Noticias

20 de diciembre de 2010

Comité Central -17 y 18 de agosto de 1978

Informe político

Documentos del PCR / Tomo 4

I.- Situación económica y social de las masas populares.
 

I.- Situación económica y social de las masas populares.
 

La política económica de la dictadura:
¿A quién beneficia y qué objetivos procura?

La situación económico-social de las masas trabajadoras de la ciudad y el campo ya fue analizada profundamente, en las últimas reuniones del CC. Poco se puede agregar a ese análisis que se demostró correcto.
Las grandes masas obreras y asalariadas soportan en general sueldos de hambre. La situación sigue siendo desesperante para millones de obreros rurales, textiles, de la industria liviana en general, y para los emplea­dos de comercio, del servicio doméstico, etc. Salvo el aumento del mínimo a seis millones de pesos no ha habido aumentos de salarios. Han aumenta­do los límites de “flexibilidad salarial”, pero esto depende de cada em­presa, y como atravesamos una dura crisis, en general no hay aumentos de salarios importantes.
A los sueldos de hambre se agrega, crecientemente, la desocupación producida por despidos, suspensiones, y reducción de jornadas de trabajo. Solamente con el cierre de la fábrica de automotores de la General Motors se afecta, total o parcialmente, el trabajo de 25.000 asalariados. En la planta de Santa Isabel de la Renault, en Córdoba, donde llegaron a traba­jar cerca de 8.000 obreros, y trabajaban en diciembre 4.500, hoy trabajan 1.800. Miles de obreros de las fábricas de tractores han sido suspendidos y muchos despedidos. Ha trascendido el posible cierre de la planta de 0livetti. Decenas de miles de ferroviarios y de obreros estatales están en la calle. Las patronales han aprovechado la situación para apretar los torniquetes de la superexplotación, y han arrancado a los trabajadores numerosas conquistas.
A esto se agrega la aplicación inflexible de la Ley de alquileres 21.342; el desalojo de miles de inquilinos con la simultánea suba de los alquileres; y el desalojo de villas de emergencia de la Capital Federal. Comienzan a ser noticia diaria en la crónica policial los suicidios de desalojados. Al mismo tiempo, se han reducido drásticamente los planes ofi­ciales de construcción de viviendas.
En las anteriores reuniones del CC se ha analizado, también en profun­didad, la dramática situación por la que atraviesan millares de campesi­nos pobres y medios, ante una política que, como declaró el presidente de la Federación Agraria: hostiga “a los productores chicos, a los que se considera que deben desaparecer como tales”, y menosprecia “la opinión de los grupos más modestos que, en el campo son, por supuesto, la MAYORÍA”, (de­claraciones a La Nación del 1-7-78). Esto es válido para la agricultura y la ganadería de la Pampa Húmeda, pero lo es, especialmente, para los ca­ñeros chicos, acosados por los precios no compensatorios, la amenaza de la falta de cupo, y la maniobra de los ingenios que compran caña para al­cohol al precio “que libremente se pacte; y para los pequeños producto­res de algodón; los viñateros; productores de te”; de tung; y de yerba ma­te; los productores de tomates y horticultores en general; etc.
Continúa profundizándose el proceso de crisis de la pequeña y mediana empresa nacional. Continúa la emigración de técnicos y profesionales. Se ha estimado en medios oficiales en 400.000 el número de exiliados, princi­palmente intelectuales.
Se agravan las diferencias regionales; entre el litoral rico y el interior pobre; entre el Gran Bs. As. y el resto del país; entre la Capital Federal y los partidos del Gran Bs. As.; etc. Se dilapidaron millones de dólares para el campeonato mundial de fútbol en obras costosas e innecesarias en su inmensa mayoría. Obras que incluso agravaron la crisis crónica del deporte argentino, como sucede con la construcción de estadios cuyo costo de mantenimiento excede en mucho las posibilidades de los clubes, y que sirven, fundamentalmente, no para que las masas juveniles puedan practicar deportes, sino para presenciar como meros espectadores un espectáculo totalmente comercializado. Se planifican costosas autopistas y obras semejantes. Se dilapidan sumas gigantescas en la represión y el armamentis­mo belicista, al servicio de planes antinacionales. Y mientras tanto re­giones enteras del país carecen de lo imprescindible para vivir, por lo que continúa el éxodo permanente de población del interior empobrecido, al Litoral. “El éxodo anual de los riojanos anda entre los 1.700 y 2.000 habitantes, y prácticamente la mayoría es masculina” declaró el goberna­dor de La Rioja, promoviendo un gran “escándalo” porque dijo que, produc­to de esa situación, el 70% de los nacimientos en el interior de la pro­vincia son extramatrimoniales, de madres solteras. El mal de Chagas se extiende a todo el país, y la política de erradicación de ranchos, que tan­ta expectativa había creado en la Pcia. de Santiago del Estero por las demagógicas promesas oficiales, está parada por falta de fondos.
Han conmocionado a la opinión pública las declaraciones del gobernador de la Pcia. de Buenos Aires sobre el estado sanitario, educacional, y del problema de la vivienda en el Gran Buenos Aires, en donde existen cifras de mortalidad infantil semejantes a la de los países más pobres del Ter­cer Mundo.
Una demostración de cómo se agravan los problemas estructurales del país, entre los cuales se cuentan las diferencias regionales, la da el hecho de que años después de finalizadas las obras del Chocón (que permiti­rían poner bajo riego un millón de hectáreas aptas para la ganadería, la agricultura y, especialmente, la fruticultura), no sólo no se haya hecho nada de esto, sino que aún no se haya conectado el sistema del Chocón a la capital de Río Negro y su zona de influencia, que carece de energía eléctrica suficiente incluso para el alumbrado público. Más aún: en vez de realizar esta conexión, para la cual se habían hecho importantes inversio­nes, ahora se pretende vender a Río Negro la electricidad que producirán las turbinas rusas a instalarse en Bahía Blanca. Por lo que organizacio­nes zonales denuncian el desvío de “las usinas que se están construyendo en Rusia a Bahía Blanca” y que se pretenda alimentar con ellas la zona este de Río Negro, pese a ser ésta una “provincia generadora de energía hi­dráulica en gran escala, que ahora la debe recibir, producida por equipos técnicos de Bahía Blanca” (La Nueva Provincia, 23-7-78).
Continúa la inflación. Somos el país del mundo con más alta tasa inflacionaria, con el 172,9 %, seguido a la distancia por Ghana, según datos oficiales del FMI. Continúa la depresión económica (así se llama, elegan­temente, a la crisis). El producto bruto interno volvió a caer en el 2o trimestre del año (ya había caído en el primero). El país se bambolea al borde de la bancarrota y esta palabra, tan temida, aparece de vez en cuando en la prensa. Martínez de Hoz tapa esto con el mismo “éxito” de Krieguer Vassena: no tenemos deuda con el FMI (con lo que se podría agre­gar: la política de hambre es de pura inspiración “nacional”, ya que no nos la impone ahora el FMI).
Transcurre el tiempo y se agotan definitivamente las esperanzas, de quienes las tuvieron, en la política económica de la dictadura. Ya que “no hay plazos”, sino “metas”, y éstas aparecen más lejos ahora que al inicio del plan, no es extraño que cunda el desaliento en sectores burgueses que apoyaron inicialmente a la dictadura.
Sería de bobos creer que una política sostenida con tanta firmeza no apunte a un objetivo predeterminado. Si éste no es ni el bienestar popu­lar, ni el cambio de las estructuras atrasadas, como hemos visto, ¿cuál es?
Para responder a esta pregunta es preciso analizar a quién beneficia la política económica de la dictadura.
Aparentemente la política de la dictadura procura “sanear” la economía, castigando a las “empresas no rentables” en general. Han dicho los defen­sores de esa política que: “algunas actividades obligadas a pagar tasas de interés reales, amenazadas por la importación y compelidas a pagar im­puestos en forma puntual, no son rentables”. Y que en el futuro inmediato se producirá “una masiva liquidación de empresas”, “cambios irreversibles”.
Si esto fuera así, simplemente así, desde ya que no pueden causar extrañeza los resultados. ¿Qué otros resultados pueden conseguirse con una política de “libertad económica” en plena época de reinado de los monopo­lios imperialistas?
Pero ésta es sólo la apariencia de la política dictatorial. Refleja un aspecto parcial de la misma, tal cual la presentan los defensores de esa política. Pero a poco que se analice se verá, como dicen a veces esos propios sirvientes de la tiranía videlista, que “este proceso de reasignación de recursos no es ciego, porque ciertos sectores básicos -side­rurgia, petroquímica, celulosa- tienen un tratamiento especial”, (ver La Nueva Provincia, 30-7-78).
Si a los rubros mencionados, agregamos carnes, energía, aluminio y pesca, y aclaramos lo que los videlistas no pregonan, es decir, que los be­neficiados por esta “reasignación de recursos” son, casi exclusivamente, los sectores de la trenza de testaferros y asociados al socialimperialismo soviético, se comprenderá bien cuál es la esencia de la política económica del videlismo, y a quién beneficia. Y se entenderá por qué cuando existe una fiebre privatizadora, se expropia la Italo, pagando una jugosa indemnización que puede llegar a ser de más de 300 millones de dólares al grupo gelbardiano que la controla; grupo al que está asociado, en esa empresa, Martínez de Hoz. Y se comprenderá por qué la General Motors se retira de la Argentina, y por qué están a punto de quebrar varias empresas yanquis o europeas del tractor. Y se comprenderá por qué sectores proimperialis­tas como el que representa Alvaro Alsogaray –compartiendo el rumbo “libreempresista” de Martínez de Hoz– se lamentan a gritos por la política de éste, y exigen que se transfieran al sector privado “las grandes inversiones que el Estado intenta realizar en actividades básicas diversas (petróleo, gas, energía eléctrica, comunicaciones, siderurgia, petroquímica, etc.) y que se cancelen “todos los proyectos desarrollistas” que insumen “altas protecciones aduaneras, créditos y avales del Estado, ventajas im­positivas y otros privilegios” (La Prensa, 6-8-78).
Téngase en cuenta -para valorar esto- que sólo en ALUAR el Estado in­virtió más de un tercio del total de lo que suman las inversiones yanquis en el país, en exclusivo beneficio de un puñado de testaferros rusos; que invertirá cerca de mil millones de dólares en el “polo” petroquímico de Bahía Blanca en beneficio del grupo testaferro ruso de Garavaglio y Zorroaquín asociado a Celulosa, y centenares de millones de dólares en Papel Prensa, etc.
Agreguemos a las “transferencias de recursos” mencionadas, fabulosos negociados como los descubiertos en los manejos de bancos y financieras de ese grupo; el escándalo de Telam y el contrabando de oro; las coimas por transferencias de empresas estatales; y los negociados en YPF y otras empresas estatales que controlan, realizados por la dictadura militar en beneficio de la misma trenza que ya hizo negocios fabulosos en épocas de Gelbard-Madanes, y tendremos un primer objetivo de la política dictatorial.
El otro objetivo es el de realizar una gradual complementación entre la economía argentina y la de la URSS y sus satélites. Para ello la primera etapa es desamarrar la economía argentina de sus lazos de dependencia con la economía yanqui y europea. A ello apunta la llamada “atomización” de mercados (es decir: la búsqueda de pequeños mercados que compensen la falta de los grandes mercados tradicionales) y la cada vez más estrecha ligazón económica con la URSS de nuestro comercio exterior (luego de ti­ras y aflojes durante 1977 el comercio con la URSS subió violentamente en 1978, superando los 400 millones de dólares las exportaciones a la URSS en el primer cuatrimestre del año). Esta política, por un lado, tiene aspec­tos positivos que satisfacen la presión de sectores nacionalistas e incluso tercermundistas, y, por otro, prepara el camino para atarnos sólidamente al nuevo amo, lo que exige cambios serios en la estructura de la Argentina (ya que a la URSS le interesa en primer lugar la Patagonia y el con­trol del Atlántico Sur; nuestros recursos pesqueros que ya desvasta en la Antártida y, según se ha denunciado sin ser desmentido, en zonas de soberanía nacional operando con base en Puerto Stanley en Las Malvinas; lanas; cueros; carnes en conserva; provisión de armas; etc.). El otro obje­tivo vinculado a los planes del socialimperialismo en América del Sur, es el reequipamiento de nuestras Fuerzas Armadas, con armas rusas. Ha tras­cendido sin ser desmentido, que se concretó la primera compra de armas a la URSS.
La política de la dictadura de acumular reservas monetarias, a costa del endeudamiento externo y el hambre del pueblo, política que es uno de los motores de la inflación actual, le permite al videlismo disponer de fondos cuantiosos para grandes compras secretas de armas y equipos, algu­nas de las cuales ya se han realizado.
Para todos estos fines antinacionales, entreguistas, y de guerra, la dictadura ha sacado miles de millones de dólares de los bolsillos de los asalariados, campesinos y sectores populares, y los ha traspasado a su presupuesto y a los bolsillos de los monopolios y terratenientes que lo apoyan.
 

