Para estudiar la crisis actual

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Fecha: 
30/06/2014 - 19:09

LA CRISIS ECONÓMICA INTERNACIONAL

 

Comisión de Educación .- La crisis económica estremece al mundo desde hace 6 años. Una crisis cuya magnitud y extensión no ha conocido la historia del capitalismo. Es más profunda que la que se desarrolló en la década del 30 del siglo pasado, ya que entonces una sexta parte de la humanidad estaba fuera del sistema capitalista y, con grandes esfuerzos, avanzaba en la Unión Soviética la construcción del socialismo bajo la dictadura del proletariado.

 

El marxismo explica que en las crisis del capitalismo son periódicas e inevitables: En ellas se manifiesta la contradicción entre el carácter cada vez más social de la producción y la apropiación privada capitalista de los bienes y riquezas producidos.

El capitalismo entraña la contradicción entre la tendencia de los capitalistas a ampliar ilimitadamente la producción en busca de la máxima ganancia y la capacidad limitada de compra de los consumidores fundamentales, los trabajadores. También la competencia obliga a los capitalistas a aumentar las inversiones en nuevos medios de producción y tecnología moderna y esto conduce a una reducción de las tasas de ganancia (porcentaje de ganancias calculado sobre el total del capital invertido). A pesar de los mecanismos para contrarrestarla, esta tendencia se abre paso y disminuye la demanda por parte de los industriales de nuevos medios de producción (los bienes de capital: maquinarias, etc.) contrayéndose la actividad económica de las industrias que los fabrican.  

 

Nuestro Partido advirtió, en diciembre de 2007, que esta crisis sería profunda y prolongada, y golpearía duramente a los países dependientes como el nuestro; que tenía sus causas históricas específicasen la masa gigantesca de plusvalía acumulada s a partir de la derrota del socialismo en China (1978) y la unificación del mercado capitalista mundial luego del derrumbe de la ex URSS (1991). Esos cambios favorecieron una ofensiva capitalista-imperialista contra la clase obrera y los pueblos oprimidos en todo el mundo e incorporaron al sistema de explotación capitalista a cientos de millones de trabajadores. La gigantesca masa de capitales así apropiada, amplió la producción y también la especulación pero, a la larga, encontró los límites propios del sistema para la valorización del capital. (Cuanto más capital acumulado, más profunda la crisis).  

 

No fueron sólo los monopolios occidentales los que acumularon esa masa de plusvalía con la explotación de la clase obrera de los países donde se había restaurado el capitalismo. La que más acumuló fue la propia burguesía china (como anteriormente había sucedido en Rusia). La restauración del capitalismo en el campo expulsó a muchos campesinos generando un flujo de mano de obra muy barata a las ciudades. Esto atrajo también a inversionistas extranjeros que contaron con ventajas impositivas y posibilidades de colocación desde allí de sus mercancías en el mundo.[1]

 

La contratara de la acumulación por parte de los monopolios de esa masa de plusvalía fue que el consumo por parte de las masas resultó muy inferior a lo producido. El sistema trató de resolver esto a través del crédito que permite el consumo y ampliar la inversión a cuenta de ingresos futuros. Pero el problema volvió a surgir cuando ese crédito tuvo tal expansión que cuestionó la capacidad de generar ingresos para pagarlo. Por otra parte, los avances tecnológicos producen muchos despidos ya que, bajo el capitalismo, la tecnología no se aplica para ahorrarle esfuerzo al trabajador sino para ahorrarle trabajo pagado a los capitalistas e incrementar sus ganancias. 

 

Analizando el origen de la crisis actual y la situación de conjunto de la economía mundial, la caracterizamos como una crisis cíclica de sobreproducción relativa de bienes. Esta crisis viene conmoviendo la economía de los monopolios y los países imperialistas, aunque en forma desigual, como lo muestra el desplazamiento de la producción del Oeste hacia el Este y el ascenso de China como segunda economía mundial.

