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03 de octubre de 2010

El jueves 20 de mayo, la doctora Pao-yu Ching, profesora emérita de Economía del Marygrove College de Detroit, brindó una charla sobre la situación de las mujeres en China.

La situación de las mujeres en China

Hoy 1319 / Charla en la Universidad Nacional de Quilmes

La actividad fue organizada por la Comisión de Mujeres de la UNQ, y contó con gran asistencia de público, particularmente de jóvenes.
El título de la conferencia: “Sosteniendo sólo una mitad del cielo: el camino descendente del estatus de las mujeres chinas desde el término del socialismo”, es toda una definición política por parte de su autora, que describió la realidad de las mujeres del pueblo chino antes de la revolución, los logros alcanzados por las mujeres, como parte del proceso liberador de los obreros y campesinos, y cómo son ferozmente explotadas hoy, a partir de la restauración capitalista de 1979.
Con la inestimable ayuda de dos traductoras, primero se leyó parte de la ponencia de la doctora Pao-yu Ching en el 2º Congreso Internacional Feminista de Argentina realizado por esos días en Buenos Aires, y luego la invitada contestó preguntas del público.
 Durante cerca de dos animadas horas, tuvimos oportunidad de conocer de primera mano, tanto los logros de la República Popular China en tiempo de Mao Tsetung, como la dura realidad de las mujeres chinas hoy.
Pao-yu Ching describió cómo las mujeres obreras y campesinas obtuvieron grandes logros a partir de la revolución, y de incorporarse a la producción, “durante los primeros 30 años de socialismo las mujeres de China se liberaron de las trabas del feudalismo y surgieron a una velocidad sorprendente junto a sus compañeros trabajadores y campesinos”, porque “la revolución le dio poder a los obreros y campesinos para tomar decisiones que cambiarían sus vidas y el mundo que los circundaba”, y cómo hoy las clases dominantes superexplotan a las mujeres, que salen de las aldeas en su juventud para ser mano de obra barata de las empresas, regresando no pocas de ellas, a los pocos años, muertas por las condiciones de trabajo.

Las mujeres chinas antes de la revolución
En su ponencia, Pao-yu Ching describe la situación de los campesinos antes de la revolución: “Los campesinos pobres, los medios (de la capa inferior) y los obreros rurales que eran más del 70% del total del campesinado, no tenían tierra y la tenían que alquilar a los terratenientes”. Parte de esta realidad para contar cómo las mujeres campesinas eran abusadas, tomadas como concubinas por los terratenientes (aunque estuvieran casadas con un campesino), o dejar a sus hijos para ser “amas de leche” de los hijos de las familias ricas.
Las mujeres debían hacer los duros trabajos del campo, pero, en el caso de los campesinos medios y ricos que tenían tierra, la mujer no podía heredarla. Los matrimonios eran arreglados. En las ciudades, las trabajadoras tenían salarios menores a los varones, y muchas terminaban como empleadas domésticas o vendedoras callejeras.
Luego contó las consecuencias de este sistema de explotación en la salud, con un 200 por mil de mortalidad entre los campesinos, con una esperanza de vida, en la década del 30 del siglo pasado, inferior a los 30 años. El analfabetismo era de entre 60 y 80% en las campesinas, y estaba vigente la cruel costumbre de vendarles los pies y romperles los huesos del pie, para que sus dedos pudieran ser doblados por debajo y pudieran usar diminutos zapatos.

