43° Feria Internacional del Libro

Presentación del libro Doña Rosa

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Fecha: 
15/05/2017 - 17:01

Crítica de la vida cotidiana en comunidades campesinas. Doña Rosa, una mujer del noroeste argentino, de Josefina Racedo, fue presentado en la Feria del Libro en un panel integrado por: Ana Quiroga, Liliana Tamagno y la autora. 

El viernes 12 se presentó la reedición del libro Crítica de la vida cotidiana en comunidades campesinas. Doña Rosa, una mujer del noroeste argentino de Josefina Racedo.  El texto publicado en 1988, ha sido reeditado con una entrevista a la protagonista, Doña Rosa, 30 años después y ampliado con otros artículos de la autora.

Humberto Cipolleta presentó a las panelistas, Ana P. de Quiroga, directora de la Primera Escuela Privada de Psicología Social, fundada por el Dr. Enrique Pichon-Riviere,  Liliana Tamagno, Profesora Titular y Directora del Laboratorio de Investigaciones en Antropología Social de la UNLP, y a la autora del libro, Josefina Racedo, psicóloga, creadora y directora del CERPACU.

Ana P. de Quiroga afirmó que “para mí es muy gratificante estar aquí porque indica un reencuentro con un texto que uno ha compartido aspectos de su historia, aspectos de la historia de Doña Rosa. Y gratificante porque en esta reedición o nuevo libro hay una riqueza y solidez que se ha ido desarrollando en estos 30 años y queda plasmado hoy.  Nos muestra un compromiso firme con un campo de investigación que abre permanentemente la posibilidad de crecer.

Escribí el Prólogo de la primera edición con la idea de mostrar hasta qué punto eran visibles y se hacían concretos en un caso  los conceptos de la concepción psicológica que trabaja  Enrique Pichon-Riviere –en la que ambas nos hemos formado- que pone a foco cuál es la relación entre el orden social-histórico y la subjetividad. Este tipo de concepción psicológica implica un análisis crítico de la vida cotidiana, es decir tomar la vida cotidiana con un eje de indagación.  El análisis de la vida cotidiana es una llave maestra acerca de cómo se va a materializar algo que pasó, en cada cultura, en cada hábitat, en esta relación entre la sociedad y el sujeto.

Quisiera incorporar hoy otra mirada, un rasgo más particular de su autora. Josefina es psicóloga, formada luego con Pichon-Riviere, desde chiquita se fue familiarizando con la cultura campesina, donde fue participando en distintas etapas, fue maestra en los valles. La pasión, cosa fundamental en la vida y en el aprendizaje, el trabajo, las inquietudes, y su disfrute, la música, toda esta convergencia de pasiones, actitudes y el trabajo concreto, la llevaron a recorrer los altos valles de Tucumán.  Desde mi mirada de hoy junto a los riquísimos contenidos que hacen a la vida de Doña Rosa y otras mujeres de Talapazo, Tucumán, Josefina transmite en su propio hacer, en los diálogos, una capacidad que resulta fundamental para el trabajo en ciencias sociales. Capacidad que es una disponibilidad y una apertura hacia el otro, una capacidad de escucha, de empatía. Puede ser una habilidad espontánea, pero aunque así fuera, requiere de una construcción personal, de una actitud  hacia el otro. Esto me parece central desde el entramado de su obra, cómo se dialoga, cómo se encuentran. Se advierte en  ese diálogo entre Doña Rosa y Josefina una confiabilidad, un respeto, que nos va a permitir a nosotros, los lectores, un acercamiento a las experiencias, a las ideas de esa mujer, y a aproximarnos a una realidad que es muy distinta a nuestra vida urbana, una realidad distinta, pero de ningún modo ajena, porque para quienes nos sentimos parte del pueblo latinoamericano en su diversidad nos hermanamos en la historia de nuestros pueblos. La voz de Doña Rosa, esa narrativa tan rica, de campesina del NOA,  está enmarcada en una exposición y análisis de hechos, de contextos, de procesos histórico culturales que permite una lectura. En esos contextos se desarrolla el día a día de esta mujer campesina donde podemos ver la intensa presencia de su vida familiar, de sus afectos, de su trabajo y sus celebraciones.

