A noventa años de la gloriosa revolucion socialista

Rusia: El socialismo demostró ser superior

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Un día como hoy, 7 de noviembre (25 de octubre según el viejo calendario ruso), triunfaba hace noventa años la Revolución Socialista protagonizada por los obreros, los soldados y los pobres del campo dirigidos por el Partido Comunista Bolchevique liderado por Lenin.

Esta histórica victoria conmovió al mundo y alentó la lucha por la liberación nacional y social en todos los continentes. Mao Tsetung dijo que “las salvas de los cañones de la Revolución de Octubre nos trajeron el marxismo-leninismo. La Revolución de Octubre ayudó a los hombres avanzados de China, así como a los de la Tierra entera, a adoptar la concepción proletaria del mundo como instrumento para estudiar el destino de su país y para reconsiderar sus propios problemas”.
En nuestro país, como escribió Otto Vargas (El marxismo y la revolución argentina, tomo II), “produjo un gran impacto en las masas trabajadoras”, en la izquierda del Partido Socialista, en los anarquistas, en los intelectuales y la juventud estudiantil, y “centenares de obreros revolucionarios levantaron la bandera de la defensa de la Revolución Rusa y se transformaron en militantes comunistas”.
Su repercusión se extendió por toda América Latina, Emiliano Zapata declaró al poco tiempo: “La causa de México revolucionario y la causa de Rusia son y representan la causa de la Humanidad, el interés supremo de todos los pueblos oprimidos”.

La democracia proletaria

Las gigantescas realizaciones de la Unión Soviética socialista evidenciaron que la clase obrera no sólo está en condiciones de destruir el viejo régimen opresor sino también está en condiciones de construir una nueva sociedad.
La práctica histórica ha mostrado que el socialismo, fase inferior del comunismo, período histórico de transformación revolucionaria del capitalismo al comunismo, empezó a construirse a partir de tomar el poder, destruir el viejo Estado e instaurar la dictadura del proletariado. Y en pocas décadas, en un período histórico muy breve, demostró ser superior al capitalismo.
Este es un punto fundamental que está en lucha. Las clases dominantes y los catedráticos directa o indirectamente a su servicio omiten los hechos sustanciales y tergiversan groseramente la historia. Su objetivo es hacer creer que el socialismo fracasó, que fue un desastre y no sirvió para nada, y que, en todo caso, el capitalismo no será muy bueno pero es lo único y lo mejor que puede haber, y que se ha “demostrado” que el comunismo “es inviable”. Les guste o no, los trotskistas resultan funcionales a esto.
En primer lugar, la democracia proletaria demostró ser superior que la democracia burguesa. Por primera vez en la historia las grandes mayorías explotadas, oprimidas, ignoradas; los productores directos, los que en realidad crean la riqueza, estas grandes mayorías que no tienen ni arte ni parte en las decisiones (a lo sumo introducen una boleta electoral en una urna cada tantos años), se pusieron de pie y empezaron a tomar en sus manos los asuntos políticos, militares, culturales, económicos, empezaron a gobernar.
Este es un cambio radical en la historia.
Cientos de millones conquistaron su dignidad y mostraron que es posible terminar con la dominación y la explotación. Esto amenazaba de muerte a todos los imperialistas, a toda la burguesía, a todos los terratenientes. Su prolongada campaña para falsificar la historia de las grandes revoluciones del siglo XX expresa su desprecio y su odio al pueblo trabajador.
La democracia proletaria se practicó en las agudísimas y complejas luchas de líneas de los ‘20 y primeros años de la década del 30 (ver recuadro).
A lo largo de esos años, el Partido luchó por la elevación y la extensión de la actividad política de las masas en la vida de los sóviets. En el campo, donde vivía la gran mayoría de la población, los kulaks (campesinos ricos) se oponían duramente y trataban por todos los medios de apartar a las masas de los sóviets. Recién hacia 1930 se logró que la mayoría de los campesinos participara de las elecciones a los sóviets rurales (en 1923 apenas si llegaba al 30%).
El debate del primer plan quinquenal duró tres años. Fue protagonizado por las masas y abarcó a todas las instancias, en particular las organizaciones del Partido y los sóviets. Al llevar adelante la colectivización y la industrialización socialistas se promovieron cientos de miles de cuadros obreros y campesinos. Pasaron a la dirección de miles de nuevas empresas industriales, de las explotaciones colectivas agrícolas (koljoses y sovjoses). O sea, el protagonismo de la gran mayoría de la clase obrera se expresó también en que sus mejores miembros, o una parte de ellos, hombres y mujeres, se hicieron cargo de los puestos de comando de la producción, del ejército, de la política, de la enseñanza, etc.
No fue ideal. En el caso de la Unión Soviética, la primera experiencia duradera de dictadura del proletariado, hubo muchos errores, desviaciones y deformaciones graves. En los hechos, desde la segunda mitad de los años `30 se desarrolló una práctica de negación de la democracia proletaria. Se confundieron dos tipos de contradicciones, la existente con el enemigo y las contradicciones en el seno del pueblo, castigando cualquier diferencia de opinión como expresión del accionar de agentes del imperialismo. Esto dio lugar a una represión indiscriminada, con procedimientos indignos de los comunistas y de la clase obrera. Ello generaba una atmósfera contradictoria con la iniciativa revolucionaria que amplias masas desplegaron en la construcción del socialismo, en la gran guerra antifascista y la reconstrucción posterior.
Pero, mientras se practicó, la democracia socialista fue superior a la democracia entre comillas de la burguesía.

