­do pre­sen­te “que pue­den sur­gir situa­cio­nes ines­pe­ra­das” y que el mundo actual no sólo es “inter­de­pen­dien­te” sino que tam­bién pre­sen­ta un “carác­ter con­tra­dic­to­rio” por ser “un mundo pre­ña­do de cata­clis­mos impo­si­bles de pre­de­cir e ima­gi­nar” (Julio Oganisian en Revista Internacional Nº 9 de 1989, pági­na 66).
En cuar­to lugar: la com­pe­ten­cia sigue sien­do lo que prima en las rela­cio­nes entre los EE.UU. y la URSS, dado que si bien ambas bus­can mejo­rar sus rela­cio­nes cada una tiene su plan para debi­li­tar a su adver­sa­rio y con­so­li­dar su poder. Los sovié­ti­cos, pacien­te­men­te, arman su bomba en América Latina para enre­dar a los yan­quis en su patio tra­se­ro, y los yan­quis, pacien­te­men­te, arman la suya en Europa Oriental. Por otro lado el foco de lucha entre los Estados Unidos y la URSS se está man­te­nien­do en Europa. La polí­ti­ca gor­ba­cho­via­na del lla­ma­do “hogar común euro­peo” busca absor­ber, o “fin­lan­di­zar” (neu­tra­li­zar) a Europa Occidental, uti­li­zan­do en bene­fi­cio pro­pio su gran desa­rro­llo tec­no­ló­gi­co. Gorbachov ha dicho que Europa tiene un “papel único “ ya que “no puede ser sus­ti­tui­da por nadie ni en la polí­ti­ca mun­dial ni tam­po­co en el desa­rro­llo del mundo vis­tos sus enor­mes poten­cia­les y expe­rien­cias”.
Objetivamente Europa es el “tea­tro prin­ci­pal” de las riva­li­da­des polí­ti­co-mili­ta­res de los paí­ses de la OTAN y los del Pacto de Varsovia, ya que su domi­nio o neu­tra­li­za­ción daría supe­rio­ri­dad estra­té­gi­ca a la URSS sobre los EE.UU. Pero Europa no es sólo el obje­to de la dis­pu­ta entre las dos super­po­ten­cias. Es ella misma suje­to en la dis­pu­ta mun­dial y aspi­ra a emer­ger, luego de 1992, como una super­po­ten­cia. Trata para esto de unir­se y de absor­ber a Europa del Este.
En quin­to lugar la dis­ten­sión entre las super­po­ten­cias no se refle­ja en un mejo­ra­mien­to de la situa­ción eco­nó­mi­co-social de las nacio­nes del Tercer Mundo. La deuda exter­na de los lla­ma­dos paí­ses en desa­rro­llo llegó, en diciem­bre de 1988 al billón tres­cien­tos vein­te mil millo­nes de dóla­res, suma que repre­sen­ta casi la mitad del Producto Bruto Nacional de esos paí­ses; y 17 de ellos (inclui­da la Argentina) fue­ron con­si­de­ra­dos en 1988 paí­ses “alta­men­te endeu­da­dos”. Sigue cayen­do el Producto Bruto de los paí­ses de América del Sur que no logran salir de la últi­ma cri­sis eco­nó­mi­ca. A prin­ci­pios de 1986 los pre­cios de las mate­rias pri­mas habían lle­ga­do a sus nive­les más bajos de la his­to­ria en rela­ción con los bie­nes manu­fac­tu­ra­dos y ser­vi­cios, tan bajos como en los peo­res años de la cri­sis del 30 y en algu­nos casos (como el plomo y el cobre) más bajos que en 1939. Si los pre­cios de las mate­rias pri­mas en rela­ción a los pro­duc­tos manu­fac­tu­ra­dos “se hubie­ran man­te­ni­do al nivel de 1973, o inclu­so de 1979, no habría cri­sis en la mayor parte de los paí­ses deu­do­res, espe­cial­men­te los lati­no­a­me­ri­ca­nos”. (Peter Ducller, febre­ro de 1988).

 

Proceso de concentración monopolista

Se está pro­du­cien­do un gigan­tes­co pro­ce­so de con­cen­tra­ción y cen­tra­li­za­ción mono­po­lis­ta a esca­la mun­dial. Proceso que afec­ta a gru­pos ente­ros de nacio­nes. A dife­ren­cia del perío­do en el que las que el revi­sio­nis­mo llamó mul­ti­na­cio­na­les, fun­da­men­tal­men­te expor­ta­ban capi­ta­les a sus filia­les en el extran­je­ro, y a dife­ren­cia del perío­do de los lla­ma­dos “petro­dó­la­res”, en el que los paí­ses impe­ria­lis­tas rea­li­za­ron gigan­tes­cas inver­sio­nes de la banca pri­va­da a tra­vés de prés­ta­mos a los paí­ses del Tercer Mundo (prés­ta­mos que entre­la­za­ron, aún más, las eco­no­mías de estos paí­ses con los cen­tros impe­ria­lis­tas) actual­men­te los mono­po­lios se expan­den prin­ci­pal­men­te por un pro­ce­so de fusio­nes, absor­cio­nes o aso­cia­cio­nes, con otras cor­po­ra­cio­nes des­ti­na­das a excluir la com­pe­ten­cia y median­te nego­cios de miles de millo­nes de dóla­res por venta de accio­nes en la Bolsa, cré­di­tos para esas fusio­nes, espe­cu­la­ción, vacia­mien­to y quie­bra de nume­ro­sas empre­sas. Así eli­mi­nan la com­pe­ten­cia en un país o una región deter­mi­na­da, pro­ce­dien­do a un nuevo y bru­tal repar­to de esfe­ras de influen­cias sólo com­pa­ra­bles al pre­vio a la Primera y a la Segunda Guerra Mundial. En el últi­mo perío­do ha aumen­ta­do extra­or­di­na­ria­men­te la expor­ta­ción de capi­ta­les, sobre todo de Japón y Alemania Federal; aun­que aún los capi­ta­les yan­quis dupli­can a las inver­sio­nes ingle­sas, japo­ne­sas y ale­ma­nas en el extran­je­ro, toma­das por sepa­ra­do.
Últi­ma­men­te, y sólo a títu­lo de ejem­plo, la Siemens ale­ma­na adqui­rió a la General Electric bri­tá­ni­ca con lo que pasó a ser el pri­mer grupo euro­peo en elec­tró­ni­ca y el ter­cer grupo mun­dial luego de la IBM y la General Electric yan­quis, pre­pa­rán­do­se para la bata­lla por el pre­do­mi­nio mun­dial en el área de la micro­e­lec­tró­ni­ca. La Ford (que en América del Sur se unió a la Volkswagen) acaba de adqui­rir a la Jaguar, bri­tá­ni­ca, por 2.900 millo­nes de dóla­res, para poder com­pe­tir en el mer­ca­do de los autos de lujo. Así la Ford se impu­so a la General Motors que trató, antes, de adqui­rir el con­trol de la Jaguar. La Sony –japo­ne­sa– tomó el con­trol de la Columbia Broadcasting System y la Columbia Pictures yan­quis con lo que hege­mo­ni­za­rá el mer­ca­do mun­dial de films. La Mitsubishi –japo­ne­sa– com­pró el paque­te mayo­ri­ta­rio del Rockefeller Center y se ha trans­for­ma­do en uno de los prin­ci­pa­les gru­pos en el nego­cio inmo­bi­lia­rio en los EE.UU. La Nestlé com­pró por 3.000 millo­nes de dóla­res a la cor­po­ra­ción yan­qui Carnatios.
En Europa la pro­duc­ción auto­mo­vi­lís­ti­ca se va con­cen­tran­do en manos de la Fiat (muy fuer­te tam­bién en los mer­ca­dos del Este euro­peo) y la Volkswagen; la com­pu­ta­ción que­da­rá en manos de la Siemens y Olivetti; las comu­ni­ca­cio­nes en las de Siemens y Thompson-Alcatel; la indus­tria ató­mi­ca se repar­ti­rá entre empre­sas ale­ma­nas y fran­ce­sas; la petro­quí­mi­ca entre bri­tá­ni­cas e ita­lia­nos, la agri­cul­tu­ra y gana­de­ría entre Gran Bretaña y Francia (con excep­ción de los lác­teos cuya pro­duc­ción con­cen­tra­rán empre­sas holan­de­sas y dane­sas).
Todo este pro­ce­so va acom­pa­ña­do de un aumen­to de la deso­cu­pa­ción (llega a más del 1l % de la pobla­ción acti­va en Francia) que se va tor­nan­do un pro­ble­ma cró­ni­co en todos los paí­ses capi­ta­lis­tas, con carac­te­rís­ti­cas par­ti­cu­la­res, dife­ren­tes a los que tuvo el tra­di­cio­nal Ejército labo­ral de reser­va. La trans­for­ma­ción de la Caterpillar Tractor Company, por ejem­plo, al implan­tar pro­ce­sos alta­men­te auto­ma­ti­za­dos con pro­duc­ción com­pu­ta­ri­za­da y robo­ti­za­da, con des­ti­no a la indus­tria de gue­rra, redu­jo su fuer­za labo­ral de 90.000 obre­ros a 53.000, aumen­tan­do sus nive­les de pro­duc­ti­vi­dad. Entre 1977 y 1982 se per­die­ron más de cua­tro millo­nes de pues­tos de tra­ba­jo en los EE.UU. y trece millo­nes de tra­ba­ja­do­res han sido des­pla­za­dos por cie­rres de fábri­ca. El 60% de los que pudie­ron encon­trar tra­ba­jo una vez des­pe­di­dos gana menos de 7.000 dóla­res anua­les (que se con­si­de­ra el nivel de pobre­za). Entre 1981 y 1985 la General Electric des­pi­dió cerca de 100.000 tra­ba­ja­do­res. Estamos citan­do fuen­tes ofi­cia­les yan­quis de la Oficina de Estadísticas labo­ra­les. Se inten­si­fi­can los rit­mos de tra­ba­jo en las fábri­cas y para­le­la­men­te se pau­pe­ri­za la clase media, lo que ha gene­ra­do el pro­ble­ma masi­vo de “los sin techo” (más de 30 millo­nes de per­so­nas) cuyas mani­fes­ta­cio­nes de recla­mo han con­mo­vi­do recien­te­men­te varias ciu­da­des ame­ri­ca­nas.