Si nos adentramos en el libro en las preguntas y relatos,  vemos una mirada de género. Qué rol tiene Doña Rosa en esa familia, qué se espera de ella, cómo toma esas funciones. Doña Rosa nos muestra quién es desde una paradoja… de una reserva natural y también de generosidad. Y  a la vez va mostrando sus luchas, sus alegrías.

Josefina es una investigadora de la problemática de la identidad. Sus aportes nos han enriquecido en el plano de lo científico, de lo personal, porque estudiar  la problemática de la identidad no es como muchas veces se cree desde una ignorancia  y menosprecio  “eso de andar entre los indios”, porque es mucho más abarcativo y nos incluye a todos. La identidad no es solo un dato de pueblos originarios, o el conocimiento de una historia familiar, la identidad es una construcción que no cesa nunca, ni en lo social ni en lo personal, porque es un continuo de datos y de conmociones. Uno a veces lo encapsula en una frase pero está lleno de matices y de emociones.

Yo conozco y valoro la capacidad de exploración de Josefina, por haber sido testigo de su trabajo en la Escuela de Psicología de Tucumán, en la cátedra de Psicología social de la UNT y la maestría que compartimos.

Este recorrido de rescate de conocimiento nos conmueve y a la vez nos fortalece. Querría decir que al entrar en la historia de Doña Rosa, ese entrar nos movilice en ese camino, en el de la identidad, en su comprensión, y en el de la identidad de otros,  todos aquellos con los que vivimos la contradicción de ser al mismo tiempo tan diferentes  y tan similares. Así podremos recuperar no solo nuestra historia sino lo que hoy suele estar tan negado, tan destrozado, que es ese reconocimiento del otro, en su condición de existente y semejante.

 

Liliana Tamagno agradeció a Josefina que la convocara para escribir el Prólogo de este libro y se refirió  al compromiso, el acompañamiento de la autora con la lucha de los oprimidos.

Las propuestas de Josefina para participar en distintas actividades siempre implicaron momentos de alegría y satisfacción, sentíamos en esos encuentros que trascendíamos la tarea, del mismo modo que nos movilizábamos cuando organizábamos y  participábamos en paneles y foros. Todos eran momentos donde claramente se concretaba lo que dice Josefina: la lucha del oprimido y no la del opresor.  Y para entrar en esta cuestión me pregunto si es suficiente para estar del lado del oprimido, estar con el oprimido. Y mi respuesta es no. En estos días de posmodernismo y de muchas cosas que se han simplificado demasiado mi respuesta es un no contundente. Cuando se trata del espacio de la cultura, de la academia, de los espacios intelectuales, estamos en el camino de la lucha de los oprimidos cuando no nos autocensuramos  pensamos  quiénes son nuestros evaluadores de artículos, premios,   cuando no nos dejamos presionar o seducir por el poder de turno, y entonces bajamos el nivel de la reflexión crítica, cuando nuestras trayectorias no se limitan a la búsqueda del éxito individual, cuando no nos dejamos llevar por lo cuantitativo, estamos en un momento  en lo académico en donde lo cuantitativo arrasa, cuando lo cualitativo es lo que nos moviliza, ahí vamos y seguimos yendo y no nos para nada. Cuando nos mantenemos fieles a algunas reflexiones que surgieron en los momentos más álgidos de nuestras discusiones para enfrentar al liberalismo y todo tipo de reduccionismo, el culturalismo, el biologismo y otros. Cuando nos negamos a usar las conceptualizaciones que vienen de la mano de las internacionales del conocimiento que ofrecen dinero y ofrecen ofertas dentro del status académico, para utilizar conceptos que en realidad no hacen más que distraer de las grandes discusiones que ha habido en las ciencias sociales. En fin, cuando no nos desviamos del análisis estructural. Cuando pensamos en términos de capitalismo, pero no pensar el capitalismo como una entelequia, sino el capitalismo como modo de producción  que organiza la vida cotidiana, esa vida cotidiana que Josefina nos describe con  tanta claridad porque está pensando y están presentes las desigualdades, la explotación, y en definitiva esa plusvalía que se realiza cada día y a cada minuto y que engrosa los bolsillos de unos pocos a costa de la explotación y del hambre de muchos. Esto está presente en este libro sin necesidad de expresar que está analizando en términos  de producción capitalista. Y esto me parece de mucho valor.

