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18 de junio de 2014

Brasil: la pelota manchada

Un Mundial en medio de la represión

Empezó el Mundial de Fútbol, y a fuera de los estadios se libran varias batallas, entre sectores del pueblo y el gobierno brasilero. El 12 de junio, día de la inauguración, más de tres mil personas manifestaron en Belo Horizonte, contra los desalojos de las ocupaciones urbanas, y por mayor inversión en educación y salud pública. Fueron reprimidos violentamente por la policía, con gases lacrimógenos, gas pimienta y balas de goma. En San Pablo, los trabajadores del Metro, que venían en un plan de lucha por aumento salarial, también sufrieron una cruel represión los días previos al comienzo del Mundial. En Río de Janeiro hubo choques con la policía luego del partido inaugural.
En Minas Gerais, los estudiantes ocuparon el Rectorado de la Universidad Federal de Minas Gerais, en protesta por el uso del predio por parte de las fuerzas represivas, ya que está dentro de lo que se llama “perímetro FIFA”. Esta acción de los estudiantes pone arriba de la mesa el nivel de entrega por parte del gobierno brasileño a la FIFA y las empresas- imperialistas y brasileñas- que lucran con este Mundial.
El periódico A verdade, del PCR de Brasil, viene denunciando esta situación, y en un reciente artículo analiza los negociados en la construcción de los estadios, así como los aspectos más oscuros de la Copa, como el crecimiento de la prostitución infantil y el “turismo sexual”.
Los estadios fueron reconstruidos o hechos de cero en las 12 ciudades sede del Mundial. Se hicieron arreglos incluso en el Maracaná, que ya había sido reconstruido para los Juegos Panamericanos. Las principales constructoras beneficiarias fueron Odebrecht, Camargo Correa, la OEA, Andrade Gutiérrez. En el estadio Mane Garrincha, en Brasilia, el costo inicial estimado en 745 millones de dólares, se incrementó un 110%. Se gastaron $ 2,28 mil millones de dólares más que los presupuestos inicialmente previstos en la construcción de los estadios. Como se sabe, 12 obreros murieron durante la construcción de los mismos, por las terribles condiciones de trabajo. Se llegaron a detectar más de 100 trabajadores en condición de esclavitud en septiembre del año pasado, en las obras de ampliación del aeropuerto de Guarulhos, el más grande de Brasil. 
Muchas compañías de viajes venden paquetes que incluyen turismo sexual apenas disfrazado. Burdeles de São Paulo anuncian sus servicios a través de carteles publicitarios, ante la mirada impávida de los gobernantes. 
A verdade analiza uno de los instrumentos de esta política de entrega por parte del gobierno de Dilma Rousseff, basado en la aprobación de la Ley General de la Copa (Ley N º 12.663/12), en junio de 2012, con la que el Congreso, en una grave afrenta a la soberanía, prácticamente alquiló Brasil a la FIFA. Esta Ley, por ejemplo, retiró el derecho a entradas a mitad de precio para los estudiantes (artículo 26); restringió el comercio en las inmediaciones de los estadios, estableció un territorio FIFA en las regiones que se juega el Mundial que controla allí no sólo la venta de entradas sino la publicidad y demás negocios derivados; el gobierno se hace cargo de los daños causados a la FIFA durante el evento (Artículos 22, 23 y 24); y estableció el régimen especial de registro de marca en favor de la FIFA, que incluye frases como “Navidad 2014”, Brasil 2014”, y hasta el tipo de letra que se use en la cartelería. Por los artículos 4 a 7, cualquier persona que use esas frases o esa tipografía, tiene que pagar un canon a la FIFA
Para que quede claro los objetivos del gobierno brasileño, de las más de 100 obras previstas para el Mundial, las primeras que se terminaron fueron las de “seguridad”, y el gobierno brasileño firmó, en marzo, un acuerdo con la empresa norteamericana Blackwater, para dar cursos a la policía. Blackwater es la compañía de mercenarios de guerra más utilizada por el gobierno yanqui en Irak y Afganistán.