La mujer y la revolución
Pao-yu Ching relató que el Partido Comunista chino, dirigido por Mao, comenzó el trabajo de organizar a las mujeres en las zonas liberadas. Algunas de ellas, pocas, se sumaron al trabajo político, y se unieron al Ejército de Liberación. En la zona liberada de Jianxi, en 1931 y 1934, se redactaron leyes matrimoniales con el modelo de las de la URSS, permitiendo el divorcio. Luego de la revolución, en 1950, se dictó una nueva Ley de Matrimonios, que abolió los casamientos arreglados, el pago en moneda o especie por la esposa, la poligamia, las concubinas, y el matrimonio entre niños.
 “La liberación de la mujer estuvo estrechamente ligada a la liberación de las masas obreras. Después de la revolución numerosos cambios sociales se consiguieron por la movilización de las masas”, afirmó la charlista. Destacó la importancia de la campaña masiva para erradicar el analfabetismo como instrumento de liberación de la mujer “porque una vez que sabían leer y escribir comenzaron a leer diarios y otros documentos. Su mundo cambió de estar exclusivamente centrado en sus familias a tener una perspectiva más amplia”, y la mujer aumentó su participación en las decisiones políticas.
Destacó luego los logros de la revolución en la salud de las masas populares, eliminando en pocos años “la mayoría de las enfermedades infecciosas que habían sido plagas durante siglos”.
A partir de la década del 50 creció la industrialización en todo el país, y el número de mujeres obreras. Aunque los salarios no eran muy altos en las fábricas de las ciudades, contó Pao-yu Ching, el costo de vida se mantenía bajo, y el Estado socialista garantizaba una serie de beneficios, como obra social gratis, jardines maternales y educación gratuita. La licencia por nacimiento se extendió a 56 días, y crecieron los comedores en las fábricas, liberando a las mujeres de una parte del trabajo doméstico.
Otro paso importante en la liberación de la mujer fue la colectivización de la agricultura emprendida a mediados de la década del 50. “Durante la fase de cooperativas avanzadas, la tierra y otras herramientas productivas eran propiedad colectiva de las cooperativas. Los individuos no tuvieron control de los medios de la producción a partir de ese momento, y al mismo tiempo las mujeres comenzaron a participar en la producción y a ganar puntos de trabajo. Como resultado, la base material del patriarcado (dominación del hombre) y el legado de varios siglos de feudalismo, desaparecieron”. Este proceso se plasmó en las comunas, donde los puntos, el dinero o el grano obtenido por las mujeres en los equipos de producción, se les asignaron a ellas y no a sus familias.
Se detuvo en contar cómo eran las comunas, y la situación de la mujer en las mismas, y cómo la participación de la mujer en el trabajo agrícola se hizo más fácil “cuando la carga del trabajo doméstico se redujo”.
Destacó la invitada la importancia de la Revolución Cultural dirigida por Mao, porque “pudo poner un alto a los proyectos capitalistas que Liu [Sao chi] y sus seguidores trataban de implementar en esa época. Si la Revolución Cultural no se hubiera llevado a cabo, la reforma capitalista que comenzó en 1979 hubiera comenzado diez años antes”.
Entre otros logros de la revolución, dijo que en los años 70, pese a ser China un país pobre, sus indicadores de salud y bienestar era mucho más altos que en India, Pakistán o Haití. El índice de mortalidad disminuyó a 56 por mil, y la esperanza de vida se duplicó, pasando a ser de 64 años. El alfabetismo en los niños creció al 92%, y en adultos al 66%.
A lo largo de toda la charla, la conferencista dejó en claro que el PC chino en la época que fue encabezado por Mao dirigió el proceso revolucionario y en esas condiciones los obreros y campesinos “pusieron de cabeza a la sociedad feudal”. “En ese proceso los obreros y campesinos se transformaron, como así también transformaron su relación con la naturaleza y entre ellos, incluyendo las relaciones entre hombres y mujeres”.

Las mujeres en China hoy
Para profundizar en la realidad del pueblo chino y sus mujeres hoy, Pao-yu Ching respondió preguntas del público. Así contó cómo, a partir de la restauración capitalista se dieron drásticos cambios en las condiciones de las masas, que viven en las aldeas donde se han destruido las comunas, y se practica una política expulsiva, para garantizar mano de obra barata en las ciudades. Se calcula que son más de 200 millones los trabajadores que han migrado del campo a la ciudad en la década del 2000.
Millones de mujeres jóvenes trabajan en fábricas de electrónica durante 13 o 14 horas por día, expuestas a materiales altamente tóxicos. “Un médico de la ciudad de Guangzhou fue citado diciendo que el hospital ha visto tantos casos de obreros a los que se les amputan los dedos que podrían recoger los dedos cortados con cestos”.
Hizo alusión a miles de mujeres que son reclutadas en el campo para trabajar en restaurantes y hoteles, y que luego son forzadas a ejercer la prostitución. Relató el caso de una trabajadora de un restaurante que mató a tres hombres que habían intentado abusar sexualmente de ella, y que en una aldea, las mujeres mayores mostraron a los periodistas el cementerio lleno de mujeres jóvenes, muertas en las ciudades producto de la explotación.
Finalizó Pao-yu Ching agradeciendo la invitación y la posibilidad de compartir experiencias con las mujeres y hombres del pueblo argentino, destacando que la organización de las mujeres en China hoy, es incipiente y se desarrolla a nivel local, aún sin coordinación nacional.