Digo también que no hay escisiones en la vida de Josefina, es la mujer que comparte las fiestas, la música, las empanadas, el vino con la gente de los valles pero que a la vez de deja atravesar por los sinsabores, los desengaños, las luchas, los dolores, las pérdidas, y el recuerdo de los seres que ya no están.

Conmueve la manera en que Josefina nos va adentrando en las prácticas y representaciones de Doña Rosa, en esa vida cotidiana de Doña Rosa. Y entiendo que en esas prácticas y representaciones que son las de muchas Doña Rosa hay un oponerse constante a esa lógica capitalista que presiona  brutalmente para que seamos de otra manera. Así la vemos a Doña Rosa queriendo las piedras, no queriendo irse del lugar a pesar de los ofrecimientos en dinero o en favores, porque esa es su tierra, es su lugar, allí están sus antepasados, esa es la vida.

Tamagno finalmente planteó una reflexión como antropóloga y preocupada por las cuestiones que hacen a la definición de lo colectivo comunitario.

 

Josefina Racedo afirmó que: Dicen que felicidad son momentos que uno tiene a lo largo de la vida de vez en cuando, este es un cuando, hermoso por varias razones. Aunque Doña Rosa no esté aquí, está con sus 86 años sabiendo que estamos con la esperanza de que cuando presentemos en Tucumán el libro sí va a poder bajar hasta allá. La felicidad que tengo además, es una satisfacción desde el punto de vista intelectual, porque estamos en la Feria del Libro, y no siempre podemos estar otros como nosotros, en el sentido de se r pares todos los que están.

La satisfacción tiene que ver también porque Ediciones Cinco, que publicó la primera edición y ésta ha sobrevivido 30 años. Esta editorial se ha preocupado no por los betseller sino por contribuir a difundir lo que otros no se animan, que es la de mantener una línea de desarrollo intelectual desde la práctica, para volver a la práctica a través de textos. Y otra es que dos amigas estén después de 30 años también. Creo que esta es la construcción de la que hablaba Ana acerca de la vida de uno: existimos los que compartiendo con otros y seguimos. Siempre pienso en las memorias que se han transmitido silenciosamente, con el cuidado de que la que la reciba de las ancianas no va a distorsionar el cómo fue. Estoy pensando en una amiga que se nos fue, Aimé Paine.

Muchas han sido las situaciones que me han llevado allá lejos comenzar, después de conversar con Doña Rosa  3, 4 años, elegir que las conversaciones iban a tener que ver con poder escribir, registrar, grabar y convertir eso en una cosa que se llama libro.

Parte de esta felicidad es que muchos de los que están acá, han formado parte significativa de esta tarea. Por ejemplo, frente a mí está Otto Vargas, que ha tenido una paciencia enorme en aquellos años de mis investigaciones. Yo era una joven muy inquieta, que volvía de mi trabajo de dos, tres meses, y lo buscaba a él para que me escuche. Me escuchaba y me opinaba de lo que estaba conociendo, y le agradezco hoy. Nunca le dije pero me orientó mucho en no desperdiciar esos pocos tiempos que yo tenía de andar por allá y volver.