 

La crisis iniciada en 2007 tuvo su epicentro en EEUU.: la superproducción relativa de viviendas se hizo patente y los fondos de inversión que canalizaron las ganancias de los monopolios entraron en pánico. El Estado se endeudó para evitar la quiebra de los grandes bancos y monopolios, incrementando significativamente el déficit fiscal (del gobierno). Obama produjo una fenomenal emisión de títulos del tesoro (y de dólares en consecuencia) y obligó a todos los países imperialistas, con acuerdo del G8 y China, a tomar medidas semejantes. Simultáneamente, esta emisión al desvalorizar la moneda, diluyó el valor de los salarios. Así se socializaron las pérdidas mientras algunos sectores de la burguesía monopolista se quedaban con gigantescas ganancias.

 

Los Estados de las principales potencias se endeudaron cada vez más y, al no encontrar más crédito para financiarse, recurren a los “ajustes”, con despidos y superexplotación (la llamada “mayor productividad”). Reducen los gastos sociales y aumentan los impuestos. Así descargan la crisis sobre el pueblo y ponen en riesgo las posibilidades de recuperación.

Los centenares de miles de millones de dólares que se inyectaron para “salvar a los Bancos” en cada país fueron derivados principalmente a la especulación sin que redundaran en una importante y sostenida reanimación del consumo y de la inversión. Por otra parte, los monopolios retiraron dinero de sus inversiones en los países dependientes (la “repatriación de ganancias”) complicando la situación financiera de éstos.

 

El imperialismo agudiza el desarrollo desigual propio del capitalismo y determina un desarrollo desigual de la crisis. “En su conjunto, el capitalismo crece con una rapidez incomparablemente mayor que antes, pero este crecimiento no solo es cada vez más desigual, sino que la desigualdad se manifiesta asimismo, de un modo particular, en la descomposición de los países de capital más fuerte”.(Lenin). Tendencia a la descomposición que no descarta el rápido crecimiento de ciertas ramas industriales, de ciertos países imperialistas que en estos años, aunque son afectados no están en el centro de la crisis y aprovechan para ganar terreno a sus rivales, como está haciendo China en América Latina.

 

A partir del 2011, el centro de la crisis se ha desplazado de Estados Unidos a Europa con la insolvencia de los Estados (centrada en la de Grecia para pagar su deuda) y de los bancos de varios países, con “salvatajes” que vienen fracasando y provocan incertidumbre sobre el futuro del euro. La crisis griega, que lleva 5 años, puso en crisis a Europa. La Unión Europea está integrada por 27 países: algunos son imperialistas y otros son dependientes como Grecia, Portugal, Irlanda, etc. La U.E. y el Banco Central Europeo imponen programas que descargan la crisis sobre las masas a los países más chicos como Letonia, Grecia, Portugal, Rumania, etc.

Los bancos no se prestan entre sí ni dan crédito a la economía. Los “mercados financieros” exigen intereses altos para comprar bonos de los Estados más afectados, principalmente Italia, España, Grecia y Portugal. Así, los hacen caer en más endeudamiento y frenan su desarrollo económico.

La crisis de créditos golpea a los propios Estados imperialistas y crecen las contradicciones entre ellos. Alemania sigue imponiendo la política económica de la U.E. de descargar la crisis sobre la clase obrera y los sectores populares, sobre todo en el sur de Europa.

 

Tampoco logra remontar Estados Unidos. Y afecta también a los países dependientes y a los trabajadores en todo el mundo. La crisis ha estado en el trasfondo del alzamiento de los pueblos en la “Primavera árabe”.  Se frenan las economías de los países del BRIC (Brasil, Rusia, China y la India) aunque sobre ellos, especialmente sobre China, se centran las expectativas de la burguesía de una pronta salida de la crisis.