 

Los mercados regionales

El pro­ce­so de cen­tra­li­za­ción y con­cen­tra­ción mono­po­lis­ta ha empu­ja­do la crea­ción de gran­des mer­ca­dos regio­na­les uni­fi­ca­dos con vis­tas a crear bases de apoyo para la dis­pu­ta de los mer­ca­dos del Tercer Mundo y las fuen­tes de mate­rias pri­mas.
Los EE.UU. han crea­do un mer­ca­do común con Canadá, en el que pien­san incluir a México. En 1992 se cons­ti­tui­rá el Mercado Común Europeo. Los mono­po­lios de fuera de Europa se pre­o­cu­pan por “tener un pie” en ésta para 1992, mien­tras los mono­po­lios euro­peos tie­nen como con­sig­na “defen­der a Europa”. Japón aspi­ra a crear un mer­ca­do común con Hong Kong, Singapur; Taiwán y Corea de Sur, paí­ses en los que ya tie­nen una gran fuer­za sus
ban­cos y empre­sas, y al que se agre­ga­rían los paí­ses del sud­es­te asiá­ti­co agru­pa­dos en la ANSEA (Tailandia, Birmania, Indonesia, entre otros).
Este pro­ce­so de uni­fi­ca­ción supra­na­cio­nal no borra las con­tra­dic­cio­nes y dis­pu­tas, secu­la­res, entre paí­ses como Alemania, Francia o Gran Bretaña. Más aun éstas se han agu­di­za­do ante el ace­le­ra­do pro­ce­so de reu­ni­fi­ca­ción ale­ma­na. No se puede ase­gu­rar que el pro­ce­so de reu­ni­fi­ca­ción euro­pea se hará por el cami­no pací­fi­co. Hasta ahora Alemania Federal (al igual que Japón, en Asia) res­pe­tó rela­ti­va­men­te el cha­le­co de los acuer­dos pos­te­rio­res a la Segunda Guerra Mundial (desa­rro­llan­do fuera de su terri­to­rio la expe­ri­men­ta­ción de armas sofis­ti­ca­das) pero nadie puede garan­ti­zar que esto siga sien­do así en el futu­ro.
Alemania Federal es la loco­mo­to­ra, actual­men­te, de la uni­dad euro­pea. Los fran­ce­ses acep­tan hasta ahora este hecho y abren posi­bi­li­da­des de pene­tra­ción a los mono­po­lios ale­ma­nes en sus ex colo­nias afri­ca­nas, a cam­bio de igua­les faci­li­da­des en Sudáfrica, Turquía y paí­ses del Cen­tro y el Este de Europa. Pero bastó la supre­sión del muro de Berlín para que el fan­tas­ma de la reu­ni­fi­ca­ción ale­ma­na, y las pers­pec­ti­vas de que ésta exija la revi­sión de las fron­te­ras de 1945, lle­va­sen gran inquie­tud a los fran­ce­ses, che­cos­lo­va­cos, pol­acos y de otros pue­blos. A su vez Gran Bretaña, que tiene supe­rio­ri­dad en la pro­duc­ción agro­pe­cua­ria y en la indus­tria béli­ca, pre­sio­na a sus alia­dos (prin­ci­pal­men­te a Alemania) para que tomen com­pro­mi­sos en la indus­tria béli­ca, y la defen­sa euro­pea, y aban­do­nen la polí­ti­ca de sub­si­dios a la pro­duc­ción agro­pe­cua­ria de otras nacio­nes del Mercado Común. La posi­bi­li­dad de la reu­ni­fi­ca­ción ale­ma­na ha refor­za­do la ten­den­cia de Gran Bretaña a inten­si­fi­car sus rela­cio­nes diplo­má­ti­cas con sus ex colo­nias del Comenwealth (Australia, Nueva Zelanda, Canadá, India, paí­ses ára­bes) y paí­ses en los que tuvo tra­di­cio­nal influen­cia, como los del Cono Sur de América del Sur e Islas del Caribe.

 

Fin de la hegemonía económica incontestada de los Estados Unidos

Asistimos al fin de la hege­mo­nía eco­nó­mi­ca incon­tes­ta­da del impe­ria­lis­mo yan­qui. Este pro­ce­so comen­zó en la déca­da del 60 pero hoy se ha hecho evi­den­te. De los 10 ban­cos más impor­tan­tes por su acti­vo del mundo “occi­den­tal', 8 son japo­ne­ses (en 1980 sólo uno, el Dai-Ichi, ocu­pa­ba el 10º lugar), uno es fran­cés (Crédit Agricole) y sólo uno yan­qui (el Citicorp-Citibank). Entre los 20 pri­me­ros, 13 son japo­ne­ses. La com­pe­ten­cia hace estra­gos entre los ban­cos yan­quis, japo­ne­ses y euro­peos. En 1980 había 5 ban­cos yan­quis, entre los 35 pri­me­ros. En 1988 hay sólo uno. En esto ha inci­di­do: el pro­ble­ma de la deuda exter­na del Tercer Mundo; la con­cu­rren­cia finan­cie­ra de socie­da­des de dis­tri­bu­ción, inver­sio­nes e inclu­so empre­sas como la General Motors den­tro de los EE.UU.; y el hecho de que las empre­sas yan­quis se apro­vi­sio­nen de fon­dos direc­ta­men­te en la Bolsa, o por otras empre­sas, sin el recur­so de acu­dir a los ban­cos. Lo que no puede ocul­tar el impre­sio­nan­te ascen­so de las finan­zas japo­ne­sas, unida a la for­ta­le­za de su mone­da, como refle­jo del ascen­so impre­sio­nan­te de la eco­no­mía japo­ne­sa, que demues­tra, una vez más, la vigen­cia de la tesis leni­nis­ta sobre el desa­rro­llo desi­gual, y a sal­tos, del capi­ta­lis­mo moder­no.
La par­ti­ci­pa­ción euro­pea en el Producto Bruto Mundial ya alcan­za a la de los EE.UU. y todo indi­ca que la supe­ra­rá una vez con­clui­do el pro­ce­so de uni­fi­ca­ción euro­pea. Ha retro­ce­di­do la par­ti­ci­pa­ción de los mono­po­lios yan­quis en el comer­cio exte­rior (del 13,8% en 1980 al 10,3% en 1987). Los mono­po­lios japo­ne­ses pene­tran pro­fun­da­men­te en el mer­ca­do yan­qui, inclu­so en el inmo­bi­lia­rio, y han gana­do alre­de­dor del 20% del mer­ca­do auto­mo­tor de los EE.UU.

 

Una economía de especulación

Paralelamente, y al con­tra­rio de lo que los pro­pa­gan­dis­tas del impe­ria­lis­mo reco­mien­dan a los paí­ses del Tercer Mundo, hay en esas metró­po­lis impe­ria­lis­tas una cre­cien­te par­ti­ci­pa­ción del Estado como palan­ca para la acu­mu­la­ción capi­ta­lis­ta a tra­vés del gasto fis­cal, el endeu­da­mien­to esta­tal, el arma­men­tis­mo y el cré­di­to para fusio­nes de las cor­po­ra­cio­nes. El gasto esta­tal repre­sen­tó en 1987 el 36,5 % del Producto Bruto en los Estados Unidos (era del 29,1 % en 1970), el 46,5 % en Alemania (era del 36,7% en 1970) y el 53,5% en Francia (era del 38,5% en 1970).
La eco­no­mía mun­dial es cada día más espe­cu­la­ti­va y menos pro­duc­ti­va. Si en la déca­da del 70 se dedi­ca­ban 0,70 cen­ta­vos de dólar a la espe­cu­la­ción por cada dólar que iba a la pro­duc­ción, ahora se dedi­can 3 a la espe­cu­la­ción por cada dólar que va a la pro­duc­ción. En esto juega un gran papel el peso, gigan­tes­co (cen­te­na­res de miles de millo­nes de dóla­res por año) que tiene en el comer­cio inter­na­cio­nal lo que muchos lla­man “capi­tal fic­ti­cio” (trá­fi­co de dro­gas y de armas, renta petro­le­ra, etc.).

 

Problemas ecológicos

Se agra­van los pro­ble­mas eco­ló­gi­cos. El Mediterráneo, el Rin, el Danubio, se ha trans­for­ma­do en gigan­tes­cas cloa­cas. El uso abu­si­vo de fer­ti­li­zan­tes arras­tra­dos por las llu­vias a mares como el Adriático ha gene­ra­do el cre­ci­mien­to de gigan­tes­cas algas mari­nas que inuti­li­zan las pla­yas. Los países impe­ria­lis­tas expul­san hacia el Tercer Mundo las indus­trias con­ta­mi­nan­tes, como muchas de las indus­trias quí­mi­cas y petro­quí­mi­cas, la indus­tria del alumi­nio y la del acero. Hay una gran pre­sión para trans­for­mar en recep­to­ras de esas fábri­cas y de resi­duos con­ta­mi­nan­tes a zonas que cons­ti­tu­yen reser­vas eco­ló­gi­cas de la huma­ni­dad, como es la Patagonia Argentina.

 

Gran reagrupamiento de fuerzas

El actual perío­do de dis­ten­sión en las rela­cio­nes entre las super­po­ten­cias, y entre los paí­ses del Pacto de Varsovia y los del Pacto del Atlántico Norte (OTAN), no puede ocul­tar el pro­ce­so de gran rea­gru­pa­mien­to de fuer­zas que se ha abier­to a esca­la mun­dial. Proceso seme­jan­te al que pre­ce­dió a las dos gue­rras mun­dia­les de este siglo. La caída del Muro de Berlín y la posi­bi­li­dad de una reu­ni­fi­ca­ción que trans­for­me a Alemania en una super­po­ten­cia que redis­cu­ta las fron­te­ras euro­pe­as pos­te­rio­res a la gue­rra, ha demos­tra­do la pre­ca­rie­dad de la situa­ción actual. Las con­se­cuen­cias de este pro­ce­so (quién se alia­rá con quién y con­tra quién) son aún impre­vi­si­bles ya que el obje­ti­vo de este rea­gru­pa­mien­to es la lucha por el domi­nio del mundo. Todos los acon­te­ci­mien­tos mun­dia­les actua­les desde la repre­sión de la plaza Tienanmen, en China, hasta el fin del Muro de Berlín que levan­tó Jruschov en 1961; o desde los acon­te­ci­mien­tos recien­tes en la lucha de la gue­rri­lla sal­va­do­re­ña hasta los cam­bios de Cuba, o en la polí­ti­ca argen­ti­na con pos­te­rio­ri­dad al 8 de julio de 1989, todos están rela­cio­na­dos, de una u otra mane­ra, con este pro­ce­so mun­dial y son impo­si­bles de ser enten­di­dos en sus mati­ces y efec­tos al mar­gen del mismo.

