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29 de junio de 2016

La testigo María Cristina Medina declaró sobre el centro clandestino de detención “Escuelita de Famaillá”. Relató cómo su familia fue obligada a alimentar en su domicilio a grupos de militares y de gendarmes que operaban en “La Escuelita”, que funcionó en el viejo edificio de la escuela “Diego de Rojas”.

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Reconoció a Bussi y a Videla entre los visitantes de “La Escuelita”

La casa de los Medina, que tenían entonces un almacén, estaba frente al portón del establecimiento educativo y era una de las pocas en la zona en 1975.

La casa de los Medina, que tenían entonces un almacén, estaba frente al portón del establecimiento educativo y era una de las pocas en la zona en 1975.
En palabras de la testigo: “Nos tuvieron prisioneros en nuestra casa aproximadamente por un año, no podíamos salir sin permiso. Un día alguien de alto mando del Ejército le dijo a mi mamá que tenía que servir a la patria, dándoles de comer. Ella, que ya era viuda, no pudo seguir trabajando porque cerraron las dos bocacalles y nadie podía entrar. Iban a desayunar, almorzar, merendar y cenar”, afirmó.
Aseguró que los comensales se callaban cuando ellos servían la comida y que no conoció a ninguno por su nombre real. “A los que vi y reconocí fue a [Antonio Domingo] Bussi y a [Jorge Rafael] Videla. Los recuerdo perfectamente. Llegaron una noche, de sobretodos verdes. Se bajaron en la esquina y caminaron hasta la escuela. Bussi frecuentaba la escuela. En la cuadra estaban los soldaditos con cañoncitos y todas las cosas que lleva el Ejército a una guerra”, precisó la mujer. También dijo que nunca recibieron paga ni mercadería por parte de las fuerzas de seguridad.
Relató que primero la Policía Federal se asentó en el lugar. “Tenían carros de asalto y de ahí bajaba la gente, vendados con algo blanco. Todos los días, a cada rato. Pero no se escuchaban gritos ni quejidos. Cuando vino el Ejército y Gendarmería, sí. Traían en camiones volquetes a los detenidos. Entraban marcha atrás y sentíamos que caía gente, se quejaban al caer”. Explicó que cuando llegó el Ejército iban a comer también unos hombres que identificó como “los verdugos”. “Estaban vestidos de negro. Sabíamos que habían torturado gente porque salían con las manos manchadas de merthiolate. Eso deducía mi mamá. Creemos que eran del Ejército y que rotaban”.
Cuando el fiscal Pablo Camuña le preguntó si había visto cadáveres añadió: “Esta es la parte que me hace mal contar. De noche, a escondidas de mi mamá, con mi hermano subíamos a la terraza y nos tirábamos panza arriba para ver hacia la escuela. Son temas que no volvimos a hablar en la familia, para no recordar”. “Cuando se escuchaba que el camión estaba vacío, subíamos a la terraza. Tiraban cuerpos en el camión. Estaba oscuro, pero se escuchaban los ruidos. Esa gente no se quejaba”.
“La Escuelita” fue el primer centro clandestino del país registrado por la Comisión Nacional sobre la desaparición de personas (Conadep).
En los testimonios de víctimas que se registraron hasta ahora en el juicio, aparece mencionado como uno de los sitios adonde eran llevados los secuestrados y donde se les extraía información mediante torturas y, de acuerdo con la acusación fiscal, en base a ella generar nuevas detenciones.