II. Crecen la represión y el odio popular a la dictadura

La política económica y social de la dictadura va acompañada, como la sombra al cuerpo, de una feroz represión. La tortura, el hacinamiento en campos de concentración, y el asesinato sistemático de opositores políti­cos, han alcanzado una dimensión sólo comparable a los peores regímenes fascistas que conoció la humanidad. El día que el pueblo conozca la ver­dad de lo sucedido se resistirá a creer que en nuestro país se hayan cometido tantos y tan aberrantes crímenes como los que ejecutó esta dictadura. Sólo en estas dos últimas semanas, luego del atentado terrorista contra Lambruschini, han sido asesinadas decenas de personas sacadas de los cam­pos de concentración. En todo el país se secuestran innumerables personas cada semana. La mayoría de ellas son activistas sindicales y opositores políticos. La opinión pública se ha conmovido con la aparición de una lista de niños desaparecidos -que se conoce que han sido entregados en asi­los y a determinadas personas en adopción- por los que reclaman sus abue­los, padres de personas desaparecidas.
Así, por un lado, encontramos a los sectores de testaferros, burguesía intermediaria y terratenientes asociados en la trenza prosoviética que hegemoniza la dictadura. Han asociado o comparten algunos beneficios con algunos monopolios y terratenientes proyanquis o proeuropeos; pero, lo fun­damental de esa trenza, es que cuenta con el apoyo de una “quinta columna” (integrada por el P“C” y lo que éste controla) como no tuvo antes ningún imperialismo en la Argentina.
Por otro lado, encontramos un volcán de odio popular. Un odio que cre­ce a diario y que es tanto más fuerte cuanto más abajo se vaya en la so­ciedad argentina. En las capas y clases más oprimidas de nuestra sociedad ha crecido un odio feroz a la dictadura en general y a quienes la hegemonizan en particular.
Se equivocará quien no tenga en cuenta este odio que, a largo plazo, creará una situación favorable para las fuerzas revolucionarias. Ese odio ya ha creado las nuevas condiciones para que surjan miles de nuevos combatientes templados en la fragua de estos años duros y difíciles.
Al mismo tiempo el frente dictatorial del 24 de marzo se mantiene sólo formalmente. Económica y políticamente se va desgranando. Las contradic­ciones internas de la dictadura se han agudizado hasta el punto de no lo­grar definir, durante meses y en ocasiones durante años, aspectos claves de su política (“esquema de poder”; protocolo de la Junta; Ley de Asociaciones profesionales; plan político, etc.).
Para unificar a las fuerzas armadas la trenza prorrusa se ha servido, hasta ahora, de la represión. Ha pagado con sangre el tributo necesario para mantenerlas unidas. Videla ha cumplido su promesa de 1975 cuando de­claró, en Montevideo: “si es preciso, en la Argentina deberán morir todas las personas necesarias para lograr la seguridad del país”.
Desde hace un año han utilizado el conflicto limítrofe con Chile como unificador de las FF.AA. Y, últimamente, han ido tiñendo paulatinamente su política de antiyanquismo, para poder avanzar en sus objetivos y aliar a los sectores nacionalistas de las FF.AA., sectores que, cuantitativamente, son mayoritarios en las mismas.
Desde ya que ni la posible guerra con Chile, ni el antiyanquismo de la dictadura obedecen a intereses patrióticos de la misma. La posible guerra contra Chile es parte de la lucha mundial entre rusos y yanquis por el control de las posiciones estratégicas para una nueva guerra mundial, y han sido y son los rusos los que estimularon la política belicista y fra­tricida de la dictadura en este terreno. Y el antiyanquismo videlista tiene olor a prorruso apenas uno se le acerca.
La política exterior de la dictadura es una continuidad de su política interna. Una y otra apuntan a consolidar las posiciones del socialimperialismo y sus socios en el Cono Sur.
Montaron -a través de la forma en que denunciaron el laudo arbitral con Chile- el detonante de una guerra con Chile. Y ese detonante será disparado por ellos si conviene a sus objetivos estratégicos. También puede ser disparado por los yanquis, que de una forma u otra, operan tras Chile.
Que así no sea dependerá, en primer lugar, de los pueblos argentino y chileno; y, en gran medida, del conjunto de la situación internacional y regional. Por eso debemos detenernos en el análisis de ésta.