 

La revoluciòn científico técnica

La bur­gue­sía y el revi­sio­nis­mo plan­te­an que todos estos cam­bios que se pro­du­cen a nivel inter­na­cio­nal son el pro­duc­to de la revo­lu­ción cien­tí­fi­co-téc­ni­ca. Serían el fruto de una supues­ta “racio­na­li­dad” del mundo moder­no, cuan­do en rea­li­dad son con­se­cuen­cias de la irra­cio­na­li­dad de un mundo some­ti­do a las leyes bru­ta­les del capi­ta­lis­mo impe­ria­lis­ta.
Los revi­sio­nis­tas dicen que la teo­ría mar­xis­ta per­dió su vali­dez ante el actual avan­ce cien­tí­fi­co-téc­ni­co por­que la inves­ti­ga­ción y los des­cu­bri­mien­tos de Marx corres­pon­den a otro desa­rro­llo téc­ni­co del capi­ta­lis­mo. Pero, como seña­ló el Quinto Congreso: Marx (al con­tra­rio de lo que afir­man, por mala fe o igno­ran­cia, los revi­sio­nis­tas) pre­vió esta fase del desa­rro­llo pro­duc­ti­vo en el que podría­mos lla­mar capi­ta­lis­mo madu­ro” (5º Congreso. Documentos. pág. 14).
Se habla de esta revo­lu­ción cien­tí­fi­co-téc­ni­ca desde fines de la déca­da del cin­cuen­ta. Fue en ese enton­ces tam­bién la can­ti­ne­la pre­fe­ri­da de Jruschov.
Es indis­cu­ti­ble que en las últi­mas déca­das se han pro­du­ci­do gran­des avan­ces e inno­va­cio­nes cien­tí­fi­co-téc­ni­cas. Las mis­mas han influen­cia­do el desa­rro­llo a sal­tos de cier­tos paí­ses, y, con­si­guien­te­men­te, en la situa­ción inter­na­cio­nal. Pero el pro­ble­ma es que tras esta cons­ta­ta­ción la bur­gue­sía, y el revi­sio­nis­mo, intro­du­cen su con­tra­ban­do teó­ri­co de la lla­ma­da teo­ría de las fuer­zas pro­duc­ti­vas. Como si los cam­bios y trans­for­ma­cio­nes en éstas, por impor­tan­tes que sean, fue­ran capa­ces de revo­lu­cio­na­ri­zar de por sí el modo de pro­duc­ción. En par­ti­cu­lar, hoy en día, como si el actual desa­rro­llo cien­tí­fi­co-téc­ni­co impli­ca­se una revo­lu­ción en el pro­ce­so de tra­ba­jo, en sus rela­cio­nes inter­nas, libe­ran­do al hom­bre de su sumi­sión a la máqui­na (y, en defi­ni­ti­va, al capi­tal), cuan­do en rea­li­dad, bajo las actua­les rela­cio­nes de pro­duc­ción, ha aumen­ta­do su subor­di­na­ción y escla­vi­za­mien­to.
En rea­li­dad, lo que corres­pon­de pre­gun­tar­se, es si los cam­bios que se pro­du­cen en la URSS, y en el mundo capi­ta­lis­ta en gene­ral, resul­tan de la adap­ta­ción de la eco­no­mía a las inno­va­cio­nes que ha pro­du­ci­do esa revo­lu­ción tec­no­ló­gi­ca o esa adap­ta­ción y estos cam­bios tec­no­ló­gi­cos son, en defi­ni­ti­va, el pro­duc­to de las leyes ine­xo­ra­bles que rigen a la eco­no­mía capi­ta­lis­ta. Corresponde pre­gun­tar si el avan­ce tec­no­ló­gi­co es usado para acor­tar la jor­na­da de tra­ba­jo de los obre­ros y mejo­rar las con­di­cio­nes de vida de las gran­des masas del Tercer Mundo, o se lo uti­li­za para pro­lon­gar la parte de la jor­na­da que el tra­ba­ja­dor tra­ba­ja gra­tis para el capi­ta­lis­ta y para refor­zar la explo­ta­ción del Tercer Mundo.
Es la explo­ta­ción de los paí­ses depen­dien­tes del Tercer Mundo, y no la revo­lu­ción cien­tí­fi­co-téc­ni­ca, la que per­mi­te a la bur­gue­sía de los paí­ses impe­ria­lis­tas corrom­per a parte de la clase obre­ra de sus paí­ses, la aris­to­cra­cia obre­ra, que es uno de los fac­to­res más impor­tan­tes de la domi­na­ción de clase de la bur­gue­sía. Con los avan­ces téc­ni­cos la bur­gue­sía deja para “sus” obre­ros las tare­as de ser­vi­cios, o menos pesa­das, y colo­ca a los inmi­gran­tes de los paí­ses pobres y a los negros, asiá­ti­cos y lati­no­a­me­ri­ca­nos, en los tra­ba­jos pesa­dos y sucios. Pero tam­bién agu­di­za, per­ma­nen­te­men­te con esas inno­va­cio­nes, el pro­ble­ma de la deso­cu­pa­ción en sus pro­pios paí­ses y va gene­ran­do la posi­bi­li­dad de gran­des esta­lli­dos socia­les en ellos.
El capi­ta­lis­mo es el modo de pro­duc­ción en donde los medios de pro­duc­ción están en manos exclu­si­va­men­te de los capi­ta­lis­tas, que los mane­jan en forma indi­vi­dual o a tra­vés del capi­ta­lis­mo de Estado. Su fina­li­dad es pro­du­cir para valo­ri­zar el capi­tal; no para satis­fa­cer las nece­si­da­des de la pobla­ción. Esto sobre la base de explo­tar a los asa­la­ria­dos. El capi­ta­lis­mo tiene una con­tra­dic­ción fun­da­men­tal entre la pro­duc­ción que es social y la apro­pia­ción, que es pri­va­da. Millones de asa­la­ria­dos no tie­nen otra cosa que ven­der que su fuer­za de tra­ba­jo y una mino­ría, dueña de los medios de pro­duc­ción, usu­fruc­túa el tra­ba­jo ajeno. Pero esa con­tra­dic­ción fun­da­men­tal del capi­ta­lis­mo es, en su desa­rro­llo, al expre­sar­se en la lucha de cla­ses y en la lucha entre los pro­pios capi­ta­lis­tas, la fuer­za motriz del modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta. La lucha de la clase obre­ra, su resis­ten­cia a la inten­si­fi­ca­ción de la explo­ta­ción, obli­ga a los capi­ta­lis­tas a intro­du­cir inno­va­cio­nes y, a la vez, la lucha por un mer­ca­do que es limi­ta­do y des­co­no­ci­do, empu­ja a la con­cu­rren­cia des­pia­da­da entre los dife­ren­tes capi­ta­lis­tas. Concurrencia que impo­ne la con­cen­tra­ción de la pro­duc­ción y la acu­mu­la­ción del capi­tal y lleva, ine­xo­ra­ble­men­te al capi­ta­lis­mo, a la uti­li­za­ción de medios y for­mas de pro­duc­ción nue­vas, a la obli­ga­to­rie­dad para todos los capi­ta­lis­tas de uti­li­zar las nue­vas téc­ni­cas o pere­cer (por care­cer de ellas por falta de capi­tal o por no poder acce­der al secre­to tec­no­ló­gi­co). Esa con­tra­dic­ción fun­da­men­tal empu­ja, con­ti­nua­men­te, a la revo­lu­cio­na­ri­za­ción de la pro­duc­ción; aun­que en el capi­ta­lis­mo mono­po­lis­ta la des­com­po­si­ción del capi­ta­lis­mo lo con­duz­ca, en muchas oca­sio­nes, a redu­cir con­cien­te­men­te la pro­duc­ción y el desa­rro­llo de las fuer­zas pro­duc­ti­vas, por­que el capi­ta­lis­ta no intro­du­ce la téc­ni­ca para aho­rrar tiem­po de tra­ba­jo al pro­duc­tor sino para eco­no­mi­zar tiem­po de tra­ba­jo paga­do. Y esa con­tra­dic­ción empu­ja la mono­po­li­za­ción, la cri­sis, las gue­rras por los mer­ca­dos y fuen­tes de mate­rias pri­mas y, en defi­ni­ti­va, empu­ja­rá al capi­ta­lis­mo a su tumba y a su reem­pla­zo por el socia­lis­mo.
Es ese pro­ce­so el que ha lle­va­do al capi­ta­lis­mo impe­ria­lis­ta a la lucha feroz y el repar­to feroz de mer­ca­dos en la actua­li­dad, al igual que lo llevó antes de la Primera y Segunda Guerra Mundial. Y si se obser­va la situa­ción mun­dial en su con­jun­to ha agu­di­za­do, a media­no plazo, las con­tra­dic­cio­nes que hacen del impe­ria­lis­mo un capi­ta­lis­mo mori­bun­do y no un capi­ta­lis­mo pujan­te, reju­ve­ne­ci­do y todo­po­de­ro­so como lo pre­sen­ta el revi­sio­nis­mo.
La pro­pa­gan­da sobre la moder­ni­za­ción, y la nece­si­dad de “ade­cuar­se” a ella en los paí­ses del Tercer Mundo, tiene hoy el mismo obje­ti­vo colo­ni­za­dor que cuan­do el impe­ria­lis­mo nos impu­so su divi­sión inter­na­cio­nal del tra­ba­jo, y nos domi­nó con su supe­rio­ri­dad tec­no­ló­gi­ca avan­za­da en la rama del trans­por­te, la ener­gía, de la refri­ge­ra­ción, el auto­mo­tor, la side­rur­gia, etc. Y la inter­de­pen­den­cia del mundo actual, impli­ca para nues­tros paí­ses una cre­cien­te depen­den­cia, ya que los cen­tros impe­ria­lis­tas mun­dia­les tie­nen palan­cas eco­nó­mi­cas que les per­mi­ten deter­mi­nar la orien­ta­ción, y el ritmo, de cre­ci­mien­to de nues­tras eco­no­mías, en tanto estas no con­quis­ten su inde­pen­den­cia. La expor­ta­ción de tec­no­lo­gías que son el pro­duc­to de gigan­tes­cas inver­sio­nes loca­li­za­das en las metró­po­lis impe­ria­lis­tas, pro­pie­dad de los mono­po­lios, refuer­zan la depen­den­cia de nues­tros paí­ses. En 1975 los paí­ses indus­tria­li­za­dos poseían el 94% de todas las paten­tes de inven­ción y el 85% de ellas esta­ba con­tro­la­da por los gran­des mono­po­lios inter­na­cio­na­les. El Tercer Mundo pier­de, por año, más de 25.000 espe­cia­lis­tas que emi­gran a los paí­ses desa­rro­lla­dos.