La superioridad del socialismo en lo económico-social

El socialismo también mostró su superioridad en lo económico-social. Esto está totalmente relacionado con qué clase detenta el poder. Porque el socialismo resolvió en lo fundamental lo que ningún país capitalista, ni el más opulento, ha resuelto hasta ahora: las necesidades básicas de la totalidad de la población (trabajo, alimentación, techo, educación, salud, acceso a la cultura y el deporte para todos).
Durante la década de 1920 la URSS primero tuvo que reconstruir la economía destruida por 7 años de guerra. El eje de la compleja e inédita lucha que se libró entonces fue: ¿quién vencerá a quién? ¿El camino socialista o el capitalista? En tan sólo diez años la URSS pegó un salto extraordinario de la situación de atraso heredada al desarrollo de las ramas centrales en lo tecnológico, lo científico, la capacidad productiva y la defensa. En los años 30, con la colectivización agrícola y la industrialización socialista, se dotó de una poderosa industria y llegó en este plano a los niveles más avanzados. Ya en el año 1940, la Unión Soviética alcanzó los primeros lugares en la producción fabril y en desarrollo tecnológico.
Esta conquista proporcionó los medios para que la heroica lucha del Ejército Rojo y de todo el pueblo, dirigido por el Partido liderado por Stalin, derrotara y destruyera a los ejércitos agresores nazifascistas y liberara a Europa Oriental. En 1941, la Alemania de Hitler se había lanzado contra la Unión Soviética con toda su maquinaria bélica moderna y empleando el aparato productivo de toda Europa continental, a la que ya tenía ocupada. Una gran potencia como Francia había capitulado en un mes y estaba bajo la bota alemana desde un año antes.
En el año 1950 había sólo dos países del mundo que podían producir cualquier cosa de acuerdo al nivel alcanzado por el conocimiento científico: Estados Unidos y la Unión Soviética. Y en el 40º aniversario de la Revolución de Octubre la Unión Soviética lanzó el primer satélite artificial de la Tierra.
Se logró el salto de una manera esencialmente distinta a la de la Revolución Industrial burguesa. Los fondos de ésta salieron de la superexplotación salvaje de los trabajadores desde los niños de 6 o 7 años. No había ninguna protección ni seguridad social. Al mismo tiempo, la otra gran fuente de acumulación para la industrialización burguesa fue el saqueo de los países coloniales y los botines de guerra.
La Unión Soviética no podía recibir créditos significativos ni asistencia tecnológica importante del exterior porque estaba cercada y hostigada por los países capitalistas. Por otro lado, aportaba ayuda a los partidos comunistas y a los movimientos de liberación nacional. Los fondos para su industrialización salieron de su acumulación interna en una economía liberada de la renta terrateniente y la ganancia capitalista.
A diferencia de la Revolución Industrial burguesa, al mismo tiempo que se producían los saltos en la producción se producían los cambios sociales. Se terminó en 1930 con el flagelo de la desocupación, al revés de lo que sucedía en los países capitalistas, donde la gran crisis mundial desatada en 1929 hundía a decenas de millones de obreros en el paro forzoso y el hambre. Se terminó con el analfabetismo y se aseguró el acceso de los hijos de obreros y campesinos a la enseñanza media y terciaria y a la Universidad. De 1927 a 1940 se multiplicó casi por diez el número de alumnos que cursaban del 5º al 10º grado y en más de cinco veces la cantidad de estudiantes en establecimientos de enseñanza técnica y superior.
El salto más notable fue en el campo: el sistema koljosiano aseguró y veló para que todos los niños campesinos concurriesen a la escuela. Sus padres ya no tenían necesidad, como antes, de sacarlos de los colegios.
Se introdujo la jornada de siete horas y la semana de cinco o de seis días. Y se desarrolló un sistema generalizado, gratuito, que aseguró el acceso de todos a la atención médica. Se desarrolló un sistema de seguridad social para todos.
El costo de los libros, el precio de las entradas de cine, de museos y entretenimientos pasó a ser meramente simbólico.

