Un testimonio escamoteado

Printer-friendly versionPDF version
Fecha: 
05/08/2016 - 21:17

Entre 1816 y 1817, el mayor Jean Adam Graaner –agente secreto enviado por el príncipe Bernardotte, heredero del trono de Suecia- recorrió las Provincias del Río de la Plata munido de un salvoconducto que le permitió ser testigo presencial de la declaración de la Independencia en el Congreso de Tucumán y, a posteriori, realizar excursiones, inclusive hasta la frontera peruana, con el objeto de conocer de cerca al ejército patriota. Durante su travesía realizó un Informe que presentó, en mayo de 1817, a Bernardotte, regresando luego a América del Sur (concretamente a Chile), ya en calidad de emisario oficioso. Militar de experiencia en las guerras napoleónicas y observador agudo, esas cualidades se trasuntan en la clara percepción del momento histórico  y las situaciones  que describe, así como de las contradicciones que entrevee en el frente patriota.

 

En la presentación de su informe al príncipe sueco, Graaner, traza de inicio su diagnóstico:

“La América Meridional, al parecer quiere por fin salir de su prolongado letargo, y animada por el ejemplo brillante de los florecientes Estado del Norte, hace esfuerzos por sustraerse a la tutela europea, que la ha sostenido en su infancia pero que le resulta una traba en su adolescencia. Salida apenas de las tinieblas del despotismo civil y espiritual (1), e ignorando todavía la justa aplicación de sus fuerzas propias, es menester perdonarle si cae de error en error hasta que, finalmente, una experiencia duramente adquirida le muestre el camino de sus intereses verdaderos.”(2). Y másadelante: “La política cruel e insensata de España, que consiste en dejar vegetar en la obscuridad y la ignorancia a los súbditos americanos, para poder gobernarlos más a su arbitrio, ha sido públicamente confesada… Este sistema vergonzoso fue fielmente observado durante tres siglos…” (3)

Aclarada su posición y punto de vista sobre la situación existente en la región al momento de su viaje, y en relación al tema de este artículo, vale detenerse en cómo los integra al análisis de las situaciones que registró, o le refirieron.

Ya en relación a la condición de los originarios, diferencia la situación de los convertidos y los no en las distintas regiones de las que obtiene información. Interesa, a los efectos de esta nota, su observación en relación a los indígenas de las ex misiones jesuíticas: “Más de una vez estos salvajes, a los que también se les llamainfieles (subrayado de Graaner) se han ofrecido hasta en número de 20.000 para combatir contra los españoles a la cabeza de los americanos y su ofrecimiento ha sido rechazado a pretexto de que la religión prohíbe incluir a los paganos bajo el sagrado estandarte de los católicos.”

“He visto en Salta a un cacique venerable de la nación de los Chiriguanos, llamado Cumbai, que había venido acompañado de veinte caciques de otras tantas naciones vecinas desde las orillas del río Pilcomayo para ofrecer su concurso a los patriotas. Era el mismo cacique a quien el general Belgrano, algún tiempo antes, había invitado a revistar sus tropas con toda la pompa posible para impresionarle, pero el cacique no pareció sorprenderse en modo alguno. Con mirada tranquila, y muy sereno, contemplaba en silencio el número de armas de fuego, y después volviéndose hacia donde estaba un oficial del Perú, le dijo en lengua del Cuzco: ´¨de cuantas cosas he visto y nos han mostrado estos hombres dorados, lo que me gusta más es ésta, y mostraba un gran tambor¨¨. El coronel Díaz Vélez, segundo comandante del ejército, tenía en menos adelantarse a saludar al cacique y evitó hacerlo mientras le fue posible. Pero, al fin, el general Belgrano se lo presentó a Cumbai y éste se excusó de no haberlo saludado antes, porque, le dijo: ¨Creí, por su aire embarazado, que era usted un subalterno, intimidado por la presencia de un príncipe…”

“Si la superstición de los criollos no los hubiera puesto en pugna con sus propios intereses, podrían esperar una gran ayuda de los infieles, Cuando las tropas americanas fueron expulsadas del Perú, esos mismos indios se arrojaron entre ellos y el enemigo y una gran parte se ocupó en recoger los fusiles y municiones que entregó después con toda lealtad al general de los patriotas. Otros de estos indios, por retardar la persecución que llevaban a cabo los españoles, se dejaban matar, dando así tiempo a los americanos, de retirar su ejército, fusiles, artillería y bagajes. Tal es el verdadero carácter de los indios que los criollos menosprecian o temen incorporar a su causa”. (4)

No sin dejar de reseñar algunas de las vicisitudes del proceso independentista a partir de la caída de España en manos de Napoleón, particularmente la diferencia de calidad política y dirigencial de cuadros como Castelli, o Belgrano, respecto a Rondeau u otros, que nos salen bien parados en la comparación, el agente sueco informa:

“Los indios del Perú, si bien abandonados a sí mismos, no han dejado las armas.

“En las vecindades de La Paz, un criollo de nombre Urbanez, acaudilla más de cuatro mil indios que se han refugiado en las montañas, inaccesibles para quienes no son nativos del país.

“Padilla, jefe de un cuerpo volante de indios formado por unos dos mil hombres, ha hecho mucho daño a los españoles sobre la línea de comunicaciones con Lima. Su esposa, tan célebre en el Perú bajo el nombre de doña Juana de Azurduy  (subrayado de PyT), mujer de rara belleza, de veintiséis años de edad, es jefe de un ejército de mil quinientos indios de Cochabamba y combatió contra las tropas de Lima mandadas por Pezuela en persona; mató cuatrocientos, hizo cien prisioneros y se apoderó de una bandera magnífica que remitió al cuartel general de Belgrano, donde yo la he visto (subrayado de PyT). Este general hizo escribir sobre la bandera, que devolvió a la bella Amazona, los versos siguientes, que él mismo compuso:

 

                Desde hoy seréis ya bandera

                Por mejor mano creada,

                Seréis en toda frontera.