III. La situación internacional

Hoy el CC ha discutido una amplia información sobre la situación internacional. La misma confirma que la situación general es favorable para el proletariado internacional y los pueblos y naciones del Tercer Mundo. Que se amplía y consolida el Frente Único Antihegemonista internacional y se fortalece la lucha de los pueblos contra la agresión y la guerra de las dos superpotencias, en particular del socialimperialismo soviético, procurando aplazar el estallido de la guerra mundial. El fortalecimiento de la Organización de Unidad Africana y de las posiciones contra las dos super­potencias en su reciente conferencia, lo mismo que en la de No Alineados, el tratado de paz chino-japonés rechazando la presión de la URSS, y las exitosas giras del camarada Hua a Corea, Rumania y Yugoslavia, son algu­nos hechos últimos que confirman ese rumbo.
Al mismo tiempo se agudiza la disputa yanqui-soviética por el dominio mundial, disputa que llevará inevitablemente a la guerra. El socialimpe­rialismo soviético sigue siendo la potencia más agresiva y peligrosa ac­tualmente. Complota en el Sudeste Asiático, en África, en Medio Oriente, y en América Latina, mientras cerca a Europa Occidental y penetra profun­damente en ella apoyándose en una poderosa quinta columna.
Se ha agudizado en extremo la lucha por las fuentes de materias primas y mercados, en especial, entre las dos superpotencias. Cada una de ellas va montando el dispositivo estratégico para la guerra mundial. Estimulando las posiciones antichinas de Vietnam; oponiéndose al tratado de paz chino-japonés; moviéndose tras los golpes de Estado de Yemen del Sur y de Afganistán; organizando, apoyando logísticamente, y dirigiendo a miles de mercenarios cubanos en África; penetrando profundamente en América Latina; complotando por todos lados; cercando a Europa con enormes fuerzas militares; concentrando centenares de barcos de guerra en el Pacífico, y de mil maneras más, el socialimperialismo soviético intensifica su enloquecida carrera belicista.
Ante la política belicista del socialimperialismo no vale de nada es­conder la cabeza como el avestruz africano, o intentar apaciguarlo. Como no valió de nada esa política frente al nazismo.
Es una falsa política tercermundista la de adherir de palabra al fren­te único antihegemonista internacional y dejar la lucha concreta contra el socialimperialismo para el día de la invasión o de la guerra. Porque entonces será tarde. Esa es, en los hechos, una línea de capitulación na­cional.
Tampoco sirve alertar sobre el “peligro” de penetración soviética en América Latina, gritando que el socialimperialismo “pretende entrar” aquí, cuando los rusos ya están adentro de cada país de América del Sur.
Hay quienes se asombran por los mercenarios cubanos en Africa, pero esto es una simple consecuencia del hecho de que ya a fines de la década del 60 los soviéticos controlaban el Ejército cubano a nivel de compañía y dirigían a esas FF.AA., a la policía y al servicio secreto. Desde el punto de vista marxista: controlaban totalmente el Estado cubano y su economía. ¿También seguiremos asombrándonos cuando, en vez de entrenar terroristas urbanos para “desestabilizar” situaciones en América Latina, los soviéti­cos vuelquen a los mercenarios cubanos que hoy están en Africa, en opera­ciones a su servicio en esta región?
Por un lado crece la unidad y el esclarecimiento de las fuerzas tercermundistas. Por otro se agudiza la disputa entre las dos superpotencias, disputa que lleva a la guerra. Crece la prepotencia socialimperialista y cada día van quedando más claras sus reales intenciones y objetivos.
Hay que luchar por aplazar la guerra mundial. No depende de nosotros el evitarla. Pero sí podemos aplazarla; y crear así mejores condiciones para cuando estalle. Es posible evitar determinadas guerras locales, como la guerra argentino-chilena. Hay que luchar para ello.
No queremos la guerra. Pero tampoco hay que temerla. No se gana nada con ello, ya que no depende de nosotros el evitarla. Al mismo tiempo, inevitablemente, la guerra será el gran “acelerador” de la revolución, como enseñó Lenin. Y los pueblos deben prepararse para ese futuro cierto, para estar en mejores condiciones de utilizarlo en su favor.
En el Cono Sur la dictadura videlista trabajó durante dos años para montar un eje con Perú y Bolivia contra Chile, que permitiese desmembrar a este país, y ganar posiciones en el Pacífico y en el paso de los dos océanos y la Antártida a sus amigos socialimperialistas. Desató una campaña chovinista antichilena y preparó todo para la guerra. Pero en las últimas semanas se han producido acontecimientos que provocan cambios importantes en la situación regional.

Bolivia
Banzer, preparando una nueva guerra del Pacífico, planeó el proceso de “apertura democrática” esperando con ella crear una “imagen” de naciona­lismo democrático frente a Pinochet y lograr, al menos, la benevolencia de Carter para su lucha por la salida al mar.
Pero sus planes se desbarrancaron, debido principalmente a:
1)    El notable grado de radicalización de las masas obreras, campesinas y populares, que le obligaron a dictar una amnistía amplia, legalizar los sindicatos, permitir la autonomía universitaria, etc.
2)    La resistencia de sectores representativos de la burguesía nacional que se expresaron en la reorganización de sus partidos tradicionales y en las FFAA. Esto lo obligó a realizar una limpieza del generalato que, si bien le permitió seguir dirigiendo el proceso, originó la creación de la Logia Topater e impidió la candidatura personal de Banzer.
3)    La presión yanqui; éstos, preocupados por el eje Perú-Bolivia-Argentina, eje al cual los soviéticos ya proveen de armas en el caso peruano e influencian hegemónicamente en el caso argentino, presionaron a Banzer. La presión yanqui dividió al oficialismo ante las elecciones. Banzer in­tentó salir del paso propiciando la candidatura de Pereda y reservándose para sí la Comandancia Suprema de las FF.AA. Así pretendía regir el nuevo gobierno, que expresaría una alianza que lo condicionaba pero que le era imprescindible para seguir hegemonizando el proceso.

La derrota electoral era inevitable, ante la radicalización de las ma­sas, principalmente del campesinado -que no fue fácilmente manipulable como pensó inicialmente Banzer- y ello “obligó” al fraude. Ante éste, nuevamente actuaron la radicalización de las masas, la resistencia de las fuerzas de la burguesía nacional y la presión yanqui, deteriorando aún más a la dictadura militar. Banzer, según comenta Troiani en La Opinión, ante esto, habría buscado “un acuerdo con la oposición para escamotear en beneficio propio el discutible triunfo del 9 de julio. Banzer quería repetir los comicios seis meses después, el plazo legalmente necesario para renunciar a su cargo y habilitarse para ser candidato”. Esto -siempre se­gún Troiani- “implicaba la posibilidad de que la izquierda compartiese el poder en Bolivia” (léase: la izquierda prosoviética que está tras Siles Zuazo y es partidaria de la reedición de la guerra del Pacífico contra Chile).
Hayan sido éstas u otras las intenciones de Banzer, lo cierto es que el proceso terminó escapándosele totalmente de sus manos ante la subleva­ción de los cuerpos militares de Santa Cruz y Cochabamba que exigían la confirmación del “triunfo” de Pereda y la expulsión del país de Siles Zuazo. Pereda (pese a que a último momento él había pedido también la anula­ción de las elecciones) se puso al frente de la rebelión exigiendo la en­trega del gobierno. Más adelante, explicó a la prensa que esa aparente contradicción suya se debió a que “la otra parte” no cumplió un compromi­so político contraído para que solicitara también la anulación de los co­micios. La situación aún no está clara en Bolivia, ya que si bien el as­censo de Pereda al gobierno implica la imposición del fraude y el mante­nimiento del frente electoral en que se apoyaba Banzer para asegurar el continuismo, la marginación de éste y el relevo del Comandante en Jefe del Ejército Villapando, podrían significar una importante alteración en la correlación de fuerzas en las alturas. También aunque Pereda señaló que “no debemos permitir que los políticos nos dividan cuando estamos buscando apoyo internacional para nuestro derecho al mar”, es claro que en lo inmediato los sectores guerreristas con Chile, afines a la dictadura videlista se hallan en serias dificultades.

Perú
A diferencia de Bolivia y Ecuador, las elecciones aquí fueron bastante democráticas. Esto permitió, en primer lugar, que apareciese electoralmente una enorme fuerza de izquierda. Desde el triunfo electoral de Allende en Chile no se veía en América Latina una masa electoral de izquierda de tal magnitud. Solo el FOCEP -que agrupa 18 organizaciones: trotskistas de izquierda en general y figuras independientes de izquierda- y la UDP, alianza de izquierda hegemonizada por organizaciones marxistas-leninistas, suman 16 diputados de “extrema izquierda” en la Constituyente. En segundo lugar aparece con una gran fuerza el APRA, viejo partido populista de América Latina, que últimamente busca apoyarse en una plataforma de izquier­da democrática y en el que existe una corriente tercermundista mayorita­ria expresada por su secretario general Villanueva, con el apoyo de Haya de la Torre. Por último, es remarcable la derrota del P“C” prosoviético.
Todo esto crea grandes dificultades para que los sectores de la dicta­dura militar peruana afines al socialimperialismo soviético empujen acti­vamente en lo inmediato una nueva guerra del Pacífico. Guerra que es repudiada por amplios sectores de izquierda, por fuerzas representativas de la burguesía nacional y por la hostilidad yanqui. La crisis económica es aguda. La deuda externa se acerca a los 8.000 millones de dólares. Han logrado renegociar con la URSS pero ahora el Fondo Monetario Internacional les exige gravosas condiciones para hacer lo mismo (devaluación de la mo­neda peruana, reducción del déficit fiscal, etc.).
Es cierto que en el Perú existe una corriente prorrusa muy fuerte. Pero se agudiza también la lucha con europeos y yanquis, en el marco de nuevas y prologadas huelgas de obreros y trabajadores en general, levantamien­tos campesinos y creciente resistencia de la burguesía nacional.