Nuevas relaciones sociales

La colectivización fue un salto histórico en el desarrollo social. Se transformó la pequeña explotación individual con arados de madera, haciendas que en su gran mayoría eran incapaces de producir excedentes para el consumo fuera del campo y que sólo permitían una vida pobre y sin perspectivas a la población rural, en la gran explotación mecanizada en cooperativas (koljoses) o haciendas estatales (sovjoses). En 1928 trabajaban en todo el vasto campo de la URSS tan sólo 18 mil tractores; en 1940 lo hacían 684 mil.
En el combate para avanzar por el camino socialista contra el camino capitalista y sus seguidores, los elementos más avanzados luchaban por abrir paso y fortalecer a nacientes formas de relaciones sociales comunistas.
Lo principal residió en la actitud frente al trabajo. La burguesía se burlaba de los planes quinquenales soviéticos, sobre todo del primero. Todos los expertos de los grandes capitalistas miraban las cifras, las marcaban con un círculo en negro, diciendo que eso era ridículo, que nada de eso iba a ocurrir. Cuando ocurrió no podían entenderlo. ¿Por qué? Porque el principal factor que posibilitó cumplir exitosamente los planes, fue la actividad creadora, sin precedentes, de decenas de millones de trabajadores liberados del yugo de la explotación. Sintiéndose dueños de su patria socialista y de su destino, desplegaron su potencialidad y su iniciativa ilimitadas. Esto no lo puede entender el capitalista.
El motor del crecimiento y cambio productivo fue la emulación socialista: lo más avanzado ayudando a lo más atrasado, la cooperación, la innovación técnica promovida por las masas y no sólo por los especialistas. En el capitalismo ¿cuál es el motor? La ganancia, el egoísmo, el individualismo, la competencia a muerte. Para el capitalista, desde ya, los trabajadores son números y valen menos que un animal.
Los héroes, los ejemplos para todos, en la nueva sociedad ya no eran los que la burguesía llama “triunfadores”. En el socialismo pasaron a ser héroes quienes crean la riqueza, quienes sirven al pueblo, los más solidarios, quienes estudian y estimulan la ciencia, la técnica, el arte y la cultura popular, los que ayudan a los rezagados.
Los logros no significan que se trataba de un paraíso como erróneamente se pintó. Continuaron habiendo clases, contradicciones de clase y lucha de clases. Con cada avance no se atenuaban ni se simplificaban las contradicciones. A menudo se tornaban más complicadas y agudas. Todo ello se expresaba de manera concentrada en el Partido, en la lucha entre los dos caminos –el socialista o el capitalista–, entre dos líneas, la proletaria y la burguesa, y entre marxismo y revisionismo.
No obstante haber mostrado su superioridad, la dictadura del proletariado fue derrocada y se produjo la tragedia de la restauración. Ello empezó por la degeneración del Partido, cuya dirección pudo ser usurpada desde adentro por los revisionistas después de la muerte de Stalin. Estos representaban a los nuevos (y viejos) elementos burgueses de la sociedad soviética. Todo lo cual es una temática que escapa a los límites de esta nota.
Sufrimos una derrota histórica. Pero el imperialismo y la burguesía no han podido ni podrán destruir el gran legado de la Revolución de Octubre. La clase obrera se levanta una y otra vez y lo llevará a la victoria definitiva para lograr su liberación.