Criticamos este “optimismo” de la burguesía y no dejamos de ver, cuando las olas amainan, el carácter profundo y prolongado de esta crisis mundial. Criticamos también la visión (sobre todo cuando la crisis golpea) de que el capitalismo va a una “debacle general” que llevaría espontáneamente a su derrumbe, sin ver que el capitalismo tiene salidas precarias, temporarias, a las crisis que periódicamente genera. No caerá solo: en cada país la clase obrera y el pueblo tendrán que tomar el poder por medio de una revolución que destruya el Estado de las clases dominantes.

 

Los trabajadores y los pueblos, enfrentan los “ajustes” con grandes huelgas pasando por encima de direcciones sindicales traidoras. Se desarrollan ocupaciones de plazas y manifestaciones multitudinarias. En muchos casos, enfrentando la represión, se produjeron levantamientos que voltearon gobiernos reaccionarios. Una oleada de descontento político y social sacude al mundo para dirimir quién paga la crisis: ¿los países imperialistas o los países oprimidos? Y en cada país ¿las clases dominantes o los trabajadores y el pueblo?.

Todo esto desnuda al capitalismo, que no puede resolver las necesidades más elementales de la humanidad y solo trae explotación y destrucción. Por eso se hace visible la necesidad y la posibilidad de la revolución en cada país.

 

Crisis, guerra y revolución

La crisis económica aumenta el peligro de guerra y debemos alertar sobre esto. Se agudiza la disputa interimperialista por un nuevo reparto del mundo y recrudecen la opresión y las agresiones a los países dependientes. Por otra parte, las grandes potencias, como Estados Unidos, han utilizado internamente las guerras para reactivar sus economías por medio de la industria bélica.

 

A su vez, contra el imperialismo y la guerra se desarrollaron las revoluciones del siglo XX.

Durante la 1ª Guerra Mundial el belicismo de las potencias imperialistas arrastró a los partidos socialdemócratas a apoyar a la burguesía de sus países en la guerra. Sin embargo, el proletariado ruso con el partido bolchevique se alzó y llevó al triunfo la revolución socialista en Rusia.

Cuando estalló la gran crisis de la economía capitalista de 1929 a 1933, el hambre y la desocupación azotaban a Estados Unidos y a los principales países capitalistas. En cambio, en la Unión Soviética (que había afrontado 4 años de bloqueo imperialista y de guerra civil para aplastar la contrarrevolución) se electrificó el país, se creó una industria moderna y colectivizó el campo con cooperativas y haciendas estatales. Así se garantizó pleno empleo, vivienda y salud al pueblo.

La crisis de 1930 trajo el fascismo y el fascismo trajo la 2ª Guerra Mundial que enfrentó inicialmente a Alemania, Italia y Japón (el eje nazi-fascista) contra Inglaterra y Francia, con apoyo de Estados Unidos. Con la agresión a la URSS en 1941 se transformó en una guerra mundial antifascista. La Unión Soviética con la dirección de Stalin y el heroísmo de la juventud comunista, sus soldados y la movilización de todo el pueblo, derrotó al ejército de Hitler en 1945.

Luego de la derrota del imperialismo nazi-fascista triunfaron varias revoluciones de nueva democracia y socialistas. La mayoría de las colonias conquistaron su independencia. El movimiento obrero en los países capitalistas impuso grandes conquistas. En América Latina se desarrollaron movimientos antiimperialistas con direcciones nacionalistas burguesas (como el peronismo) y la clase obrera avanzó en sus reivindicaciones.

Desde la segunda posguerra se sucedieron diversas crisis capitalistas (incluyendo luego con forma original al capitalismo monopolista restaurado en la URSS). En 1997 comenzó la crisis “asiática” que abarcó a Rusia y a América Latina y llegó a las puertas de la economía norteamericana en el 2000. Luego vino un nuevo auge motorizado por la actividad económica de China y Asia.