Crecen las dificultades del videlismo
Todo esto nos indica que los planes del videlismo en relación al lanzamiento inmediato de una guerra contra Chile, y en consecuencia los planes del socialimperialismo soviético en la región, están atravesando por se­rias dificultades. Y que ellas se deben principalmente a la gigantesca radicalización de masas que se viene produciendo en América Latina. Esta radicalización tiene como fuerza motriz principal al proletariado, y en Pe­rú, Bolivia y Brasil se une a un alza visible del movimiento campesino. Radicalización ocultada por las dictaduras militares pero que ya son una realidad palpable (a lo que vimos en Perú y Bolivia tenemos que agregar principalmente las luchas del proletariado chileno del cobre y las gran­des luchas del proletariado y los estudiantes brasileños).
Tampoco ayuda a los planes videlistas de guerra, el deterioro de las relaciones con Brasil. Esto de ninguna manera quiere decir que el sector hegemóníco en la dictadura argentina, y tras él el socialimperialismo, vaya a abandonar sus planes expansionistas en América del Sur. Seguirán em­pujando incluso la guerra fratricida contra el pueblo hermano de Chile. Indica, eso sí, que existen posibilidades para que el Partido incida de manera creciente en la denuncia y organización del proletariado y el pue­blo argentino, en la lucha contra la dictadura videlista y sus planes guerreristas y de subordinación al socialimperialismo ruso, y que se han creado condiciones favorables para evitar un conflicto armado con Chile.
También complica las maniobras del videlismo la creciente oposición yanqui a la dictadura. Y la gran campaña internacional de denuncias que la ha aislado internacionalmente. La dictadura pretende hacer creer que ésta es una campaña contra la Argentina. Pero no es así. Es una campaña contra la dictadura, cuyos representantes son tratados, internacionalmente cada día más, como perros sarnosos.
En el caso yanqui está claro que la violación de los derechos humanos es el instrumento con el que Carter ataca y aísla a una dictadura prosoviética que cada día va quedando más desnuda como tal. Tanto, que “asesores” de la dictadura en desinformación y en campañas psicológicas de intoxicación de la opinión publica, como Masshut, aconsejan “ser y no parecer”. Es decir: arrojar los velos y aparecer como lo que son; mientras que otros, más prudentes, aconsejan no olvidar nunca que en los EE.UU. existe un sector “amigo” hacia el que hay que trabajar y al que hay que ganar para que: apoye a la dictadura. Este sector “amigo”, en los Estados Unidos es el sector “munichista”, conciliador con la URSS.
Las relaciones con los EE.UU. se complican porque éstos no pueden ceder a la URSS la posición estratégica de la Argentina en una próxima guerra mundial. No es cierto que para EE.UU. la Argentina sea un área estratégica “secundaria” y “negociable” en caso de guerra mundial. Por el contrario: el dominio de Argentina, y con ella el dominio del Atlántico Sur y del paso entre los dos océanos, serán decisivos en la Tercera Guerra Mundial.
Por eso la disputa entre yanquis y rusos por el control del país se agu­dizará al máximo, día a día. Transitoriamente puede haber acuerdos, pero en definitiva predominará la disputa.

La Conferencia de No Alineados
Es en relación con esta situación que puede entenderse la participa­ción y la posición de la delegación argentina en la reunión de “No Ali­neados”.
Crecientemente aislada de los EE.UU. y de las principales potencias de Europa Occidental, la dictadura, sin fuerzas aún para ir a una alianza abierta con la URSS, concurrió a la reunión de “No Alineados”. En 1976 el videlismo atacó la entrada de Argentina en ese grupo de naciones como un producto de la política peronista que: “nos aliaba con republiquetas de África, Asia y América Latina”.
Ahora concurrió con bombos y platillos, y trenzó con los cubanos -verdaderos agentes soviéticos en la reunión- la representación en nombre de los países de América Latina en la reunión inaugural de la Conferencia.
La participación de Montes en esa reunión tiene aspectos positivos que trascienden a la dictadura, ya que, con o sin ésta, Argentina es un país del Tercer Mundo, y la participación en la Conferencia expresó nece­sidades y posiciones tercermundistas sostenidas por las fuerzas patrióti­cas en la Argentina (defensa de las 200 millas; posición en la cuestión atómica; defensa de un cambio en las relaciones económicas mundiales a favor del Tercer Mundo, etc.).
Para los sectores nacionalistas y tercermundistas la participación en la reunión de “No Alineados” y en las iniciativas de los países del Ter­cer Mundo, es el fin de un camino que debe recorrer el país. Para el vi­delismo es sólo una estación en su viaje hacia Moscú. Porque el videlis­mo está alineado en la lucha mundial. Y así lo demostró el discurso anti­yanqui, y en esencia prosoviético, de Montes. En esencia prosoviético no sólo porque no tuvo una sola palabra de condena hacia la URSS, ni siquie­ra por la incursión de sus barcos piratas que costaron la vida a tres integrantes del arma de Montes, sino porque lo fundamental que se discutió en la Conferencia fue la condena al hegemonismo, palabra que hoy designa principalmente al socialimperialismo; y Montes, en su discurso, utilizó la palabra hegemonismo para atacar a los EE.UU. y no a la URSS, sosteniendo, en los hechos, la posición que luego defendería públicamente Malmierca delegado cubano y verdadero agente soviético en la reunión. En Nueva Hora se ha analizado detalladamente la posición argentina en la mencionada conferencia.
Tiene mucha importancia la lectura atenta del discurso de Montes en Bel­grado ya que (basándose en el hecho real de que las fuerzas prosoviéticas deben hacer concesiones a los sectores nacionalistas y tercermundistas para poder seguir hegemonizando a la dictadura, poder crear condiciones pa­ra la compra de armas a la URSS, y establecer relaciones más estrechas con esta superpotencia) se ha vuelto a poner en circulación la vieja tesis del frigerismo y de los sectores prosoviéticos en la Argentina, acerca del carácter independentista de la oligarquía argentina. Hay sectores que plantean que la oligarquía argentina representada por la dictadura videlista “pendulea” entre las dos superpotencias aprovechando la “multipolaridad” actual. Aburguesan a los terratenientes hasta transformarlos en una especie de burguesía nacional, borrando su carácter de socios y apéndices del imperialismo, y disfrazando como nacional a los sectores de bur­guesía intermediaria asociados a esos terratenientes. Si esta tesis fuese correcta, sería justo apoyar en lo fundamental a la dictadura en la rela­ción entre la cuestión nacional y la internacional, ya que, como recuerda el artículo del “Renmin Ribao” acerca del Tercer Mundo, debemos enfocar la relación entre lo internacional y lo nacional como enseñaron Lenin y Stalin: “no desde el punto de vista de la democracia formal, sino desde el punto de vista de los resultados prácticos dentro del balance general de la lucha contra el imperialismo”. Por eso hemos dicho que esa tesis encubre el capitulacionismo frente al videlismo.
Pero la dictadura, como muestran los hechos, no expresa a una burgue­sía nacional, o a terratenientes y burgueses nacionales, sino a los terratenientes y a la burguesía intermediaria subordinados al imperialismo en general y al socialimperialismo en particular. Cuando la Argentina era una semicolonia inglesa, Roque Sáenz Peña, Quintana, y muchos otros oligarcas nativos escribieron páginas de antología contra los yanquis. No lo hicieron por patriotas sino por ser proingleses. También tuvimos gobiernos falsamente neutralistas como el de Castillo en la Segunda Guerra Mundial. Era neutralista no por patriota, ni por nazi, como dijo el PC. Era neutralista por ser proinglés, así como Videla es antiyanqui por ser prorruso. En América Latina esta discusión reaviva una vieja discusión con tesis sostenidas en su momento por la dirección revisionista del P“C” del Brasil que asignaba, en Brasil y otros países de América Latina, carácter antiimpenalista a la clase de los terratenientes en su conjunto; y reavivan una vieja polémica en la Internacional Comunista respecto de los países de Asia, África y América Latina, polémica saldada hace cuarenta años espe­cialmente gracias a los aportes del P“C” de China y el camarada Mao Tsetung.
Se ha utilizado también el viaje de Martínez de Hoz a China para sacar parecidas conclusiones. Respecto de este viaje: en primer lugar lo consi­deramos positivo para la economía y la política argentinas; en segundo lugar no modifica nuestras posiciones sobre la dictadura y su caracterización de clase. Al igual que con la participación de Montes en la reunión de Belgrado, las fuerzas nacionalistas y tercermundistas deben tener presente que el sector prosoviético hegemónico en la dictadura, al conceder en ese aspecto a reclamos patrióticos, lo hace tratando de instrumentar­los para su objetivo de desamarrar la economía y la política nacional de los EE.UU. y Europa Occidental. En esto, especialmente en cuanto a desamarrar la economía nacional de la dependencia al Fondo Monetario Internacional y de los yanquis, no tenemos mayores objeciones. Al mismo tiempo, el videlismo pretende amarrar al país a la URSS y al COMECON, como objetivo final de sus maniobras. A esto nos oponemos.

