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17 de mayo de 2017

Documentos del Progreso (3)

Crónicas proletarias - 267

 Venimos hablando en esta columna de la publicación Documentos del Progreso, editada por el Partido Socialista Internacional primero, Partido Comunista después, entre 1919 y 1921, quincenalmente.

 Venimos hablando en esta columna de la publicación Documentos del Progreso, editada por el Partido Socialista Internacional primero, Partido Comunista después, entre 1919 y 1921, quincenalmente.
Allí los lectores en nuestro país podían seguir “en tiempo real” diríamos hoy, la batalla por la construcción de la dictadura del proletariado en la Unión Soviética. Además de los documentos y discursos de Lenin y otros dirigentes revolucionarios en ese momento, hay una cantidad de artículos que permiten ver los debates en torno a la economía, la agricultura, el transporte, la propaganda, la situación de las mujeres o la educación en la naciente “república sovietista”.
En este último caso, Documentos… publica invalorables artículos e informes de Anatoli Lunacharsky, comisario de Educación del Gobierno de los Soviets, conocido en ruso como Narkompros, que al comienzo incluyó desde el Ministerio de Educación hasta los ministerios que controlaban los palacios y museos. En el Narkompros, Lunacharsky tuvo como una de las principales colaboradoras a la compañera de Lenin, Nadezhda Krúpskaia, con lo que el líder de la revolución estaba al día de la tarea de los soviets en este terreno. Lunacharsky, en un informe a fines de 1918 sintetizando un año de trabajo, aborda varias cuestiones. Plantea la preocupación ante el sabotaje de una parte importante de los maestros, contrarios a los cambios revolucionarios, y el debate acerca de qué tipo de escuelas debía impulsar el poder soviético, que en ese momento se inclinó hacia la Escuela Unificada de los Trabajadores, de nueve años obligatorios dividida en dos períodos. Hay que partir de la base que la mayoría de la población era analfabeta, y superar esto fue una de las preocupaciones principales del Narkompros. Con este objetivo, Lunacharsky ponía el acento en el trabajo como fundamento de la educación y, cuestión no menor con reminiscencias actuales, aumentó el salario de los maestros “a tres veces el importe de tres meses juntos”. 
Luego de dar las imponentes cifras en rublos que implicaría la inversión estatal en la educación decía Lunacharsky en su informe: “la Rusia trabajadora no ahorrará esfuerzo alguno mientras no consiga que la escuela sea digna de sus cien millones de obreros y campesinos, que por primera vez en el mundo han logrado que el poder pase directamente a sus manos”. Y planteaba que esto era apenas “la mitad de la tarea y no la más importante”, apuntando a la educación superior. Este proceso sirvió de inspiración a los comunistas argentinos, que hasta crearon “escuelas obreras”.