 

En la actual crisis mundial capitalista y frente a los peligros de guerra que entraña, los marxistas leninistas maoístas trabajaremos para estar a la altura de las circunstancias encabezando el combate revolucionario.

 

EN LA ARGENTINA

 

La crisis opera en la Argentina a través de los mecanismos de la dependencia y el latifundio terrateniente que subordinan la economía nacional al imperialismo.  Al ser un país disputado por varios imperialismos, el desarrollo desigual de la crisis en esas potencias influye de manera particular en nuestro país, produciendo cambios en la política y la economía que es necesario analizar nacionalmente, en cada provincia y en cada rama de la economía.

La crisis conlleva una evolución en cuatro fases: crisis       depresión          reanimación         auge.

Es necesario hacer un seguimiento minucioso de las características de esas etapas y los epicentros de su desarrollo para poder evaluar correctamente las tendencias. No ver la crisis linealmente sin apreciar sus oleadas.

De igual modo para ver el impacto sobre la Argentina y sus características particulares, debemos analizar objetivamente las medidas adoptadas en cada momento por el gobierno K.

 

La acertada caracterización de la crisis mundial le dio al partido una base sólida durante estos años, para trazar una línea divisoria de aguas en la política nacional:

¿Quién paga la inflación y la crisis? ¿Los trabajadores y el pueblo; o los monopolios imperialistas, la burguesía intermediaria y los grandes terratenientes?  Con la política kirchnerista, la crisis la están pagando los trabajadores y el pueblo. Todo el bloque dominante acuerda con que la paguen los de abajo; cómo hacerlo es lo que los divide y enfrenta. Es que las medidas que toma el gobierno K benefician principalmente al sector hegemónico de ese bloque dominante y los otros disputan su propia tajada.

Para los de abajo la cuestión central es la lucha para que la crisis no la sigan pagando los trabajadores y el pueblo.

 

Primera oleada de la crisis

Ante el estallido de la crisis mundial en el 2007, el gobierno kirchnerista adoptó un doble discurso. Por un lado alardeó que la Argentina estaba “blindada” o “encapsulada” frente a la crisis mundial. Por el otro, buscó “caja” para afrontarla. Previendo una situación  fiscal complicada para sus planes de gobierno en beneficio del grupo K y sus socios dentro del bloque dominante, decretó en el 2008 la “circular 125” (que afectaba a terratenientes y pooles, y golpeaba severamente a campesinos ricos, medios y pobres, e incluso a obreros rurales que trabajan a porcentaje en la soja) desatando la Rebelión Agraria del 2008.

 

En el 2009, la crisis golpeó duramente.

Variación del PBI:  2008 (+ 8%);  2009 (-2%).

La caída de la producción industrial fue peor: (-7,4%).

No todas las ramas de la economía fueron golpeadas por igual. La caída fue mayor en el acero          (-27,6%) y en las automotrices (-14,1%), entre otras.

El Indec oficial reconoció, para este período, 400.000 despidos, pero no incluyó a los trabajadores contratados y por agencia a los que no les renovaron los contratos, ni los que estaban en negro, por lo que la cifra real se estima alrededor de un millón de trabajadores.

 

Las luchas obreras fueron surgiendo desde abajo, con un gran papel de los jóvenes, desbordando a las direcciones colaboracionistas. Así fue en 2008 la lucha de 70 días de los obreros de GM contra los despidos. El gobierno, para salvar a las empresas instaló el subsidio de los “Repro”, y les dio préstamos como hizo con GM, Peugeot, Volkswagen y Ford.

Hubo grandes combates obreros como la histórica huelga de 2 meses de Kraft, con 38 días de ocupación paralizando la producción. Lograron evitar el cierre del turno noche y despidos masivos, marcando un camino. También se destacaron las luchas de Massuh, Mahle, Paraná Metal, Bosch, entre muchas otras. En la mayoría de ellas el clasismo y el PCR jugaron un gran papel.