 

La disputa interimperialista y América Latina

En ese marco inter­na­cio­nal crece la dis­pu­ta inte­rim­pe­ria­lis­ta en América Latina.
América Latina es vital para el impe­ria­lis­mo yan­qui: por ser su prin­ci­pal fuen­te de abas­te­ci­mien­to de mate­rias pri­mas estra­té­gi­cas (anti­mo­nio, man­ga­ne­so, esta­ño, el 96% de la bau­xi­ta y el 40% del petró­leo); por­que los EE.UU. des­ti­nan a América Latina un por­cen­ta­je de sus expor­ta­cio­nes seme­jan­te al que va a Europa; América Latina absor­be el 20% de las inver­sio­nes yan­quis en el extran­je­ro; y de América Latina pro­vie­nen las 2/3 par­tes de la droga que entra a EE.UU.
Pero por sobre todas las cosas América Latina es el “patio tra­se­ro” del impe­ria­lis­mo yan­qui, vital para su lucha por el domi­nio mun­dial con su rival sovié­ti­co. Si éste logra­se empan­ta­nar a los yan­quis en América del Sur –con el desa­rro­llo de gue­rri­llas y movi­mien­tos revo­lu­cio­na­rios vin­cu­la­dos a la URSS– el impe­ria­lis­mo yan­qui vería ata­das sus pier­nas para enfren­tar la
dis­pu­ta por la hege­mo­nía mun­dial. En esa direc­ción la estra­te­gia sovié­ti­ca en América del Sur teje, minu­cio­sa­men­te, la rela­ción de los fren­tes gue­rri­lle­ros que influen­cia con el nar­co­trá­fi­co, para incen­diar, en un perío­do no muy largo, la lade­ra orien­tal de los Andes y la zona de las nacien­tes de las tres gran­des cuen­cas flu­via­les del con­ti­nen­te (Orinoco, Amazonas y el Plata). Los yan­quis, por su lado, uti­li­zan la lucha con­tra el nar­co­trá­fi­co como pre­tex­to para meter a sus tro­pas y armas en América del Sur.
Los yan­quis temen el lla­ma­do “efec­to domi­nó” de la rebe­lión cen­tro­a­me­ri­ca­na sobre México, el país lati­no­a­me­ri­ca­no de mayor impor­tan­cia estra­té­gi­ca para ellos.
El lla­ma­do Documento Santa Fe 1, en 1980, esta­ble­ció que América Latina y el Caribe deben ser el “escu­do de la nueva segu­ri­dad mun­dial y espa­da de la expan­sión del poder glo­bal de los Estados Unidos” y, en cuan­to al Atlántico Sur, ya en 1980 el Consejo de Seguridad de los EE.UU. plan­teó la nece­si­dad de ase­gu­rar su defen­sa, alen­tan­do a Gran Bretaña “a man­te­ner aque­llas islas (por las Islas Malvinas) bajo su sobe­ra­nía ante cual­quier cir­cuns­tan­cia.
América Latina es, tam­bién el prin­ci­pal cen­tro de las inver­sio­nes ale­ma­nas en el mundo. Tradicionalmente fran­ce­ses, ingle­ses, ale­ma­nes y yan­quis han lucha­do por el domi­nio de estos paí­ses y duran­te muchas déca­das fue el cen­tro de la riva­li­dad entre yan­quis e ingle­ses. En las últi­mas déca­das han pene­tra­do pro­fun­da­men­te los sovié­ti­cos, ensi­llan­do los pro­ce­sos revo­lu­cio­na­rios lati­no­a­me­ri­ca­nos, con la ayuda, prin­ci­pal­men­te, desde fines de la déca­da del sesen­ta, del gobier­no cuba­no, y aso­cián­do­se, y subor­di­nan­do, a sec­to­res de las cla­ses domi­nan­tes loca­les.
Cada día les es más difí­cil a las bur­gue­sías nacio­na­les del Tercer Mundo com­pe­tir con las cor­po­ra­cio­nes impe­ria­lis­tas. Una sola de éstas, la Exxon yan­qui, fac­tu­ró, en 1975, más del doble que las 200 mayo­res cor­po­ra­cio­nes del Brasil jun­tas.
Las bur­gue­sías nacio­na­les lati­no­a­me­ri­ca­nas (salvo excep­cio­nes) tra­tan de uti­li­zar las riva­li­da­des inte­rim­pe­ria­lis­tas para for­ce­je­ar y nego­ciar por­cio­nes de poder. Tienen menos mar­gen para hacer­lo que en la inme­dia­ta post­gue­rra y han per­di­do vigor refor­mis­ta. Quieren cre­cer com­par­tien­do el mer­ca­do nacio­nal, regio­nal e inter­na­cio­nal, con los mono­po­lios inter­na­cio­na­les, a los que cada día están más vin­cu­la­dos (espe­cial­men­te la gran bur­gue­sía) por las nece­si­da­des finan­cie­ras y tec­no­ló­gi­cas para poder expan­dir su pro­duc­ción. La gran bur­gue­sía nacio­nal lati­no­a­me­ri­ca­na ha ido con­cen­trán­do­se para poder com­pe­tir en el mer­ca­do nacio­nal y ganar mer­ca­dos regio­na­les y mun­dia­les y, para hacer­lo, ha ido entre­la­zan­do sus inte­re­ses, cre­cien­te­men­te, con gru­pos finan­cie­ros y mono­po­lios impe­ria­lis­tas. Aspiran a desa­rro­llar pro­ce­sos de inte­gra­ción regio­nal para ampliar sus mer­ca­dos sin la nece­si­dad de tener que desa­rro­llar sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te sus mer­ca­dos inter­nos. Porque para hacer esto últi­mo las bur­gue­sías lati­no­a­me­ri­ca­nas debe­rían rea­li­zar refor­mas agra­rias y pro­ce­sos inde­pen­den­tis­tas que revo­lu­cio­na­rían a los paí­ses lati­no­a­me­ri­ca­nos; paí­ses en los que el ene­mi­go his­tó­ri­co de la bur­gue­sía, el pro­le­ta­ria­do, ya es la prin­ci­pal fuer­za motriz revo­lu­cio­na­ria.
En estas con­di­cio­nes, ame­na­za­da per­ma­nen­te­men­te por la quie­bra y la ruina, la bur­gue­sía peque­ña y media­na, muy nume­ro­sa en nues­tros paí­ses, resis­te cre­cien­te­men­te los plan­teos exclu­si­va­men­te mer­ca­do exter­nis­tas, defien­de el desa­rro­llo del mer­ca­do inter­no, enfren­ta en cier­to grado y medi­da la domi­na­ción impe­ria­lis­ta y esti­mu­la a las corrien­tes nacio­na­lis­tas de nues­tras socie­da­des.
Las bur­gue­sías nacio­na­les de Brasil y Argentina empu­jan un mer­ca­do regio­nal que, con Uruguay, Paraguay y Bolivia, ten­dría un terri­to­rio de 13.342.000 km2, supe­ra­do sólo por el terri­to­rio de la Unión Soviética. Los 147 millo­nes de habi­tan­tes de Brasil, más los 30 millo­nes de argen­ti­nos, cons­ti­tui­rían un mer­ca­do inte­re­san­te para esas bur­gue­sías. Más aún si se amplía a los paí­ses men­cio­na­dos y, desde allí, a toda América del Sur. Este obje­ti­vo que enfren­ta, en cier­ta medi­da, la opo­si­ción de las super­po­ten­cias, es pro­gre­sis­ta. Algunos gru­pos de bur­gue­sía inter­me­dia­ria rela­cio­na­dos con gru­pos euro­peos, tra­di­cio­na­les en la región, tam­bién impul­san este pro­yec­to. Tal el caso de Bunge y Born, un grupo mono­po­lis­ta que desde prin­ci­pios de siglo xx ha enfren­ta­do a los mono­po­lios yan­quis en América del Sur en alian­za direc­ta con gru­pos ale­ma­nes y man­te­nien­do áreas de inte­re­ses repar­ti­das con gru­pos ingle­ses. De los 50.000 emplea­dos que tiene el grupo Bunge y Born en todo el mundo, 35.000 son bra­si­le­ños y sus 117 empre­sas en ese país fac­tu­ran por 4.500 millo­nes de dóla­res anua­les. En la Argentina la fac­tu­ra­ción total de las 40 empre­sas del grupo fue esti­ma­da en 1985, en 900 millo­nes de dóla­res.