IV. La disputa en el seno de la dictadura

Se mantiene en forma aguda la lucha en las alturas. En definitiva, Videla quedó como cuarto hombre; no como primero. Está subordinado a la Junta en las decisiones fundamentales. Carece todavía de un plan político aprobado por la Junta. La trenza videlista, luego de dos años y medio –sin embargo– se ha fortalecido en la conducción del Ejército al lograr mante­ner para su grupo la comandancia en Jefe del Ejército, reteniendo la Pre­sidencia de la Nación. Eliminados numerosos opositores se aprestan ahora a dar un zarpazo decisivo en el Ejército que les permita afirmarse fuertemente en el poder.
Según los trascendidos más o menos unánimes, habrían votado contra Viola varios generales. Ahora viene el forcejeo de los prorrusos por despla­zar a estos oficiales y reemplazarlos por otros más afines al videlismo, junto con pases, ascensos y retiros, que les garanticen el control de las principales unidades de combate.
Se ha abierto la instancia definitoria en la lucha por el control del Ejército, y para esa instancia el videlismo ha conseguido retener una po­sición clave con la designación de Viola.
Al mismo tiempo se organiza un amplio movimiento opositor en torno a Massera. Este, estimulado por la línea de Carter, o aprovechándola a su favor, levanta un programa que incluye un cambio en la actual política económica; publicación de la lista de muertos; amnistía gradual; normali­zación sindical; creación de nuevos partidos políticos y convocatoria a elecciones en dos años como plazo máximo (Veja 26-4-78). Este programa habría sido discutido por Massera en su entrevista en París con Villalón (que representó allí a los sectores de la “izquierda” prosoviética del peronismo).
Los yanquis han estimulado al movimiento que se va conformando en tor­no a Massera. Incluso Carter se refirió públicamente a él en una conferencia de prensa sobre los derechos humanos.
Al mismo tiempo aparecen en puestos claves de los periódicos y en la financiación de ese movimiento sectores prosoviéticos del frigerismo (in­cluidos algunos personajes que operaron como testaferros o “asesores” de Graiver-Gelbard en su momento). Se puede decir que los soviéticos han colocado una parte de su capital político en la carta jugada por Massera.
Objetivamente, las fuerzas que se van aglutinando con Massera, desgas­tan al videlismo, al exigir apertura en lo económico, en lo político y en lo social: esto con independencia de los reales objetivos del equipo que se mueve con el Comandante en Jefe de la Armada. A muchos sectores que apoyaron a la dictadura gorila les preocupa el programa de elecciones y restitución de derechos políticos que formula Massera; más que por éste, por quienes lo estimularon a formarlo: los yanquis y la socialdemocracia europea; porque esto indica la dirección hacia donde presionan estas fuerzas. Por eso Harguindeguy ha afirmado que la dictadura “no fijará plazos por presiones externas”, demostrando que en torno a esta cuestión gira lo fundamental de la presión yanqui.
El movimiento antidictatorial no es ni debe ser indiferente a esta lucha en las alturas.
Los comunistas revolucionarios tenemos nuestra plataforma de lucha an­tidictatorial resumida en nuestro Programa de unidad patriótica, democrá­tica y popular contra la dictadura fascista y vendepatria de Videla. En la lucha por la misma no dejaremos de apoyar todo paso, toda acción con­creta, contra la dictadura videlista. Manteniendo la independencia del proletariado y del Partido, trataremos de aprovechar a favor de los inte­reses populares todos los factores posibles de ser aprovechados para ais­lar al máximo al enemigo principal de nuestra patria y nuestro pueblo: el socialimperialismo soviético y sus socios nativos.

V. La instrumentación videlista del Mundial de Fútbol

En esta situación se realizó el Mundial de Fútbol.
La Comisión Política hizo un análisis con posterioridad al mismo y re­alizó una discusión relativamente amplia, a nivel de comisiones del CC y Comités Regionales, en torno al Mundial. Creemos que el intercambio de opiniones reafirma la necesidad de discutir a fondo en el Partido las di­versas posiciones habidas durante ese acontecimiento; ya que en el mismo se tensó la lucha política nacionalmente; y en el Partido tuvimos acier­tos y cometimos errores, y ahora debemos aprender de unos y de otros. En la lucha política que se libró en las masas y en el Partido en torno al Mundial, hubieron discrepancias en el Partido que conviene discutirlas francamente, partiendo del deseo de unidad, realizando una crítica y una autocrítica profunda, para lograr una unidad superior; evitando una uni­dad formal que esconda una división real.
Sobre el Mundial pensamos que:
1)    Por un lado fue un acontecimiento deportivo destinado a fortalecer la amistad entre los pueblos. Por otro lado la dictadura lo transformó en un acontecimiento político, sacando su realización de las manos de la Asociación Argentina de Fútbol y entregándosela a un Ente especial dirigido por un general subordinado a los altos mandos de las FF.AA., y con un equipo de oficiales de las FF.AA. destinado a la “seguridad” del torneo, equipo que colocó oficiales a nivel de coronel para asegurar el orden en cada esta­dio en donde se desarrollaría el campeonato. El general Merlo sintetizó la opinión de la dictadura antes del Mundial afirmando que era “conveniente políticamente organizarlo.” La dictadura se propuso utilizar el Mun­dial para contrarrestar la “mala imagen” internacional; distraer la aten­ción de las masas populares de los graves problemas económicos y sociales que la agobian; y, si la situación lo permitía, gracias a los éxitos de­portivos del seleccionado, montar una gran campaña nacionalista que con­tribuyese a crear el clima necesario para la posible guerra con Chile y otras provocaciones en el Cono Sur.
2)    Objetivamente el torneo se transformó en un instrumento de batalla entre la dictadura y la oposición. Una batalla semejante a la del nazismo y el fascismo, por un lado, y la oposición por otro, frente al Mundial de Fútbol en Italia en 1938, y a las Olimpíadas en Alemania en 1936. Cada éxito balanceado por la dictadura era, objetivamente, un golpe a la oposi­ción. Desde este punto de vista la dictadura obtuvo un éxito frente a la oposición nacional e internacional con la realización del Mundial y los resultados del mismo. ¿Por qué decimos que consiguieron un éxito?:
a)    Primero porque pudieron realizarlo pese a la campaña internacional contra la participación en el torneo. En la campaña internacional de boicot hay que distinguir a quienes la impulsaron como instrumento de denuncia de la dictadura argentina, y contribuyeron, con ella, a desprestigiar a la dictadura, ayudando así a la clase obrera y al pueblo argentinos que luchan contra esta tiranía, de quienes boicotearon al Mundial de palabra y, en los hechos, durante su realización le dieron tregua a la dictadura, y cuidaron que el boicot no triunfase porque, de hacerlo, se hubiese creado un grave precedente para realizar las próximas Olimpíadas en Moscú.
b)    En segundo lugar, tanto Videla como los otros jerarcas de la dictadura, que desde 1976 no podían pisar una cancha de fútbol, pudieron presenciar cuantos encuentros quisieron ver; ayudados en esto, en forma decisiva, por la composición social predominante en las tribunas pero, sobre todo, por el clima de “unidad nacional” que supieron crear.
c)    En tercer lugar lograron instrumentar políticamente la consigna de “Argentina Argentina”, como consigna unificadora de la opinión pública en momentos en que preparan la guerra contra Chile. Los más optimistas, co­mo Cerón en La Opinión, balancearon que con el Mundial de fútbol “se cerró la etapa abierta con el Cordobazo”. Desde ya: una conclusión ridícula pero demostrativa de la alegría de los videlistas.
d)    Lograron concentrar algunos miles de estudiantes secundarios en la Plaza de Mayo vitoreando a Videla, y lograron confundir, al menos transito­riamente a sectores juveniles de la pequeña burguesía en torno a la dictadura.

El éxito fue relativo porque:
a)    Internacionalmente se aprovechó el Mundial para reforzar la campaña de denuncia de los crímenes del videlismo. En esto jugó un papel fundamental el Movimiento de Familiares de Secuestrados y Detenidos con sus históri­cas concentraciones en Plaza de Mayo, que fueron demostrativas de la combatividad y el coraje de nuestro pueblo, en especial de sus mujeres.
b)    Las grandes masas populares no confundieron su entusiasmo deportivo con el apoyo a la dictadura. Aunque ésta, objetivamente, pudo instrumen­tar propagandísticamente, gracias al extraordinario control de los medios públicos de difusión, esas manifestaciones, y confundir momentáneamente a algunos sectores, hubo demostraciones de repudio al videlismo en la Ca­pital y en todo el país en esas mismas concentraciones.
c)    El Mundial pasa y los problemas quedan. Incluso los problemas tremen­dos que sufre el deporte nacional. A la semana del Mundial numerosas lu­chas demostraban esto.

3)    El conjunto de las fuerzas opositoras a la dictadura sufrió un golpe con el Mundial. En general la oposición subestimó al videlismo prosoviético, como viene sucediendo desde antes de marzo de 1976. Algunos llega­ron a pensar que incluso iban a poder instrumentar contra el videlismo las manifestaciones de alegría por el triunfo del seleccionado nacional, subestimando totalmente el gigantesco aparato publicitario que manejan los sectores prosoviéticos en la Argentina y su enorme influencia sobre la opinión pública. Otros sólo vieron el aspecto deportivo del Mundial, y despertaron asombrados cuando la dictadura hizo girar la política na­cional en torno al evento deportivo. En las fuerzas burguesas y pequeñoburguesas existe una tendencia permanente a conciliar con el fascismo y el socialimperialismo. Esta tendencia es reforzada por el desconocimien­to real de la esencia del socialimperialismo y de su carácter fascista. Ya antes del golpe del 24 de marzo esos sectores alentaban ilusiones so­bre la posibilidad de un golpe “institucional”, o “peruano”; y ahora creen que el fascismo imperante no es algo intrínsecamente propio al vide­lismo, un fascismo de matriz socialimperialista, muy diferente a las ti­ranías habituales en las repúblicas latinoamericanas. Existe una tenden­cia, alimentada por la propaganda videlista y la quinta columna rusa, a considerar al fascismo como una erupción superficial o temporal, ajena a Videla y a su equipo.