 

Reactivación y límites

Posteriormente, con el aumento del precio internacional de la soja y de su producción, y con el aumento de la fabricación y exportación de automotores, entre otros sectores, se produjo una reactivación importante de la economía nacional. De cada 100 jóvenes, 80 consiguieron trabajo (mayormente precario, por agencia, empresas mercerizadas, etc.)

El gobierno tomó medidas keynesianas para incrementar el consumo y utilizó los subsidios para reemplazar la falta de inversiones en infraestructura (medidas que agotaron el superavit fiscal y se agregaron a las causas de la inflación)

Se prorrogaron los incentivos fiscales a los fabricantes de bienes de capital (hasta diciembre de 2011) permitiendo mantener y desarrollar una parte importante de la industria creadora de puestos de trabajo a nivel de pequeñas y medianas empresas.

La economía argentina comenzó a recuperarse. El cambio de situación creó condiciones para que el movimiento obrero desarrollara grandes luchas, como las de los petroleros y Arcor en Córdoba, que rompieron los topes salariales que pretendía imponer el gobierno en las paritarias.

 

Por el otro lado, el desplazamiento de la ganadería por la soja agravó la crisis de la industria de la carne vacuna y la lechería, mientras crecía la producción de pollos y cerdos.

También se agravó la situación del campesinado pobre y el déficit de viviendas (que plantea la necesidad de una reforma urbana). Los acampes en varias provincias mostraron el avance en su organización con la creación de la FNC y se  abrió el camino de la lucha por tierra para vivir y trabajar. La política K, que benefició a los monopolios cerealeros, productores de insumos, de aceites y biocombustibles y a los grandes pooles y grandes terratenientes, más el saqueo impositivo del Estado a los campesinos, llevó y lleva a la quiebra a pequeños y medianos productores.

 

La nueva oleada de la crisis

Desde 2012 se fue frenando la producción industrial: en mayo cayó un 5,1% respecto del mismo mes de 2011 y miles de trabajadores con contratos basura fueron despedidos (no les renovaron el contrato).  Desde fines de 2011 a junio de 2012, la producción automotriz cayó un 34% por la caída de las exportaciones a Brasil, arrastrando a la producción de acero y a las autopartistas. El bajón de la construcción arrastró al hierro y al cemento y la caída de las exportaciones a Europa y a Brasil golpea a las economías regionales (y afecta a los obreros rurales en Río Negro, Neuquén, Cuyo y Entre Ríos) y a la pesca en todo el litoral Atlántico.

 

Las “alianzas estratégicas” kirchneristas ataron al país a las exportaciones a “socios” comerciales que están en crisis o cuyas economías se van frenando: en 2011 el comercio con China nos fue desfavorable en U$S 4.397 millones; con la U. Europea el déficit fue de U$S 426 millones; con Brasil, de U$S 5.804 millones. Esta realidad, junto con el déficit energético (importamos combustible), ha disminuido el superavit comercial que fuera pilar del “modelo” en el gobierno de Néstor K.

 

Hay cada vez menos posibilidades de reducir los efectos negativos de la crisis mundial sobre la Argentina debido a que se acentúan los factores estructurales de la dependencia y el latifundio, como país exportador de materias primas y por la extraordinaria extranjerización del aparato productivo nacional.

 

En mayo del 2012, mientras la economía nacional ya llevaba 4 meses de recesión y una creciente inflación, la presidenta reconoció que la crisis económica que estremece al mundo “se nos cayó encima”.

 

 

La Inflación

La inflación es alimentada por la gigantesca emisión de billetes de $100 en una economía en retroceso y con menos respaldo en el Banco Central. Allí se acumulan los “pagarés” por los $$ que toma el gobierno y además salen los dólares para pagar deudas y comprar combustible (por la desastrosa política energética, privatista y de beneficios a testaferros, socios y aliados).