 

Vigencia de la teoría de los Tres Mundos

En rela­ción a los cam­bios pro­du­ci­dos en la situa­ción inter­na­cio­nal en la déca­da del 80 se dis­cu­te la vigen­cia actual de la teo­ría de los Tres Mundos.
Corresponde dife­ren­ciar en esa teo­ría los ele­men­tos coyun­tu­ra­les, refe­ri­dos al momen­to pre­ci­so en que ella fue for­mu­la­da, de aque­llos que hacen al aná­li­sis de un perío­do rela­ti­va­men­te más pro­lon­ga­do de la polí­ti­ca inter­na­cio­nal de post­gue­rra.
La teo­ría de los Tres Mundos es una sín­te­sis cien­tí­fi­ca de la lucha de cla­ses a esca­la mun­dial for­mu­la­da por Mao a media­dos de la déca­da del 70. Analiza las con­tra­dic­cio­nes fun­da­men­ta­les del mundo con­tem­po­rá­neo sobre la base de la teo­ría de Lenin sobre la época. Lenin defi­nió la época actual como “la época del impe­ria­lis­mo y la revo­lu­ción pro­le­ta­ria”. Y demos­tró que el impe­ria­lis­mo trae como con­se­cuen­cia la divi­sión del mundo ente­ro en nacio­nes opre­so­ras y nacio­nes opri­mi­das, con el pro­le­ta­ria­do inter­na­cio­nal luchan­do al lado de estas últi­mas. Esta divi­sión del mundo actual –que los revi­sio­nis­tas del mar­xis­mo y los teó­ri­cos de la bur­gue­sía dan por supe­ra­da– es la divi­sión bási­ca para ana­li­zar la situa­ción inter­na­cio­nal. Esa divi­sión del mundo entre nacio­nes opre­so­ras y opri­mi­das era, para Lenin, y es para los mar­xis­tas-leni­nis­tas, “la esen­cia del impe­ria­lis­mo”, y sólo desa­pa­re­ce­rá con la desa­pa­ri­ción de éste. Esta divi­sión es la base para toda línea polí­ti­ca
inter­na­cio­nal y nacio­nal del pro­le­ta­ria­do. Puesto que, como demos­tró Lenin no es igual “desde el punto de vista de la opre­sión nacio­nal la situa­ción del pro­le­ta­ria­do de las nacio­nes opre­so­ras y opri­mi­das” … ni en el aspec­to eco­nó­mi­co, ni en el polí­ti­co, ni en el ideo­ló­gi­co, ni en el espi­ri­tual, etc.”.
Lenin demos­tró tam­bién la ley del desa­rro­llo desi­gual, y a sal­tos, de los paí­ses impe­ria­lis­tas y la inevi­ta­bi­li­dad, por lo tanto, de que recu­rran a la gue­rra para repar­tie­se el mundo.
La teo­ría de los Tres Mundos con­si­de­ra que en la actua­li­dad los Estados Unidos y la URSS cons­ti­tu­yen el Pri­mer Mundo. Fuerzas inter­me­dias como Japón, Europa y Canadá el Segun­do Mundo y toda Asia (con excep­ción de Japón) toda Áfri­ca y América Latina, per­te­ne­cen al Tercer Mundo Esa teo­ría maoís­ta no con­cier­ne sola­men­te a las rela­cio­nes entre Estados y nacio­nes. Se refie­re a la cues­tión clave de la lucha de cla­ses a nivel mun­dial ya que, la lucha nacio­nal, como tam­bién plan­teó Lenin, es, en últi­mo tér­mi­no, un pro­ble­ma de la lucha de cla­ses, y por­que la lucha anti­im­pe­ria­lis­ta de las nacio­nes opri­mi­das es parte inte­gran­te del movi­mien­to socia­lis­ta del pro­le­ta­ria­do mun­dial. Como demues­tra la expe­rien­cia his­tó­ri­ca de la post­gue­rra los pue­blos opri­mi­dos sólo pue­den triun­far en el com­ba­te con­tra la opre­sión que les impo­ne el “avan­za­do y civi­li­za­do” capi­ta­lis­mo, si se unen estre­cha­men­te con el pro­le­ta­ria­do inter­na­cio­nal.
La enor­me mayo­ría de la pobla­ción de la tie­rra per­te­ne­ce a los pue­blos del Tercer Mundo y lucha deno­da­da­men­te por su libe­ra­ción. Esta lucha debi­li­ta, soca­va y des­com­po­ne al impe­ria­lis­mo y al socia­lim­pe­ria­lis­mo. Sin nin­gu­na duda la suer­te del com­ba­te mun­dial del pro­le­ta­ria­do por el socia­lis­mo, con sus vuel­tas y revuel­tas, con sus perío­dos de ascen­so y des­cen­so, de flujo y reflu­jo, de triun­fos y derro­tas, depen­de­rá his­tó­ri­ca­men­te, para su triun­fo, del triun­fo de la lucha anti­im­pe­ria­lis­ta de los pue­blos del Tercer Mundo.
Para la teo­ría de los Tres Mundos, la URSS y los EE.UU. son los mayo­res explo­ta­do­res, opre­so­res y agre­so­res en el campo inter­na­cio­nal. El ene­mi­go común de los pue­blos del mundo ente­ro, y su dis­pu­ta por la hege­mo­nía mun­dial lle­va­rá inevi­ta­ble­men­te a una con­fla­gra­ción mun­dial. Según la teo­ría de los Tres Mundos las dos super­po­ten­cias recu­rren al hege­mo­nis­mo “para pre­pa­rar la gue­rra” y, a la vez, el domi­nio mun­dial es “el obje­ti­vo que per­si­guen para desa­tar­la”. Toda la his­to­ria de la déca­da del 80 ejem­pli­fi­ca y demues­tra la jus­te­za de esas tesis maoís­tas con las agre­sio­nes per­ma­nen­tes de las dos super­po­ten­cias en Asia, Áfri­ca y América Latina y su dis­pu­ta por el domi­nio mun­dial. Y los acon­te­ci­mien­tos recien­tes, en pleno perío­do de dis­ten­sión en las rela­cio­nes entre los Estados Unidos y la URSS, tanto en América Central como en Afganistán, en Camboya, en el Medio Oriente, demues­tran lo mismo.
Los pue­blos del Ter­cer Mundo están a la cabe­za en la lucha con­tra las super­po­ten­cias hege­mó­ni­cas. Por su lado los paí­ses del Segundo Mundo, paí­ses desa­rro­lla­dos, tie­nen con­tra­dic­cio­nes tanto con los paí­ses del Primer Mundo como con los del Tercer Mundo. Así lo demues­tran los suce­sos actua­les en el Este euro­peo y la lucha de los paí­ses de esa región por sacu­die­se el yugo sovié­ti­co. Y lo demues­tra, tam­bién, la cre­cien­te inde­pen­den­cia de los paí­ses euro­peos y Japón fren­te a los yan­quis. Estas riva­li­da­des no impli­can la desa­pa­ri­ción de las con­tra­dic­cio­nes de los paí­ses del Segundo Mundo con los del Tercer Mundo, a los que ellos tam­bién quie­ren some­ter a su domi­nio.
El clima de dis­ten­sión actual no ha sig­ni­fi­ca­do un cam­bio impor­tan­te en el hecho de que tanto los EE.UU., como la URSS, tie­nen cen­te­na­res de miles de hom­bres de sus fuer­zas arma­das des­pa­rra­ma­dos por el mundo, en bases, en su flota de gue­rra, como ase­so­res mili­ta­res, etc..
En la déca­da del 80 se han pro­du­ci­do, como vimos, cam­bios impor­tan­tes en la corre­la­ción de fuer­zas entre las super­po­ten­cias. La déca­da del 70 fue una déca­da de expan­sión agre­si­va, des­en­fre­na­da, de la URSS, en la penín­su­la indo­chi­na, Afganistán, Medio Oriente, Cuerno de Áfri­ca, Angola y Áfri­ca Sudoccidental, América Central y América del Sur (su mano estu­vo tras el inten­to de la dic­ta­du­ra argen­ti­na de ir a la gue­rra con Chile en 1978). Pero, como dijo Mao en 1975: “su fuer­za está por deba­jo de su vora­ci­dad”, y su ofen­si­va, entra­ña­ba la derro­ta. En la déca­da del 80 los EE.UU. logra­ron rever­tir par­cial­men­te esto y se esta­ble­ció una situa­ción que nues­tro Quinto Congreso defi­nió como de “equi­li­brio ines­ta­ble y pre­ca­rio entre las dos super­po­ten­cias”. Este equi­li­brio no anuló su dis­pu­ta. Todo lo con­tra­rio. Pero anuló, momen­tá­nea­men­te, a ambas, para expan­dir­se en la medi­da de sus deseos. Esto favo­re­ció “tran­si­to­ria­men­te, el avan­ce de las otras poten­cias impe­ria­lis­tas como Alemania Federal, Japón, Italia, Inglaterra, en Occidente, y ten­den­cias sepa­ra­tis­tas en el Este euro­peo y dio alas inde­pen­den­tis­tas a los paí­ses del Tercer Mundo.” (Quinto Congreso del PCR. Documentos. Página 56).