Y en otro pedazo de la realidad está presente también Ana Candioti. Fue Ana la que asumió también un desafío de que se podía traer a las grandes ciudades la realidad de las “Doña Rosa”.

Agradezco también a Doña Roberta Pajón y a Casilda Chazarreta, que se han venido desde su Santiago del Estero …, ambas quichuistas, también compañeras de las partes lindas y de las otras.

Desde hace 40 años un puntal para mí y para muchos otros, que hace realidad lo que decía Liliana mientras hablaba, se me representaba tu figura Rosita. Insistidora, solidaria y de las que nunca esperan una devolución …  Agradezco su presencia.

Entrando al libro, la primera edición tiene dos partes, una la transcripción textual, con total respeto a la manera de hablar de nosotros. Doña Rosa habla de una parte del país, es cierto, yo no voy a decir que en la voz de Doña Rosa hablan las miles de mujeres silenciadas, o sí? Pero en Doña Rosa hay historia y se reflejan quizá más de miles, del norte y del sur.

La región por la que Doña Rosa habla la conozco. Y acá viene lo del método. Una antropóloga me preguntaba dónde está el método con el que yo trabajo. Y le dije “compre el libro de Doña Rosa, ahí está”, “acá hay entrevistas” me dijo. “Ahí se ha hecho el método, hablaba con Doña Rosa, conversaba aquí, leía textos”. Están todos los elementos, lo importante es si uno cuando trabaja conoce qué está haciendo, como les digo a los alumnos uno tiene que conocer el problema, como decía Mao, para poder resolver.

Uno va a escribir mejor si conoce dónde va a escribir. Ese es el trabajo más importante para alguien que está haciendo investigación. Lo que uno vive nunca lo puede poner totalmente afuera, pero hace un esfuerzo. Uno sabe que muchas veces una parte no se puede contar, grabar, no se puede fotografiar por respeto, por pudores, porque uno está siendo receptora de historias que tampoco la persona con la que uno conversa por la situación que está viviendo está preparada o decidió que va  a hacerlo.  Pero a veces uno se ilumina, y lo que surge ni siquiera está previsto. Sin embargo hay un momento en que ese entretejido interno, mundo interno con el mundo externo, desde ahí se organiza y uno no sabe por qué lo encuentra, lo dice o lo escribe. No es todo el azar, veré qué pasa mañana. Se necesita un otro, un nosotros, que le confirme que no está tan errado.

Nos hace falta unirnos y reunirnos. Fíjense que las comunidades indígenas están en todos lados. Pero casi siempre estábamos en las fronteras. Los campesinos también indígenas en pequeñas parcelas produciendo, trabajando todos los años. Los que se han tenido que venir van a parar a las villas y donde se produce, en las afueras de La Plata. ¿Los obreros donde están, de dónde vinieron?

Hacer cierto esto de que somos la mayoría, que los hijos y descendientes que siguieron y siguen viniendo tienen distintos orígenes, nutriendo a lo que es Argentina, ¿no les parece que eso es lo que hay que reunir? No atar. Unirnos para liberarnos de una vez por todas. Si decimos que tenemos que generar esa Segunda y definitiva independencia tenemos que pensar en esto, dónde estamos cada uno, con quienes estamos y donde están los más cercanos para hacer esta tarea que es transformar la realidad en los distintos sentidos. Nosotros la transformamos desde la cultura, y otros desde la política, y otros desde las fábricas, etc.

 Ella nunca dejó de luchar en estos 30 años, todo lo contrario, impulsó, orientó, siguió la lucha de los más jóvenes para organizar la comunidad indígena y con su mirada lúcida y sabia les dice hoy que no claudiquen porque conoce que la lucha es larga.

Para finalizar, recordaré esa frase que me impactó mucho en esta visita que hice el año pasado en su casa, allá en Talapazo: “Mi pensamiento de siempre ha sido: ¡muerta y no vencida! ¡En mi tierra, que me maten, pero que me entierren aquí!

Edicion: 
Noticias 2017