 

Entre las principales causas del proceso inflacionario se destacan:

+ Con el “modelo K”, por un lado se expandió la demanda de bienes por aumento del empleo, subsidios, planes sociales, etc. pero en su desarrollo ésta no encuentra la oferta de bienes correspondiente.

+ El gasto público no se orientó hacia fines productivos (energía, transporte, etc.) para ampliar la oferta de bienes. El factor principal del aumento del gasto público es la corrupción del aparato estatal en beneficio del grupo K y sus socios.

+ El déficit público creciente se paga con emisión monetaria. El peso pierde poder adquisitivo: “los precios van por el ascensor y los salarios por la escalera”.

+ En la producción de bienes y servicios (la oferta) crece la presencia de capitales extranjeros, con poder monopólico para la fijación de precios y el control sobre las divisas: con la crisis mundial y el desarrollo de sus efectos en la Argentina crece la remisión de utilidades y no se reinvierte para ampliar la producción. Con la disminución del superavit comercial y el déficit fiscal crece la “fuga de capitales” que lleva a una crisis recurrente de la balanza de pagos (son más los dólares que salen que los que entran) y alimenta la inflación.

+ El fenómeno sojero, con sus altos precios, dada las exigencias de la renta terrateniente y las superganancias de los monopolios exportadores, fue desplazando a la producción vacuna, el maíz, el trigo y a la horticultura. Así disminuyó la oferta de alimentos y sus precios subieron.

 

Con la inflación el gobierno recauda más impuestos (IVA, ganancias, al cheque, etc.) que directa o indirectamente paga el pueblo. Y los grandes monopolios mantienen su tasa de ganancia por el mayor aumento de los precios con respecto al de los salarios. Pierden los salarios, las jubilaciones, los planes sociales; los presupuestos de salud, educación, vivienda, etc. 

El gobierno oculta la inflación con los índices mentirosos del Indec, dijo que bajó la pobreza al 6,5%; que se puede comer con $6 por día y que una familia puede cubrir todas sus necesidades básicas con $1431. El gobierno vetó la ley del 82% móvil y desconoció los fallos de la Corte Suprema por lo que no pagó los juicios de 400.000 jubilados.

 

El gobierno y las patronales tratan de imponer “topes” a los aumentos salariales (el Ministerio de trabajo ya recortó aumentos conseguidos por encima de esos topes).

Con el ajuste, la inflación y la nueva oleada de la crisis se agudizan las contradicciones entre los de arriba y los de abajo y en el seno del bloque dominante. La política K de descargar la crisis sobre la clase obrera y el pueblo no cierra sin represión (4.,000 luchadores procesados, ley antiterrorista, nombramiento de Milani, represión de las luchas incorporando a la Gendarmería, la Prefectura y las Fuerzas Armadas)

 

Ante la fuga de divisas (21.000 millones de dólares en 2011) el gobierno tomó medidas restrictivas en el control de cambios y en las importaciones, que no afectan a las grandes transacciones, para cumplir con el pago de deudas y comprar combustibles.

Tomó préstamos a corto plazo por 5.000 millones de dólares para ocultar la caída de las reservas. Pagó indemnizaciones exigidas por el tribunal imperialista CIADI al que nos mantiene atados el gobierno a favor de fondos imperialistas. Negocia con el FMI y busca caminos para cancelar la injusta deuda con el Club de París con el fin de poder iniciar un nuevo ciclo de endeudamiento.

Al mismo tiempo, profundiza la entrega del petróleo con el acuerdo cipayo con Chevron y los que busca por Vaca Muerta (en esa política se incluye la propuesta de pago a la saqueadora Repsol por la expropiación de YPF para “dar confianza” a futuros saqueadores imperialistas).  