Los cam­bios pro­du­ci­dos en los últi­mos años de la déca­da del 80 no qui­tan vali­dez a lo afir­ma­do por Mao en febre­ro de 1976: “Los EE.UU. tie­nen inte­re­ses que pro­te­ger en el mundo, mien­tras que la URSS quie­re la expan­sión: esto es inal­te­ra­ble.”
No es cier­to –como afir­mó Carlos Menem en los EE.UU.– que la URSS “se encie­rra sobre sí misma “ por los pro­ble­mas que debe afron­tar actual­men­te. Todo lo con­tra­rio. Su acti­vi­dad diplo­má­ti­ca se ha inten­si­fi­ca­do, inclu­so en áreas que antes esta­ban rela­ti­va­men­te veda­das para su inter­ven­ción diplo­má­ti­ca direc­ta, como es el caso de América Central. En el caso par­ti­cu­lar de nues­tro país la pre­sión sovié­ti­ca en el últi­mo perío­do se ha hecho des­ca­ra­da ya que, como afir­mó Olg Klimov, pre­si­den­te de la com­pa­ñía sovié­ti­ca Exportkhleb, de comer­cio exte­rior, “la URSS com­pra donde le resul­ta más bara­to” (Clarín: 28-10-89) y los expor­ta­do­res argen­ti­nos debe­rán com­pe­tir, afir­mó, si quie­ren man­te­ner sus ven­tas a la URSS, con los gra­nos sub­si­dia­rios por los Estados Unidos y la Comunidad Económica Europea bajan­do sus pre­cios de expor­ta­ción, y rea­li­zan­do nue­vas con­ce­sio­nes al socia­lim­pe­ria­lis­mo.
Tampoco es cier­to, como afir­man algu­nos teó­ri­cos del gobier­no mene­mis­ta, que los EE.UU., la URSS y las poten­cias impe­ria­lis­tas se “des­preo­cu­pan” por el Tercer Mundo, y que, en la medi­da en que los paí­ses del mismo no se engan­chen con los pla­nes “moder­ni­za­do­res” en boga serán “aban­do­na­dos” por los paí­ses cen­tra­les. No es cier­to que deba­mos “subir­nos como poda­mos, inclu­so en el fur­gón de cola” de los pla­nes actua­les del impe­ria­lis­mo. Por el con­tra­rio: las poten­cias impe­ria­listas se moder­ni­zan, se rea­gru­pan y pla­ni­fi­can para opri­mir aún más feroz­men­te a nues­tros paí­ses.
Tampoco es cier­to que los pue­blos del Tercer Mundo han per­di­do impor­tan­cia en la polí­ti­ca mun­dial. Fueron los gol­pes demo­le­do­res de la gue­rri­lla afga­na y cam­bo­ya­na y la lucha heroi­ca de los gue­rri­lle­ros eri­treos, los que juga­ron un papel rele­van­te en el esta­lli­do de la cri­sis polí­ti­ca en la Unión Soviética, al demos­trar que tam­bién su Ejército y el pro­pio socia­lim­pe­ria­lis­mo es un “tigre de papel”, como afir­mó Mao. Y ha sido el fra­ca­so rei­te­ra­do del impe­ria­lis­mo yan­qui en su polí­ti­ca inter­ven­cio­nis­ta en América Central, en Libia y en el Medio Oriente, el que ha pues­to de mani­fies­to su deca­den­cia impe­rial ante los ojos del mundo ente­ro.
Incluso no les va bien a yan­quis y rusos con los resul­ta­dos de las elec­cio­nes que se han rea­li­za­do en América Latina (México, Brasil, Argentina, Uruguay, e inclu­so en otros paí­ses). Los gobier­nos y fuer­zas que han sur­gi­do de esos pro­ce­sos no son sim­ple “facha­da demo­crá­ti­ca de la polí­ti­ca yan­qui”, como dicen sec­to­res pro­so­vié­ti­cos, reve­lan­do que no les va bien a estos con ellos, y tam­po­co les va mejor a los yan­quis.
Ambas super­po­ten­cias recu­rren a nue­vos dis­fra­ces y teo­rías para jus­ti­fi­car sus aven­tu­ras expan­sio­nis­tas. Se dis­fra­zan de cor­de­ro, como la URSS en Europa y Asia. O pre­tex­tan luchar con­tra el nar­co­trá­fi­co como jus­ti­fi­ca­ti­vo “moral” del inter­ven­cio­nis­mo yan­qui en América del Sur y América Central. Pero serán des­en­mas­ca­ra­dos, una y otra vez, por los pue­blos del Tercer Mundo y las nacio­nes opri­mi­das, por­que la ten­den­cia mun­dial que se con­so­li­da es hacia la rebe­lión de los pue­blos opri­mi­dos y hacia la inde­pen­den­cia de las nacio­nes y paí­ses.
La Novena Conferencia Cumbre de Jefes de Estado o de Gobierno de los Países No Alineados, que se rea­li­zó del 4 al 7 de sep­tiem­bre de 1989 en Belgrado, fue repre­sen­ta­ti­va del for­ta­le­ci­mien­to de este movi­mien­to, por la asis­ten­cia récord a esa reu­nión de paí­ses no ali­nea­dos y Estados obser­va­do­res e invi­ta­dos. Esto desau­to­ri­za, en parte, la opi­nión según la cual ese movi­mien­to no tiene lugar en el mundo actual.
Los paí­ses, pue­blos y nacio­nes del Tercer Mundo son la fuer­za anti­im­pe­ria­lis­ta prin­ci­pal del mundo actual y lo segui­rán sien­do por un tiem­po pro­lon­ga­do. Juzgando la situa­ción en su con­jun­to, siguen exis­tien­do con­di­cio­nes favo­ra­bles para el desa­rro­llo y for­ta­le­ci­mien­to de las fuer­zas revo­lu­cio­na­rias anti­im­pe­ria­lis­tas del Tercer Mundo y es muy difí­cil para las super­po­ten­cias aplas­tar este movi­mien­to, por­que sus fuer­zas repre­si­vas son limi­ta­das para enfren­tar­lo, exis­ten con­flic­tos entre las super­po­ten­cias y las fuer­zas impe­ria­lis­tas del Segundo Mundo, y la lucha por la hege­mo­nía en Europa con­su­me lo prin­ci­pal de sus ener­gías.
Si bien nos opo­ne­mos a las dos super­po­ten­cias y a todos los impe­ria­lis­mos, sigue sien­do váli­do explo­tar sus dife­ren­cias. Cuando se atizó la riva­li­dad yan­qui-sovié­ti­ca por el pre­do­mi­nio en la Argentina, duran­te la dic­ta­du­ra violo-vide­lis­ta, fue líci­to apro­ve­char la cam­pa­ña de los yan­quis por los
dere­chos huma­nos con­tra los sec­to­res liga­dos al socia­lim­pe­ria­lis­mo ruso que hege­mo­ni­za­ban esa dic­ta­du­ra. Lo mismo cuan­do la dic­ta­du­ra pre­ten­dió ir a la gue­rra con­tra Chile, uti­li­zan­do la dis­pu­ta del Beagle como pan­ta­lla de la polí­ti­ca expan­sio­nis­ta de la URSS, que pro­cu­ra­ba abas­te­cer de armas a las Fuerzas Armadas argen­ti­nas y lograr con­ce­sio­nes estra­té­gi­cas. Durante la gue­rra de Malvinas, fue correc­to tra­tar de apro­ve­char esa riva­li­dad a favor de la lucha por la recu­pe­ra­ción del terri­to­rio nacio­nal ocu­pa­do por el impe­ria­lis­mo inglés. También la riva­li­dad inte­rim­pe­ria­lis­ta, la con­tra­dic­ción entre las super­po­ten­cias y dife­ren­tes poten­cias impe­ria­lis­tas, si bien es una con­tra­dic­ción secun­da­ria, puede ser apro­ve­cha­da en la lucha nacio­nal y de cla­ses en el país, en torno a la lucha por la amplia­ción del mer­ca­do inter­no, la defen­sa de la indus­tria, etc.
Por otro lado la lucha de los pue­blos, paí­ses y nacio­nes del Tercer Mundo con­tra las dos super­po­ten­cias, esti­mu­la tam­bién la reor­ga­ni­za­ción y la acu­mu­la­ción de fuer­zas del movi­mien­to obre­ro y revo­lu­cio­na­rio de los paí­ses avan­za­dos, en donde no exis­te una situa­ción revo­lu­cio­na­ria direc­ta que per­mi­ta a esas fuer­zas plan­te­ar­se en lo inme­dia­to la toma del poder.