4)    Nuestro Partido tuvo una línea para el Mundial. No fuimos partidarios de la consigna de boicotear la realización del Mundial de Fútbol. Comprendemos y compartimos los motivos que impulsaron a las fuerzas democráticas de diversos países de Europa a desarrollar un gran movimiento de solidaridad con nuestra clase obrera y nuestro pueblo que se expresó en campañas de denuncias de los crímenes del videlismo, de solidaridad con los presos políticos y los familiares de secuestrados y retenidos, en grandes manifestaciones de masas, y en la consigna del boicot al Mundial en la Argen­tina, como repudio a la dictadura videlista y sus crímenes. Pero conside­ramos que el boicot no era la mejor forma de ayudar a la lucha de nues­tro pueblo.
Ante la instrumentación videlista del Mundial para su propaganda nos dimos la línea de utilizarlo para la propaganda antividelista. Un año an­tes del Mundial fijamos la línea que se resumió en la consigna: ¡Viva la Argentina! ¡Abajo la dictadura y su trenza en el fútbol! y realizamos una campaña de denuncia de los negociados y las trenzas de la dictadura y la corriente prorrusa que hegemoniza el negocio del fútbol profesional en la Argentina. Para el Mundial nuestra consigna se resumió en: ¡Viva la Argentina! ¡Abajo la dictadura!
Con posterioridad al CC de febrero planificamos una actividad centrada en el movimiento de masas -en especial el de familiares de secuestrados y detenidos- y actividades de agitación y propaganda hacia los turistas y periodistas extranjeros, y se planificaron actividades de agitación y propaganda hacia las masas.
Viendo ahora ese plan, en relación a lo sucedido, surge claro que ado­leció de un defecto especial: no estuvo centrado en la propaganda y el debate político entre las grandes masas populares y en especial hacia los centros de concentración obrera. No evaluamos el posible triunfo del se­leccionado nacional, las consecuencias lógicas de entusiasmo popular que desataría, y la capacidad de la dictadura de instrumentar en su favor, aunque fuese parcialmente, ese entusiasmo.
Inicialmente, hace más de un año, hubo una lucha de opiniones y lucha de líneas en torno a este problema. Una opinión, en el Partido, negaba la existencia de la hegemonía de los sectores prorrusos en el fútbol profe­sional, importantísimo terreno de lucha por la dirección de las masas y fuente de importantes negocios y capital político. Se dio batalla a esta opinión uniendo la lucha antidictatorial a la lucha contra la trenza prorrusa en el fútbol, y dando así combate, también en este terreno, al ene­migo principal.
En determinado momento, a partir de la indudable vinculación de Menotti con las fuerzas videlistas, algunos compañeros unieron la crítica a la trenza prorrusa con opiniones contrarias al estilo de juego impulsado por Menotti, metiéndose en el debate específico sobre el mismo y uniéndo­lo, esquemáticamente, a la lucha política general. Esto facilitó que, de­fendiendo ese estilo de juego, muchos compañeros subestimaran la instru­mentación del Mundial por la dictadura y la fuerza de su trenza en el fútbol, y fueran apoyados en esa polémica por compañeros que, negando la hegemonía prorrusa en la dictadura, tienen aún mayores dificultades para verla en el terreno deportivo. Esta discusión se resolvió bien con la consigna aprobada entonces, y con el contenido general de la propaganda que unió, al debate coyuntural sobre el Mundial, el debate programático sobre los problemas de fondo del deporte en la Argentina.
La lucha de opiniones y de líneas se exacerbó al inicio del Mundial. Al no resolver acertadamente en nuestro plan general la denuncia de la instrumentación por la dictadura del Mundial y de los sentimientos patrióti­cos de las masas, no centrando nuestro trabajo en las grandes masas, se favoreció el surgimiento de una tendencia que sólo veía el carácter fes­tivo y deportivo del Mundial, y no impulsaba la campaña de denuncias, de agitación y de propaganda planificadas, pretextando atacar errores reales o supuestos de esa campaña, o subrayando diferencias parciales, pero ata­cando la esencia de la línea del Partido para el Mundial, y cediendo y conciliando con la propaganda de la dictadura que ya comenzaba a influen­ciar a sectores considerables de la burguesía y la pequeña burguesía.
La resolución no totalmente acertada de la denuncia de la dictadura y de su instrumentación del Mundial, en nuestra línea general, estuvo determinada por la subestimación de la dictadura y de sus posibilidades de crear un movimiento socialfascista de apoyo, aprovechando, para ello, el control del aparato estatal, el monopolio de los medios de difusión, y el apoyo internacional y nacional del socialimperialismo.
Esto último implica -como se vio en el Mundial de Fútbol- el apoyo de una quinta columna poderosa, como no tuvo antes ningún imperialismo en el pa­ís, organizada a lo largo y a lo ancho de éste, y que, a más del P“C” y la FJ “C” dirige un amplísimo movimiento cooperativo de crédito y empresarial, numerosas organizaciones de masas y, a través de agentes como Calabró, Diz Rei, Gerardo Cabrera y tantos otros, detenta poderosas posicio­nes en el movimiento sindical. Desde ya que esa corriente socialfascista de masas no tiene por qué gritar ¡Videla! ¡Videla! de entrada; basta por ahora con que frente a problemas como el del Beagle logre unificar a sectores importantes de masa gritando: ¡Argentina!, ¡Argentina!, y que el ene­migo al que enfrente con ese grito no sea el imperialismo en general, y menos aún el socialimperialismo, sino que sea Chile. El socialimperialismo se apoya en los terratenientes y la burguesía intermediaria, como ha hecho siempre en el país; pero utiliza además, a su favor, la influencia conquistada en las masas democráticas y patrióticas anteriormente por el comunismo, la URSS y Cuba, y aunque a largo plazo en esa contradicción resida su lado débil, ya que su política proterrateniente y proimperialista contradice los intereses de estas masas, tácticamente, su lado fuerte reside en la instrumentación de las masas aún influenciadas por su quinta columna. La comprensión de esto es esencial para que el Partido pueda afrontar correctamente la gran batalla para impedir la guerra fratricida con Chile, y en caso de no poder impedirla sepamos utilizar esa guerra para acelerar la revolución y el derrocamiento de la dictadura videlista.
La subestimación de la dictadura y sus posibilidades de instrumenta­ción de masas dificultó la lucha, durante el Mundial, contra la principal desviación en el Partido: la que sobreestima táctica y estratégicamente al videlismo y desconfía de la capacidad revolucionaria de las masas, cae en el pesimismo e incluso en la deserción frente a la dura, difícil y cruenta lucha antidictatorial. Una desviación alimenta a la otra. Pero la más grave, la predominante, especialmente por ser predominante en las capas medias y presionar desde allí al Partido, es la que cediendo a la propaganda dictatorial cae en el pesimismo antidictatorial y, cediendo a la propaganda revisionista, cae en el pesimismo histórico respecto de la revolución y el comunismo.
Ya sobre la finalización del Mundial, dando dura batalla a las ideas de conciliación, el Partido logró en algunos zonales derrotarlas y salir a las masas obteniendo resultados muy favorables que repercutieron posi­tivamente en toda la actividad partidaria. Allí donde se cedió a las ide­as que sólo veían una fiesta en el Mundial (y rechazaban la realización de tareas de agitación y propaganda durante el mismo; o que planteaban que el pueblo, sin los sindicatos, sin los medios de difusión, sin libertades democráticas, sin organización, podría utilizar contra la dictadura el entusiasmo por los triunfos del seleccionado) el Partido quedó parali­zado en las tareas para el Mundial y en Campaña Financiera.
Todo esto subrayando que nuestro Partido fue la fuerza política que desarrolló la principal actividad de denuncias en torno al Mundial, im­pulsando las actividades del Movimiento de Familiares de Secuestrados y Detenidos, que realizó varias manifestaciones esos días, conferencias de prensa de familiares de detenidos, cooperando en la Conferencia de Pren­sa del Movimiento por la libertad de Isabel Perón, entregando testimo­nios sobre la represión y la situación argentina a numerosos periodistas, realizando volanteadas en fábricas y lugares estratégicos, pegadas de obleas, etc.