 

La deuda

Otro de los hechos que muestra el carácter proimperialista del gobierno K y su política frente a la crisis es el pago de la deuda ilegítima, fraudulenta, usuraria y odiosa[2], presentado como “desendeudamiento”. Los pagos se hicieron basados en los acuerdos de 2005 que, desconociendo la investigación de Alejandro Olmos, del Foro Argentino de la Deuda externa y los fallos del juez Ballesteros, reconocieron la deuda ilegítima, y la pagaron, con una quita (además, elkirchnerismo eligió la jurisdicción de los tribunales de Nueva York para los bonos en 2005).

 

Se canceló la deuda con el FMI, sin renovar el endeudamiento aflojando la soga de ese vínculo, pero eso se hizo entregando el superávit fiscal y llenando de pagarés al Banco Central, la ANSES y otras reparticiones estatales. Además pagó los bonos que Duhalde dio a los bancos argentinos luego del “corralito”. Todo esto incrementó la deuda pública en este período en alrededor de 43 mil millones de dólares.

Después del canje de 2005, la deuda pública reconocida quedó en U$S 128.630 millones y a diciembre de 2012 totalizó U$S 183.963 millones. En otras palabras, el Gobierno fue pagando la deuda de administraciones anteriores y agregó su propio endeudamiento.
 

Orgullosa de encabezar el gobierno “que más deuda pagó”, y de ser “pagadores seriales” la presidenta pagó religiosamente a los bancos ingleses las cuotas del Boden 2012, violando la ley que pena a quienes participan del saqueo del petróleo en Malvinas, que es lo que exactamente hacen esos bancos ingleses.

El gobierno K buscó reemplazar la relación con el FMI por empréstitos (para Belgrano Cargas) y acuerdos financieros con China (descubiertos mutuos) por 10 mil millones de dólares (vigentes desde 2008) y que actualmente esperan recibir para obras de infraestructura para pagar las represas de Santa Cruz a la empresa china asociada a Electroingeniería.

 

Las previsiones para 2014 por vencimientos de Capital son de U$S  39.200 pero calculado al tipo de cambio 5,825. En tanto, los intereses de la deuda del sector público en 2014 tendrá un aumento de 70,4% respecto de lo que se terminará pagando en 2013.
A su vez, el presupuesto aprobado autoriza el pago de los vencimientos de la deuda de 2014 con reservas internacionales del BCRA por U$S 9.855 millones.
También el Presupuesto 2014 autoriza que el Estado Nacional otorgue avales o garantías por valor de U$S 37.580 millones.

El círculo vicioso de la deuda pública perpetua sigue vigente en la Argentina y condicionó el Presupuesto 2014 enviado al Congreso.

 

 

Bibliografía consultada:

PCR- Resolución sobre situación política internacional y nacional- 12 Congreso, junio 2013.

Política y Teoría – Varios números.

Grupo-Taller de Historia Popular- Historia de la Sociedad Humana, Ed. Agora.                                   



[1]China, con su moneda atada al dólar, mantuvo su ventaja en la exportación de su producción industrial a EEUU y Europa y, desde allí, dio el salto en la exportación de capitales, típica de un país imperialista, a partir del 2000, que se incrementó desde 2007.

La inversión china en el extranjero ya supera el total de las inversiones que recibieron ellos entre 1980 y 2010 (casi un billón de dólares) lo que les permitió avanzar en la compra de empresas en Europa y en todo el mundo. Los préstamos que hicieron a través de un Fondo Estatal a gobiernos de países del Tercer Mundo superaron a lo prestado por el Banco Mundial en 10 mil millones de dólares.

 

[2]Ilegítima porque gran parte de ella fue contraída sin intervención del parlamento, Fraudulenta porque una gran parte no consta en documentos que la acrediten, Usuraria por sus intereses. Se califica de deuda “odiosa” a la parte de la deuda externa contraída por la dictadura, particularmente para la compra de armas para la guerra contra Chile contra la voluntad del pueblo. Hay precedentes internacionales de desconocimiento de ese tipo de deudas.