 

Centros de tormenta revolucionaria

En la actua­li­dad América Central es un foco de tor­men­ta revo­lu­cio­na­ria. La lucha heroi­ca de la gue­rri­lla sal­va­do­re­ña con­tra el gobier­no ultra­rre­ac­cio­na­rio de ese país, y la resis­ten­cia de los pue­blos nica­ra­güen­se y pana­me­ño con­tra la intro­mi­sión y la ocu­pa­ción des­ver­gon­za­das del impe­ria­lis­mo yan­qui, encuen­tran apoyo soli­da­rio en todo el mundo.
Terceros paí­ses, en espe­cial ambas super­po­ten­cias, se entre­me­ten abier­ta­men­te en Centroamérica para uti­li­zar la lucha demo­crá­ti­ca y anti­im­pe­ria­lis­ta de esos pue­blos como un peón en un table­ro ajeno, por lo que la situa­ción en toda el área es com­ple­ja igual que en otros focos de tor­men­ta.
También se man­ti­e­ne el com­ba­te revo­lu­cio­na­rio arma­do en Camboya (en donde los inva­so­res viet­na­mi­tas han sufri­do una dura derro­ta); en Afganistán (con­tra el gobier­no títe­re de los sovié­ti­cos); en Etiopía y en Áfri­ca del Sur. El levan­ta­mien­to, el Intifada del pue­blo pales­ti­no, es apo­ya­do por el pro­le­ta­ria­do y los pue­blos revo­lu­cio­na­rios de todo el mundo. Se man­ti­e­ne la lucha arma­da libe­ra­do­ra del pue­blo fili­pi­no, enca­be­za­da por su par­ti­do mar­xis­ta-leni­nis­ta. No ha podi­do ser aplas­ta­do el movi­mien­to inde­pen­den­tis­ta del pue­blo iraní, y los agre­so­res yan­quis se han roto los dien­tes hasta ahora, fra­ca­san­do una y otra vez en sus inten­tos de derri­bar el gobier­no de Kadafi.
Se acu­mu­la mate­rial infla­ma­ble en toda América del Sur. Así lo demues­tran las recien­tes elec­cio­nes bra­si­le­ñas, en las que la izquier­da reco­gió cerca del 50% de los votos; cre­cen las luchas del pue­blo para­gua­yo, espe­cial­men­te las luchas obre­ras, y las del cam­pe­si­na­do por la tie­rra. Se acu­mu­lan ele­men­tos revo­lu­cio­na­rios en Colombia y Venezuela y espe­cial­men­te en Perú; y ha sido des­pla­za­da la dic­ta­du­ra pino­che­tis­ta en Chile, en donde cre­cen los
fac­to­res favo­ra­bles a un auge del movi­mien­to demo­crá­ti­co. El triun­fo del Frente Amplio en las recien­tes elec­cio­nes en Montevideo, pese a la hege­mo­nía que los revi­sio­nis­tas pro­so­vié­ti­cos tie­nen en ese fren­te, es parte del mismo pro­ce­so.
Las nacio­na­li­da­des opri­mi­das por el socia­lim­pe­ria­lis­mo han ini­cia­do un com­ba­te libe­ra­dor que no podrá ser aplas­ta­do defi­ni­ti­va­men­te por los nue­vos zares y que con­mo­cio­na­rá, sin dudas, el fin de este siglo y los ini­cios del pró­xi­mo.
En el Este euro­peo la lucha nacio­nal y demo­crá­ti­ca de los pue­blos pola­co, hún­ga­ro, che­cos­lo­va­co, y ale­mán apor­ta para soca­var y dis­gre­gar el impe­rio sovié­ti­co, y ha per­mi­ti­do a esos pue­blos con­quis­tar cier­ta auto­no­mía nacio­nal e impor­tan­tes liber­ta­des demo­crá­ti­cas. Esta lucha está actual­men­te hege­mo­ni­za­da por ten­den­cias no pro­le­ta­rias pero con­tie­ne gér­me­nes revo­lu­cio­na­rios impor­tan­tes, por el rol que juega en ellas el pro­le­ta­ria­do, orga­ni­za­do cre­cien­te­men­te en forma inde­pen­dien­te de los sin­di­ca­tos ofí­cia­les, a tra­vés de comi­tés de huel­ga y de lucha, autó­no­mos, elec­tos por las bases del movi­mien­to obre­ro y revo­ca­bles por éstas en cual­quier momen­to, y por­que en el auge del movi­mien­to han apa­re­ci­do fuer­zas mar­xis­tas revo­lu­cio­na­rias que se nie­gan a acep­tar que esa lucha sirva sólo para cam­biar una forma de explo­ta­ción capi­ta­lis­ta por otra.
En las pro­pias super­po­ten­cias se des­ta­ca el com­ba­te de la clase obre­ra, tanto en la URSS como en los EE.UU., que busca, desde abajo, la forma de orga­ni­zar­se con inde­pen­den­cia de las direc­cio­nes sin­di­ca­les ofí­cia­les. Han teni­do gran reper­cu­sión las huel­gas de los mine­ros y ferro­via­rios sovié­ti­cos y la de los mine­ros yan­quis. En los EE.UU. ha habi­do gran­des movi­li­za­cio­nes de los “sin techo”, y del movi­mien­to de muje­res y revo­lu­cio­na­rio con­tra la pro­hi­bi­ción del abor­to.
Albania, Rumania, Yugoslavia y Corea del Norte, paí­ses en los que se ha eli­mi­na­do en mayor o menor medi­da la pro­pie­dad pri­va­da de los medios de pro­duc­ción, han resis­ti­do, duran­te años, las pre­sio­nes y chan­ta­jes del impe­ria­lis­mo en gene­ral y del impe­ria­lis­mo sovié­ti­co en par­ti­cu­lar para que acep­ten las órde­nes de su batu­ta, sin poder ser doble­ga­dos hasta ahora. Su resis­ten­cia apor­ta al com­ba­te anti­im­pe­ria­lis­ta de los pue­blos. Luego de los acuer­dos de Malta la resis­ten­cia ruma­na fue aba­ti­da por el golpe de Estado rea­li­za­do por fuer­zas subor­di­na­das a la URSS, que se mon­ta­ron en el cre­cien­te des­con­ten­to y movi­li­za­ción del pue­blo con­tra el gobier­no de Ceaucescu y en la repre­sión rea­li­za­da par­ti­cu­lar­men­te en la ciu­dad de Timisoara.
En los últi­mos meses ha sali­do a luz la resis­ten­cia del gobier­no cuba­no a seguir las indi­ca­cio­nes del bas­tón de mando de Gorbachov. La URSS ha con­tes­ta­do con san­cio­nes eco­nó­mi­cas que ponen en serio ries­go a la eco­no­mía cuba­na y ame­na­zan con el ham­bre a su pue­blo, que sigue sufrien­do, por otra parte, el cerco eco­nó­mi­co y mili­tar de los yan­quis.
La resis­ten­cia cuba­na a la voz de mando de Moscú, expre­sa, obje­ti­va­men­te, en cier­to grado y medi­da, la resis­ten­cia de un país opri­mi­do a la opre­sión de una super­po­ten­cia y con­tri­bu­ye a la lucha mun­dial con­tra las dos super­po­ten­cias. Fidel Castro resis­te a la per­es­troi­ka gor­ba­cho­via­na desde posi­cio­nes que empal­man con las que sos­tu­vie­ron Brehznev, en la URSS, y Honneker, en la República Democrática Alemana. No es la pri­me­ra vez que Castro for­ce­jea con los jefes sovié­ti­cos. Pero siem­pre lo hizo –igual que ahora– apo­yán­do­se en un sec­tor del gobier­no sovié­ti­co con­tra otro. Nunca enfren­tó desde una posi­ción inde­pen­dien­te al socia­lim­pe­ria­lis­mo. Por lo que su resis­ten­cia no es garan­tía de una polí­ti­ca de inde­pen­den­cia nacio­nal para el pue­blo cuba­no.

 

La restauración del capitalismo en la URSS

Nuestro Partido defi­nió, en 1972, que en la URSS y los lla­ma­dos paí­ses socia­lis­tas que gira­ban en su órbi­ta, había sido res­tau­ra­do el capi­ta­lis­mo y que la URSS se había trans­for­ma­do en una poten­cia impe­ria­lis­ta. Dijimos que se había res­tau­ra­do la explo­ta­ción del tra­ba­jo asa­la­ria­do por una bur­gue­sía buro­crá­ti­ca mono­po­lis­ta de Estado. Planteamos que al recha­zar Jruschov y sus segui­do­res, a fines de la déca­da del 50, la dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do, habían rene­ga­do del mar­xis­mo; ya que éste con­si­de­ra el Estado como “un órga­no de domi­na­ción de clase” (Marx); como “una máqui­na des­ti­na­da a la opre­sión de una clase por otra” (Lenin), que exis­ti­rá mien­tras exis­tan las cla­ses y deja­rá de ser nece­sa­rio el día que éstas desa­pa­rez­can. Mientras tanto el Estado sirve a la dic­ta­du­ra de una u otra clase, y no puede ser neu­tral ni flo­tar por enci­ma de ellas, como sos­tie­nen los refor­mis­tas. Al aban­do­nar la teo­ría –y la prác­ti­ca desde ya– de la dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do, hace más de trein­ta años, los revi­sio­nis­tas moder­nos aban­do­na­ron el mar­xis­mo. “Por lo que a mí se refie­re, no me cabe el méri­to de haber des­cu­bier­to la socie­dad moder­na ni la exis­ten­cia de las cla­ses ni la lucha entre ellas.. Lo que yo he apor­ta­do como nove­dad ha sido el demos­trar: pri­me­ro, que la exis­ten­cia de cla­ses va unida sólo a deter­mi­na­das fases his­tó­ri­cas, pro­pias del desa­rro­llo de la pro­duc­ción; segun­do, que la lucha de cla­ses con­du­ce nece­sa­ria­men­te a la dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do; ter­ce­ro, que esta dic­ta­du­ra no es, a su vez, más que el trán­si­to hacia la supre­sión de todas las cla­ses y hacia una socie­dad sin cla­ses” (carta de Carlos Marx a Weydemeyer del 5-3-1852). Marxista, como dijo Lenin “sólo es el que hace exten­si­vo el reco­no­ci­mien­to de la lucha de cla­ses al reco­no­ci­mien­to de la dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do” (Lenin: El Estado y la Revolución). Lenin tam­bién seña­ló en esta obra que: “la tran­si­ción del capi­ta­lis­mo al comu­nis­mo no puede, natu­ral­men­te, por menos de pro­por­cio­nar una enor­me abun­dan­cia y diver­si­dad de for­mas polí­ti­cas, pero la esen­cia de todas ellas será nece­sa­ria­men­te una: la dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do”. Esta, como dijo Mao es “una demo­cra­cia gran­de”. Siendo que “la demo­cra­cia es un medio” y “depen­de a quién se apli­ca y con qué pro­pó­si­to”, la dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do es la demo­cra­cia gran­de para la enor­me mayo­ría del pue­blo, de la que se vale el pro­le­ta­ria­do “con­tra los ene­mi­gos de clase”. (Mao, Obras Escogidas, Tomo V, Pág. 374).
Desde ya que el derro­ca­mien­to de la dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do comen­zó por la dege­ne­ra­ción revi­sio­nis­ta del par­ti­do del pro­le­ta­ria­do, pues­to que –como lo demues­tra la his­to­ria de la huma­ni­dad– es impo­si­ble la exis­ten­cia de un movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio sin un par­ti­do revo­lu­cio­na­rio que lo diri­ja, y es impo­si­ble alcan­zar el comu­nis­mo sin un movi­mien­to comu­nis­ta de masas, lo que pre­su­po­ne un par­ti­do autén­ti­ca­men­te comu­nis­ta que sea fer­men­to revo­lu­cio­na­rio y guía de ese movi­mien­to comu­nis­ta.
No puede enton­ces con­fun­dir­nos la pro­pa­gan­da de la bur­gue­sía y el revi­sio­nis­mo. Estos atri­bu­yen la lucha actual de los pue­blos y nacio­nes opri­mi­dos por el socia­lim­pe­ria­lis­mo sovié­ti­co para librar­se de su yugo, a la opre­sión de la “dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do” y al “comu­nis­mo”; sien­do que esa lucha apun­ta con­tra la dic­ta­du­ra fas­cis­ta de la bur­gue­sía buro­crá­ti­ca mono­po­lis­ta de Estado que con­tro­la el poder, y los medios de pro­duc­ción, en la URSS y los paí­ses del Este euro­peo, y con­tra la explo­ta­ción capi­ta­lis­ta, que rige en esos paí­ses, explo­ta­ción dis­fra­za­da de socia­lis­ta pero no por ello menos capi­ta­lis­ta. El dis­fraz socia­lis­ta y comu­nis­ta es el rasgo dis­tin­ti­vo del socia­lim­pe­ria­lis­mo sovié­ti­co; así como el dis­fraz demo­crá­ti­co es el rasgo dis­tin­ti­vo del impe­ria­lis­mo yan­qui. Pero nin­gu­no de los dos deja por eso de ser impe­ria­lis­ta.
El revi­sio­nis­mo sovié­ti­co con­cen­tra sus ata­ques en Stalin. Pero siem­pre apun­tó a negar la heren­cia teó­ri­ca de Lenin y de Marx, heren­cias que, con todos sus erro­res, defen­dió Stalin. Al ata­car a Stalin como un demo­nio cri­mi­nal, jamás plan­tea el tema en tér­mi­nos de clase y de lucha de cla­ses, y el caso queda como el de un indi­vi­duo que tuvo un enor­me poder y era un ase­si­no. Un caso pato­ló­gi­co. Desliga el con­cep­to de demo­cra­cia del tipo de Estado y del con­te­ni­do con­cre­to de clase de éste. Así busca desa­cre­di­tar a la dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do y deso­rien­tar a las masas ante un pro­ble­ma que esca­pa­ría a la lucha de cla­ses, y por lo tanto ellas no pue­den trans­for­mar. Al mismo tiem­po, los jerar­cas rusos bus­can, con esa expli­ca­ción, lan­zar una cor­ti­na de humo sobre los erro­res rea­les del Partido Comunista de la URSS en épo­cas de Stalin, erro­res que con­tri­bu­ye­ron al sur­gi­mien­to del social­fas­cis­mo y de la bur­gue­sía buro­crá­ti­ca fas­cis­ta que expre­san esos jerar­cas rusos.