 

Stalin: el hombre que dirigió la
gran guerra antifascista a la victoria 

 En 1958, en plena orgía de demonización de Stalin por parte de los revisionistas en el poder, Konstantin Simonov describió en su novela Los vivos y los muertos el efecto que produjo en el pueblo soviético el discurso de Stalin del 3 de julio de 1941, cuando el avance nazi parecía imparable.
Stalin convocó a una guerra popular junto al Ejército Rojo para destruir la amenaza contra la URSS y ayudar a todas las naciones europeas sometidas por los nazis.
Simonov describe en su famosa novela lo que ocurría en un hospital de campaña mientras se irradiaban sus palabras.
“Stalin hablaba en un tono monótono y lento, con un fuerte acento georgiano. Una o dos veces, durante el discurso pudo oírse un clic, producido por el vaso en que bebía agua. Su voz era baja y suave, y hubiera podido parecer perfectamente en calma si no hubiese mediado aquella respiración suya fuerte, cansada, y toda aquella agua que estuvo bebiendo mientras habló...
Había una discrepancia entre la tranquila voz y la trágica situación de la cual hablaba. Y en esta discrepancia se notaba fortaleza.
La gente no quedó sorprendida. Eso es lo que esperaba justamente de Stalin.
Le amaban de distintas maneras. Con todo el corazón o con reservas. Y algunos no lo querían en absoluto. Sin embargo, nadie dudaba de su valor y de su voluntad de hierro.
Y ahora había llegado el momento en que tales cualidades eran más necesarias que cualquier otra cosa, en el hombre que dirigía al país en guerra”.

 

Las luchas de líneas 

En las durísimas luchas de líneas de los años veinte con el trotskismo y con el bujarinismo estaba en discusión si se podía o no construir el socialismo basándose en la alianza obrero-campesina en una Rusia atrasada técnica y culturalmente. Es decir, basándose principalmente en sus propias fuerzas. Y éste sería su principal aporte a la lucha revolucionaria del proletariado internacional y de los pueblos oprimidos. Este es el contenido del debate llamado “sobre el socialismo en un solo país”.
Se discutía en cada fábrica, en los diarios, en las radios, en las reuniones, en los mitines. Los trotskistas y los socialdemócratas dicen que Stalin impuso su línea con un aparato. Es una leyenda. En el aparato estatal y partidario había varias posiciones. Trotsky dirigía el Ejército Rojo, era uno de los principales miembros del Politburó, contaba con la mitad del Comité Central (CC), tenía el apoyo de la dirección de la juventud comunista. Así y todo, Trotsky fue derrotado en la batalla política y teórica. Hasta perdió la discusión en la célula de la cual él era miembro, la célula del Partido que estaba en la jefatura del Ejército.
La línea trotskista aparecía como izquierda, pero su contenido principal era de derecha porque, al igual que la socialdemocracia, sostenía la imposibilidad de construir el socialismo en la URSS si no triunfaba la revolución en Alemania y otros países capitalistas desarrollados. De hecho esto significaba capitular desde la “izquierda” ante la burguesía urbana y rural que disputaba con el proletariado revolucionario la dirección de las masas campesinas.
Por otro lado estaba la derecha abierta, encabezada por Bujarin, que planteaba: “llegaremos al socialismo precisamente a través de las relaciones de mercado”. Bujarin consideraba que los campesinos ricos se iban a ir “integrando pacíficamente en el socialismo” y se iba a ir “extinguiendo la lucha de clases”. Por lo tanto, según él, había que dejar que actuase el mercado y se opuso a la industrialización y a la colectivización.
A partir de fines de los años 20, Trotsky convergió con Bujarin y se aliaron contra Stalin y la política del Partido.
La discusión con las posiciones derechistas también fue una discusión democrática y atravesó todo. Bujarin era miembro del Politburó y presidente de la Interna- cional Comunista. Contaba con otros dos integrantes del Politburó y tenía gran peso en el CC. Controlaba el Comité de Leningrado, segunda ciudad de la URSS y cuna de la revolución. Controlaba personalmente el órgano central del Partido, el diario Pravda, y el quincenario teórico Bolshevik, cuyas líneas fundamentales eran tomadas y reproducidas por todos los demás diarios y revistas.
Adeptos de Bujarin controlaban los sindicatos, los sistemas de enseñanza, la Universidad, las academias. También gravitaban en la dirección de los órganos de seguridad (GPU) y en la Comisión del Plan Estatal (Gosplan).
No obstante, la línea bujarinista fue derrotada en el plano político y teórico.

Autor: 
Carlos Echague
Edicion: 
1191 / 2007-11-07