VI. Impedir la guerra contra el pueblo hermano de Chile

La dictadura videlista tuvo poco tiempo para regodearse con los festejos del Mundial de Fútbol. Los intentos de capitalizar para Videla los éxitos del seleccionado nacional excitaron la actividad de los opositores al videlismo. Pocos días después, con motivo del nuevo aniversario de la muerte del Gral. Perón, el movimiento peronista realizó combativas manifestaciones. En la concentración realizada en la Chacarita hubieron más de diez mil personas. Nuestro Partido, invitado especialmente por la Comi­sión Organizadora, participó con una delegación central y delegaciones de zonas.
Los actos en el aniversario de la muerte de Perón mostraron al peronismo unido en torno a la dirección de Isabel Perón, demostrando, a dos años de su derrocamiento, que la dictadura ha fracasado en su intento de divi­dirlo. Paralelamente tuvieron amplia difusión nacional e internacional, las actividades de la Comisión Nacional de Lucha por la libertad de Isa­bel Perón, comisión a la que adhirió nuestro Partido.
Paralelamente se fortaleció la Comisión de los 25 en el movimiento obrero luego de su presencia en Ginebra, en donde hizo un combativo discurso oposi­tor a la dictadura. La dictadura para no agravar su aislamiento internacional, debió permitir que esa delegación viajase a Ginebra, pero, posteriormente, cuando se constituyó el Movimiento Sindical Pero­nista y exigió diversas reivindicaciones económicas y políticas, el vide­lismo apuró su maniobra de división del movimiento sindical, utilizando para ello los servicios de un viejo infiltrado del P“C” en el peronismo, Diz Rei, y de conocidos hombres del gelbardismo como Triacca, a los que se sumó Guerrero de la UOM. Constituyeron la “Comisión de Gestión y Trabajo” y, estimulados por el Estado Mayor del Ejército, empujaron la divi­sión sindical. Los intentos videlistas por crearse una estructura sindi­cal propia y dividir al movimiento obrero han creado una grave situación. Al mismo tiempo esta situación ha exigido la más alta unidad de los opositores al videlismo, y la necesidad de unidad ha encontrado eco positivo en la dirección sindical peronista, creándose las condiciones para poder defender la unidad de los sindicatos y el movimiento obrero y su posición opositora a la dictadura. Siendo el movimiento obrero la columna verte­bral de la lucha antidictatorial, el Partido debe volcar en lo inmediato sus esfuerzos para asegurar, junto al peronismo y a los sectores antidic­tatoriales, la defensa de la unidad del movimiento sindical y garantizar su reorganización para la lucha, desde los cuerpos de delegados para arriba. Es posible y necesaria la unidad en todos los niveles del movimiento sindical. Posteriormente se han producido luchas de importancia en el puerto de Buenos Aires, personal de remolcadores, Mercedes Benz, Good Year, contratistas de ACINDAR en Villa Constitución, Santa Isabel en Cór­doba, frigorífico Swift de La Plata y Swift de Rosario, etc. Los trabajadores portuarios, luego de 50 días de lucha han conseguido un triunfo histórico que estimula a todo el movimiento obrero. Luego de este triunfo se ha iniciado la lucha por aumentos de salarios en Luz y Fuerza, numero­sas empresas de la UOM Capital, empleados de comercio, YPF y otras empre­sas.
Se va demostrando como cuestión clave para la lucha, la organización de agrupaciones clasistas y antidictatoriales amplias, con las características que se discutieron en la última reunión del CC. Como se dijo entonces, esto es “imprescindible para poder realizar un eficiente trabajo de masas en las condiciones del terror fascista de la dictadura. Existen los sin­dicatos; en muchas fábricas existen los cuerpos de delegados. Las agrupa­ciones clasistas son claves para que los sindicatos y cuerpos de delega­dos sean instrumentos de las masas para la lucha por sus reivindicaciones para organizar el combate contra la dictadura y avanzar en su derrocamiento revolucionario”. Desde la última reunión de CC hasta hoy hemos dado pequeños pasos en algunos gremios y empresas de concentración, pero hay que persistir en esta tarea, dedicando a ella gran parte de los esfuer­zos diarios del Partido.
Ha tenido honda repercusión popular la gigantesca concentración cató­lica con motivo de la conmemoración de San Cayetano. Se ha hablado de la participación en la misma, en la Capital Federal, de un millón de perso­nas. La cifra puede o no ser exacta pero la concentración fue enorme y es expresión de la situación de las grandes masas.
Se han realizado también combativas concentraciones campesinas en pre­paración del Congreso de la FAA. El Ministerio de Trabajo ha prohibido a las asambleas comarcales de la FAA elegir precandidatos al Congreso y el tratamiento de los problemas específicos (uso y tenencia de la tierra; créditos; impuestos; etc.). Ante esto la dirección de la FAA ha convocado a reuniones zonales para discutir la situación del “pequeño y mediano pro­ductor”. Se han realizado varias de estas reuniones (Tres Arroyos; San Francisco; sur de Santa Fe; etc) con un contenido de crítica dura a la política económica de la dictadura. Los Comités Zonales del Partido deben prestar gran apoyo a la realización del próximo Congreso de la Federación Agraria.
Existen situaciones críticas por la existencia de agudos problemas, en toda la zona azucarera, en la zona vitivinícola, tomatera, en Misiones, en la zona del tabaco en Corrientes, en la zona de tambo y cría reciente­mente inundada en la provincia de Bs. As., etc. El Partido de los zonales respectivos debe hacer esfuerzos por tomar contacto en esas zonas, y pro­mover iniciativas capaces de agrupar a los campesinos pobres y medios, e ir organizándolos, paulatinamente, para la lucha. Es agobiante el yugo de los monopolios intermediarios y en muchos lados aflora el problema de la tierra. Existen incluso focos de lucha campesina por problemas de pose­sión y propiedad de la tierra en Tucumán (valles calchaquíes; Tafí del Valle), en la provincia de Bs. As. (En donde se han indexado las cuotas de las tierras adquiridas a los ferrocarriles, lo que implica sumas imposi­bles de pagar por los campesinos), en reducciones indígenas de Formosa y Río Negro, etc. Como el problema de la tierra no es problema que se re­suelva con reformas (es decir, sin cambio revolucionario) a veces no aflora en los petitorios de reivindicaciones inmediatas; pero está siempre tras el drama del campesinado pobre, por lo que debe ser consigna propa­gandística permanente del Partido en el campo.
Es necesario y posible extender nacionalmente y profundizar el Movi­miento de Familiares de Secuestrados y Detenidos. Este movimiento se ha transformado en un puñal clavado a la dictadura. Y no cesa de fortalecer­se. Miles de familiares de secuestrados y en especial de mujeres, a tra­vés de él, han ido conociendo en la práctica el verdadero carácter del videlismo, y el verdadero rostro quintacolumnista del P“C” que ha hecho esfuerzos desesperados por frenar y desviar a ese movimiento. Últimamente, se han realizado importantes actividades del mismo en Rosario, Bahía Blanca y Tucumán. Puede ser el germen de un gran movimiento de masas que con­fluya con otras fuerzas sociales y políticas al derrocamiento del videlismo. Ahora, nacionalmente, debemos preparar las manifestaciones en todo el país para el día de la Madre de las organizaciones de ese movimiento y ayudar a su coordinación y dirección unitaria nacional.
Adquiere una importancia especial el trabajo en las masas juveniles hacia donde se orienta lo fundamental de la labor propagandística de capta­ción de la dictadura. Existen algunas buenas experiencias de trabajo en la JCR que deben ser estudiadas para generalizarlas. Al mismo tiempo de­bemos dedicar fuerzas al trabajo entre los secundarios, en donde realiza un activo trabajo de masas la FJC y en donde nuestras fuerzas son mínimas. Es desesperante la situación salarial, de trabajo, y de vivienda de la juventud obrera y de la juventud campesina. Es opresiva la situación de la masa estudiantil. Y la guerra aparece como un peligro concreto para toda la juventud.
Se perciben, últimamente, síntomas importantes de reorganización de masas en la intelectualidad, y signos aislados de reactivación del movimiento estudiantil. Las iniciativas destinadas a reunirse, discutir y encon­trar formas mínimas de organización, suscitan apoyo inmediato. Esos sín­tomas son indicativos de cambios importantes que se van produciendo en la actitud de sectores importantes de las capas medias. Hay algunas buenas experiencias de trabajo en ese terreno que deben ser estudiadas para generalizarlas.
Pese a que el movimiento obrero y popular no sufrió una derrota total con el golpe de Estado de 1976, y pudo mantener estructuras organizativas importantes, la represión dictatorial golpea sin cesar desde entonces a esas organizaciones, para impedir que resurjan e imposibilitar la lucha popular en escala mayor a la actual. Nuestro arte debe estar en ir encon­trando, pese al terror fascista, las vías legales y clandestinas de trabajo que nos permitan reorganizar el movimiento de masas, darle una direc­ción antidictatorial, e ir reconquistando los derechos democráticos perdidos.
Incluso en sectores tradicionalmente aliados al P“C”, sectores que le hicieron la “sillita de oro” al videlismo para llegar al poder, se notan síntomas importantes de descontento con la dictadura y de resistencia a la línea del P“C”. Han trascendido públicamente las actitudes de Oscar Alende apoyando la lucha por los derechos políticos conculcados. Hay actitudes de descontento en el alfonsinismo y en las fuerzas socialistas. El P“C” y los expertos en desinformación del Estado Mayor los entretienen de mes en mes con la “apertura”: había que esperar el Mundial; luego que és­te termine; más tarde a que suba Videla; ahora habría “un mes de terror” para “después abrir el diálogo”. Venimos así desde julio de 1976, cuando se anunció que en su discurso del 9 de julio Videla haría anuncios sensa­cionales que todavía se esperan… Adelante, periódico radical, ha señalado, quejoso, que “Ahora, al cabo de algo más de dos años, luego de establecer un inesperado ‘nuevo’ período de tres años, por decisión de la Junta Militar, se habrá establecido, en el reducido ámbito cómo se habrá de distribuir el poder… y de cómo ellos exclusivamente ellos, elegi­rán el futuro o los futuros presidentes”.
En este clima van quedando aislados los colaboracionistas en las prin­cipales fuerzas políticas, y se crean buenas condiciones para un amplio frente único -de hecho, si no es posible orgánicamente- que golpee a la dictadura videlista hasta tumbarla. La dictadura es fuerte; pero desde 1810 en adelante se tumbó a otros tan fuertes como ellos, por lo que de­bemos combatir el pesimismo colaboracionista o conciliador con la dicta­dura y empujar la lucha. En el pueblo se acumula suficiente odio para que, como lava de volcán, encuentre por donde surgir en la primera ocasión propicia. No se derribará a la dictadura con un solo empujón. Pero hay que ir hostilizándola y golpeándola para poder derrocarla en algún momento.
Lo fundamental, para no cometer errores demasiado graves es tener como guía la definición que ha hecho el Comité Central, luego del golpe de 1976, del período que se abrió entonces, como un período de retroceso re­lativo del movimiento obrero y popular. Es un período en el que el enemi­go mantiene la ofensiva general; es el polo principal de la contradicción. Y el movimiento popular está a la defensiva y debe aprender a replegarse a nuevas posiciones conservando el máximo de sus fuerzas. Lo que no significa defensa pasiva sino activa. Golpeando al enemigo donde se lo pueda hacer. Teniendo claro el objetivo nacional, patriótico y democrático de la lucha, tener presente que ésta es por su método fundamentalmente pro­letaria, y poner en el centro la lucha por un paro nacional activo que permita al movimiento antidictatorial pasar a la contraofensiva.
En lo inmediato el eje de la política nacional pasa y pasará cada día más, en torno a la posible guerra con Chile por el diferendo del Beagle.
Como hemos señalado, la dictadura, con la denuncia del laudo arbitral, tal como lo hizo, montó el detonante de una guerra. Ese detonante será disparado por la superpotencia a la que convenga la guerra. Lo más posi­ble es que lo hagan los socialimperialistas soviéticos a través del videlismo, para profundizar su penetración en la región con la venta de ar­mas y asegurarse fuertes posiciones en las FFAA argentinas. Basta mirar el espejo de Yemen del Sur, Afganistán, Etiopía y Perú, para ver lo que les interesa. Pero no está descartado que ese detonante pueda ser disparado por los yanquis para jaquear al videlismo prosoviético si la correlación regional de fuerzas se lo permite. En esto, los hechos más gruesos son la ya analizada situación en Perú y Bolivia, y el distanciamiento Argentino-Brasileño, que dificulta la neutralización de Brasil en caso de guerra con Chile y abre la posibilidad, de producirse esa guerra, que el aventurerismo videlista nos ocasione desgarramientos territoriales.
En definitiva, provoque la guerra quien la provoque, el resultado pa­ra los pueblos argentino y chileno será el mismo: ser carne de cañón de una guerra injusta para sufrir más opresión, más hambre, más represión, más miseria. El videlismo ha preparado todo para la guerra. Ha realizado para esto gastos gigantescos y preparado la psicología de los soldados. Realiza una amplia campaña de confusión de la opinión pública cuyo centro radica en la mentira sistemática en torno a los Tratados y Protocolos ce­lebrados en 1881 y 1893. La esencia del Tratado de 1881 radicó en que los terratenientes argentinos cedieron a Chile, el Estrecho de Magallanes, la mitad de Tierra del Fuego, e islas del sur, a cambio de la posesión pacífica de la Patagonia, que era lo que les interesaba; y luego, en 1893, cedieron la posible salida argentina al Pacífico a cambio de los ricos va­lles cordilleranos. Hay que impedir la intoxicación de las masas con el veneno chovinista que difunde la propaganda videlista, y explicar, a fon­do, cómo el mismo utiliza banderas nacionales para encubrir la entrega más vergonzosa al nuevo amo: el socialimperialismo soviético, cuyos bar­cos ya roban nuestras riquezas en los mares del Sur, y cuyas inversiones se centran en Río Turbio, Comodoro Rivadavia, Ushuaia, Puerto Madryn, Ba­hía Blanca y en San Antonio Oeste, tomando posiciones claves para dominar la Patagonia y el Atlántico Sur.
Debemos realizar un gigantesco trabajo propagandístico y organizativo contra la guerra, en especial hacia las grandes empresas de concentración y hacia la juventud y las mujeres.
El videlismo no ha conseguido el apoyo para su línea belicista ni del peronismo ni del radicalismo. Sectores cada día más amplios van compren­diendo las intenciones de la dictadura. Es posible evitar la guerra. He­mos realizado desde hace bastante más de un año, una gran labor de escla­recimiento. Es preciso ahora reforzarla y acompañarla con la organización concreta de diversas iniciativas y de organizaciones amplias de lucha contra la guerra fratricida.