 

Defender las tesis fundamentales del marxismo-leninismo

La res­tau­ra­ción capi­ta­lis­ta pri­me­ro en la URSS y los paí­ses del Este euro­peo, y pos­te­rior­men­te en China, ha sido la mayor derro­ta del pro­le­ta­ria­do con­tem­po­rá­neo. El movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio del pro­le­ta­ria­do, desde su ori­gen, ha avan­za­do por olea­das y sufrió derro­tas y san­grías muy gran­des, Tal la de la Comuna de París, en 1871; la de la Revolución Rusa en 1905, en Rusia; el aplas­ta­mien­to de las insu­rrec­cio­nes pro­le­ta­rias de Hungría y Alemania en la pri­me­ra post­gue­rra, y el de las insu­rrec­cio­nes de Shangai y Cantón en la déca­da del 20; las matan­zas de la Semana Trágica y la Patagonia bajo el gobier­no de Yrigoyen, en nues­tro país; el triun­fo nazi-fas­cis­ta en Alemania e Italia; la derro­ta de la República Española en la déca­da del 30; la inva­sión nazi a la URSS y la ocu­pa­ción de gran parte de su terri­to­rio euro­peo; la derro­ta de la gue­rri­lla grie­ga de post­gue­rra; los gol­pes de Estado en Brasil, Indonesia y Argentina en los últi­mos años; para citar sólo algu­nos. Al cabo de una déca­da los acon­te­ci­mien­tos en –mayo y junio de 1989 que cul­mi­na­ron en la masa­cre de obre­ros y estu­dian­tes en la Plaza Tienanmen mos­tra­ron con cru­de­za la pér­di­da o retro­ce­so de nume­ro­sas con­quis­tas revo­lu­cio­na­rias de las masas tra­ba­ja­do­ras y popu­la­res chi­nas. La lucha por la revo­lu­ción pro­le­ta­ria no es un baile de salón. Pero nin­gu­na de estas derro­tas tuvo la mag­ni­tud que tuvo la res­tau­ra­ción capi­ta­lis­ta en la URSS y en China. Una ver­da­de­ra tra­ge­dia his­tó­ri­ca, de la que el pro­le­ta­ria­do se recu­pe­ra­rá, sin duda, pero a un enor­me costo. Con esa res­tau­ra­ción el revi­sio­nis­mo moder­no obtu­vo carac­te­rís­ti­cas ori­gi­na­les, mucho más peli­gro­sas y pér­fi­das que el revi­sio­nis­mo pre­vio a la Revolución Rusa, por­que ahora tiene el apoyo mate­rial de Estados pode­ro­sos que pasan por ser comu­nis­tas y no lo son.
Hoy es más nece­sa­ria que nunca la defen­sa de las tesis fun­da­men­ta­les del mar­xis­mo-leni­nis­mo– maoís­mo, fren­te al emba­te revi­sio­nis­ta que todo lo sal­pi­ca y corrom­pe.

 

Nuevos problemas

Al mismo tiem­po el movi­mien­to obre­ro con­tem­po­rá­neo enfren­ta nue­vos pro­ble­mas que requie­ren una res­pues­ta teó­ri­ca crea­do­ra, a la luz del mar­xis­mo, pero tenien­do a éste como guía. Y no como un catá­lo­go de dog­mas para apli­car a una rea­li­dad des­co­no­ci­da cuan­do se for­mu­la­ron sus tesis. El más impor­tan­te de esos nue­vos pro­ble­mas es, pre­ci­sa­men­te, el que surge de la res­tau­ra­ción capi­ta­lis­ta en los paí­ses socia­lis­tas, la nece­si­dad de inves­ti­gar sus cau­sas y recu­pe­rar y enri­que­cer, las tesis teó­ri­cas mar­xis­tas. Estas fue­ron bas­tar­dea­das, a veces por des­co­no­ci­mien­to, y otras por un prag­ma­tis­mo ciego, que igno­ró con­clu­sio­nes esen­cia­les de una teo­ría cien­tí­fi­ca que se ela­bo­ró siem­pre a par­tir de la prác­ti­ca social de las masas, recha­zan­do las elu­cu­bra­cio­nes al mar­gen de la misma o apli­ca­bles mecá­ni­ca­men­te a un futu­ro des­co­no­ci­do. La Revolución Cultural Proletaria en China y la teo­ría de Mao Tsetung sobre la con­ti­nui­dad de la revo­lu­ción en las con­di­cio­nes de la dic­ta­du­ra del pro­le­ta­ria­do, Quedan como gran­des hitos para el estu­dio de esos pro­ble­mas y sus pro­ba­bles reme­dios.
Entre los nue­vos pro­ble­mas, y sólo como ejem­plo, cita­re­mos:
–    Los avan­ces tec­no­ló­gi­cos actua­les y su influen­cia sobre la com­po­si­ción y las con­di­cio­nes de tra­ba­jo y vida de la clase obre­ra.
–    El fenó­me­no de la urba­ni­za­ción y la migra­ción masi­va de gran­des masas del campo a la ciu­dad y de los paí­ses del Tercer Mundo a los paí­ses cen­tra­les. El papel actual del cam­pe­si­na­do en la revo­lu­ción pro­le­ta­ria.
–    La gene­ra­li­za­ción de la ense­ñan­za media y supe­rior y la cre­cien­te pro­le­ta­ri­za­ción de gran­des masas de inte­lec­tua­les. El rol de la inte­lec­tua­li­dad en la revo­lu­ción pro­le­ta­ria moder­na.
–    Los cami­nos de desa­rro­llo eco­nó­mi­co para los paí­ses del Tercer Mundo y sus dife­ren­cias con los cami­nos pro­pios de los paí­ses avan­za­dos.
–    El cre­ci­mien­to de una enor­me masa de deso­cu­pa­dos cró­ni­cos que gene­ra pro­ble­mas des­co­no­ci­dos en el ori­gen del capi­ta­lis­mo.
–    La bur­gue­sía nacio­nal, su peso e impor­tan­cia revo­lu­cio­na­ria actual en los paí­ses depen­dien­tes.
–    El cre­ci­mien­to del movi­mien­to de muje­res y sus rei­vin­di­ca­cio­nes espe­cí­fi­cas. El femi­nis­mo y su impor­tan­cia para el movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio.
–    Características actua­les del movi­mien­to juve­nil. Sus rei­vin­di­ca­cio­nes y aspi­ra­cio­nes. Su arti­cu­la­ción con el movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio del pro­le­ta­ria­do.
–    La impor­tan­cia del movi­mien­to eco­lo­gis­ta y las for­mas de su con­ver­gen­cia con el movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio de masas.
–    La impor­tan­cia de los medios moder­nos de comu­ni­ca­ción y la lucha del movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio para dis­po­ner de ellos.
–    La gue­rra moder­na. Sus carac­te­rís­ti­cas. Su estu­dio desde el punto de vista de la lucha revo­lu­cio­na­ria de los pue­blos opri­mi­dos.

 

La unidad de los marxistas-leninistas

La marea revi­sio­nis­ta ha arras­tra­do, luego de la res­tau­ra­ción capi­ta­lis­ta en China, a muchos de de los par­ti­dos mar­xis­tas-leni­nis­tas, que, en la déca­da del 70, resis­tie­ron la línea de los revi­sio­nis­tas sovié­ti­cos. Se han man­te­ni­do, sin embar­go, orga­ni­za­cio­nes mar­xis­tas-leni­nis­ta en muchos paí­ses. Organizaciones que han sobre­vi­vi­do a lo que los revi­sio­nis­tas con­si­de­ra­ron sería el “fin del maoís­mo”. Todas ellas, en mayor o menor medi­da, se esfuer­zan por ligar­se al movi­mien­to obre­ro y revo­lu­cio­na­rio de sus paí­ses y defen­der, al calor de la lucha de masas, las tesis mar­xis­tas-leni­nis­tas. El revi­sio­nis­mo tiene bases obje­ti­vas, pero no se asien­ta sobre un suelo firme, por­que en el Este y el Oeste del mundo con­tem­po­rá­neo se agu­di­zan las con­tra­dic­cio­nes del capi­ta­lis­mo y se acu­mu­lan fac­to­res de gue­rra y de revo­lu­ción.
Hemos tra­ba­ja­do per­ma­nen­te­men­te por rela­cio­nar­nos con las orga­ni­za­cio­nes mar­xis­tas-leni­nis­tas y debe­mos, en el futu­ro, seguir tra­ba­jan­do para unir­nos con esas fuer­zas en defen­sa del inter­na­cio­na­lis­mo pro­le­ta­rio y de la revo­lu­ción, en con­tra de las super­po­ten­cias impe­ria­lis­tas.