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06 de septiembre de 2017

A fines de agosto se realizó una “cumbre de la migración” en París, de la que participaron cuatro países europeos (Francia, Alemania, España e Italia) y tres africanos (Libia, Níger y Chad). 

Cumbre contra los inmigrantes

En Europa no quieren más refugiados

En realidad fue una cumbre contra la inmigración de África hacia Europa. Los jefes de las potencias europeas están avanzando con una serie de medidas que impida la llegada de los migrantes, y la expulsión de una parte de los que ya están en el continente europeo. Para esto cuentan con la complicidad de los gobernantes de estos países africanos, que no dudan en encerrar a sus propias poblaciones en grandes “campos de refugiados” a cambio de “ayuda económica”.

En realidad fue una cumbre contra la inmigración de África hacia Europa. Los jefes de las potencias europeas están avanzando con una serie de medidas que impida la llegada de los migrantes, y la expulsión de una parte de los que ya están en el continente europeo. Para esto cuentan con la complicidad de los gobernantes de estos países africanos, que no dudan en encerrar a sus propias poblaciones en grandes “campos de refugiados” a cambio de “ayuda económica”.
La “preocupación” europea frente a esta oleada migratoria que escapa de las guerras y las hambrunas que el propio imperialismo provoca, la expresó la canciller alemana Angela Merkel, cuando dio las cifras de 23.500 personas que cruzaron el Mediterráneo en junio, desde Libia a Italia, de las cuales 530 murieron en la travesía. En julio cruzaron 10 mil, y murieron 210. Frente a esto, en la “Cumbre” se acordó tomar medidas para garantizar que el 90% de los migrantes que se desplazan por el continente africano no lleguen a la “ruta del Mediterráneo”. El objetivo es que se queden en estos países, para lo cual los gobiernos europeos ofrecen a sus pares de África fondos económicos. Tampoco tanto, porque como diría la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini “no es necesario inventar un nuevo plan Marshall”, remarcando que la Unión Europea ya invierte anualmente 20 mil millones de euros en el continente africano.
Lejos han quedado las fotos de Merkel con los refugiados, y las hipócritas declaraciones de varios presidentes y primeros ministros europeos. Hoy la prioridad es detener a los migrantes, y si para eso hace falta financiar a dictadores en Libia, Chad o Níger no le hacen asco. Europa prefiere que las 900 mil personas apiñadas en campos “de refugiados” a cielo abierto en Libia se consuman allí, y que no osen intentar llegar al otro lado del Mediterráneo.
Para este objetivo, además de las medidas mencionadas, y el amplio despliegue militar dispuesto por tierra, mar y aire, que devuelve los migrantes a las costas de donde salieron, ahora también se están dando la política de reclutar a las mafias que lucran con el transporte ilegal de refugiados, para que actúen como tropas parapoliciales contra estos. Se ha conocido que el gobierno libio, con financiamiento del italiano, utiliza a la “Brigada 48”, que se ocupaba del paso en botes y buques, para atacar a balazos a los migrantes que intentan escapar por el Mediterráneo, y que incluso hunden las embarcaciones.
Uno de los argumentos que más están utilizando los líderes de las potencias europeas, para frenar la inmigración, es su supuesta vinculación con el crecimiento de acciones terroristas en distintos países. Esto es un argumento que choca con que las propias agencias gubernamentales dicen que más de 90% de los  migrantes lo hacen por razones económicas, y que los detenidos por los últimos atentados son, o hijos de inmigrantes ya nacidos en Europa, o residentes de varios años.
Esta “cumbre” refuerza la política de las potencias de la Unión Europea, de blindar sus fronteras y desentenderse absolutamente de las consecuencias de décadas de explotación de los trabajadores y los pueblos de los distintos países africanos.