VII. El Partido

Hemos culminado exitosamente la Campaña Financiera. Superamos el monto de dinero que nos propusimos recolectar aunque no llegamos al número de aportes que nos propusimos, especialmente en los centros de concentración obrera y campesina. La Campaña además de su éxito financiero, fue nacio­nal, ya que la hicimos en 15 provincias y la Capital Federal, pese a la dura represión fascista. En zonas donde hemos sido muy golpeados, la Cam­paña tiene valor político por el solo hecho de su realización. Al mismo tiempo, el análisis de los aportes en esos y otros lugares, es una “ra­diografía” de los golpes que hemos sufrido y lo que esos golpes procuran. El otro hecho importante ha sido el aporte de numerosos dirigentes obre­ros y políticos de otras fuerzas.
El balance de la actividad para el Mundial debe ayudarnos a dar bata­lla contra el pesimismo subjetivo (“reflujismo” se lo llama en algunas organizaciones) en la lucha antidictatorial y en la lucha revolucionaria, que expresa el capitulacionismo ante la dictadura y el socialfascismo en el seno del Partido. Es la desviación principal a combatir. Desde ya que la subestimación táctica del videlismo, y sus consecuencias: el putchismo, el espontaneísmo, y el aventurerismo, alimenta al pesimismo; por lo que, para dar batalla correcta contra éste, es preciso no bajar la guardia frente al aventurerismo. El enemigo se monta en el pesimismo subjetivo para atacar la línea del Partido. Los elementos inestables, política e ideológicamente, ganados por esa desviación, en momentos tan difíciles como éstos, llegan a la deserción política y de clase. En el combate contra el pesimismo antidictatorial y el pesimismo revolucionario, debemos ir a fondo en el debate de ideas, siendo conscientes de que los elementos malsanos, o que ya han capitulado como comunistas, son minoría. El Partido de­be pugnar con todas sus fuerzas por vincularse a las capas más explotadas del proletariado, en donde se encuentran las mayores reservas para el combate antidictatorial; y debe pugnar por organizar o reorganizar sus fuer­zas en las grandes empresas de concentración del proletariado, porque eso ayudará al combate contra la desviación capitulacionista frente a la dic­tadura. Desde todos los frentes y actividades del Partido debemos pugnar por esto. La práctica de la línea de masas nos ayudará a no cometer erro­res aventureristas que faciliten luego el clima de pesimismo revoluciona­rio. Nuestro objetivo es servir al pueblo. Pero no sólo con la palabra. Más aún: secundariamente con la palabra. Servir al pueblo ayudándolo a organizarse en la lucha por sus reivindicaciones inmediatas y mediatas, ayudándolo a avanzar hacia formas organizativas superiores en la lucha revo­lucionaria por cambiar la sociedad. Por lo tanto debemos juzgar a los cuadros por lo que hacen más que por lo que dicen; y aprender de los miles de luchadores anónimos de las masas y del Partido que, en las duras condiciones impuestas por esta dictadura fascista, combaten desde sus puestos de masas sin perder ni el coraje ni la confianza en los ideales comunis­tas. Levantando el ejemplo de las decenas de heroicos cuadros del Partido que frente al terror fascista han escrito una página de gloria en la historia del movimiento obrero y revolucionario argentino.
En lo inmediato debemos continuar impulsando las tareas del X Aniver­sario del Partido, en especial los planes de Reclutamiento que nos hemos fijado, y la difusión y lectura de la Teoría y Política N° 21 dedicada a ese acontecimiento. Debemos planificar ya las actividades del Mes de la Prensa apuntando al aumento de la difusión de Nueva Hora, en especial en las empresas y el campo.
También debemos finalizar la discusión del Balance Nacional del Parti­do y de los Balances zonales, discusión imprescindible para avanzar en el fortalecimiento ideológico y político del Partido, al igual que la reali­zación planificada, metódica, y a fondo, de la Campaña de Estudio de las tres obras filosóficas del camarada Mao Tsetung.