                Tiemble el tirano! La Hera5

                Abata su pompa vana;

                Y para gloria de Juana

                De Azurduy, diga que de él

                A pesar de ser cruel,

                Triunfó una americana. (6)

 

“Las tropas de Lima se conformaron con tomar posesión de Potosí, y aunque el ejército disperso de Rondeau evacuó el país hasta el pueblo indígena de Humahuaca, los españoles no llevaron sus puestos de avanzada más allá de Santiago de Cotagaita durante todo el tiempo que permanecí en el país”.(7)

Valoramos estos testimonios en relación a que esta resistencia aparece ejercida en los territorios efectivamente controlados con todo su aparato represivo e ideológico por la potencia colonial, siendo de difícil verificación en otros territorios (como el pampeano-patagónico) que permanecerán indómitos y/o en resistencia contra la dominación española y criolla hasta la segunda mitad del siglo XIX. Y porque constituyen evidencia cierta de que el inicio de la construcción de la nacionalidad argentina fue previa a su definitiva “arquitecturización” por el Estado oligárquico-.imperialista a partir del mitrismo.

Una importante proporción de los soldados argentinos muertos en Malvinas son de ascendencia originaria, como testimonian sus familiares en muchos lugares del país. Y ninguno de ellos se avergonzó jamás de esa doble condición: la de ser originario, y a la vez argentino, condición alcanzada tras un trabajoso proceso de unidad con criollos, negros y todos aquellos que se pronunciaron por la Independencia en 1810.  Posteriormente con los trabajadores de ultramar (tanos, gallegos, judíos, etc.)  y de países limítrofes (bolivianos, paraguayos, chilenos) que poblaron los talleres, obrajes, cañaverales y fábricas, a partir del esquema agroexportador de 1880 y del proceso de industrialización a partir de 1930. A los que cabría agregar hoy peruanos, japoneses, coreanos, etc., arraigados en la Argentina. Que tienen ante sí, como perspectiva, junto al pueblo argentino, la necesidad de conquistar la segunda y definitiva independencia

 

Los pueblos originarios y la guerra por la independencia

La participación de los pueblos originarios que habitaban las Provincias del Río de la Plata en las luchas del período de nuestra independencia suscitan  interés en los estudios de ciencias sociales, toda vez que la emergencia de sus luchas en las últimas décadas en la región han eclipsado el proceso de “invisibilización” al que como pueblos pretendieran someter el genocidio de la conquista del imperio español y el posterior perpetrado por la alianza oligárquico-imperialista en el período de conformación de los Estados nacionales a fines del siglo XIX. Sin embargo ese testimonio existe. Primero, y principal, el grabado en la memoria de nuestro pueblo. Y también otros, registrado por multiples testigos e investigadores.

 

La guerra popular revolucionaria

En el norte, Castelli intentó dar cuerpo al frente único de indígeneas, mestizos, criollos pobres y terratenientes junto a los principales jefes guerrilleros. Cuando ingresa en el territorio del Alto Perú informa a la Junta de Buenos Aires: “Sin que nadie los mandase,  los indios de todos los pueblos, con sus caciques y alcaldes, han salido a encontrarme y acompañarme, haciendo sus primeros cumplidos del modo más expresivo y complaciente,…”

La adhesión a la causa revolucionaria estaba basada en las propuestas de liberación de los mitayos y la reivindicación del pasado incaico.

De: Aramayo, B. C., “Proyecto económico y guerra popular revolucionaria”, en La Marea Nº 34, año 17, invierno 2010.

 

Artigas, Andresito y  los indios guaraníes

“La resistencia de los orientales a la invasión luso-brasileña estaba casi aniquilada, cuando Andresito  a la cabeza de un millar de sus fieles guaraníes pasó el Uruguay en San Isidro, en los primeros días de mayo. Solamente Artigas, Latorre, Rivera y Duarte permanecían en armas contra el invasor… El incansable Andresito, llevando de jefe de vanguardia a uno de los más bravos guerreros, el capitán Manuel Cahiré, como él de raza guaraní, desalojó por la fuerza las guarniciones enemigas”.

Patiño, Los terratenientes de Artigas, p. 44, en Azcuy Ameghino, Historia de Artigas y la Independencia argentina, Ciccus/Imago Mundi, Buenos Aires, 2015, p. 270.

 

Notas:

1- Cursiva de P y T.

2- Graaner, J. A., Las Provincias del Río de la Plata en 1816, Librería y Editorial El Ateneo, Buenos Aires, 1949, p. 19.

3- Graaner, J. A., op.cit. pág. 34.

4- Graaner, J. A., Las Provincias…, op. cit., pág.39-40.

5- La Hera, jefe español del Alto Perú. (nota del traductor)

6- Sobre el tema, de lectura insoslayable, Wexler, Berta. Juana Azurduy y las mujeres en la revolución Altoperuana. Hist. Regional. Dpto. Historia Villa Constitución. CEIM.UNR. Rosario, cuarta edición, 2006.

7- Graaner, J.A., Las Provincias…, op.cit., págs. 53-54.

8- Andres Guacurarí o Andrés Artigas, más conocido como Andresito –caudillo de sangre guaraní- nació en el pueblo de San Borja en las misiones orientales.

 

firma: 
Juan Vega